EL NACIMIENTO DEL LIBRO
Cuando ocurrió el confinamiento por mor de la luctuosa
pandemia: Nos encontramos con una situación que nos tenía postergados en casa,
y dentro de este confinamiento, la gente comenzó a extraer cosas positivas, a
sacar lo mejor de cada uno, entre ellas, darnos la grata oportunidad de leer, como forma de darle una salida constructiva a
nuestro paro forzoso, y sobre todo darle
una oportunidad al libro, sí, a esos
libros que tenemos en nuestros muebles, que alguna vez hemos querido disponer
de tiempo para poder leerlos, que nos han hablado de alguno de ellos, o lo han
recomendado, en definitiva tomar ese hábito que, nos hará sentir más relajados,
más entretenidos, más comunicativos, más informados incluso más humanos.
En su homenaje me he
permitido hacer un poco de historia y de ilustración de su nacimiento:
En la antigüedad, cuando aún no había una fabricación formal
del papel, se empleaba el liber para escribir, implicando el soporte de
escritura más empleado por las civilizaciones antiguas antes del siglo IV A. C., aproximadamente, así es
que no es una casualidad la denominación escogida. Esta situación es
ciertamente habitual cuando se indaga en los orígenes de los términos,
encontrándonos muchas veces con el hecho que las definiciones de las palabras
guardan huellas de la historia de las culturas. De acuerdo a lo que estableció
la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, y la Cultura
(UNESCO), un libro para ser considerado
como tal debe tener al menos 49 páginas. Este elemento es por excelencia una
fuente de conocimientos, de saber, un medio que transmite comunicación, y que
preserva información relevante.
Es, sin duda en la educación formal y en el interés
autodidacta que muchas personas manifiestan que el libro ostenta una relevancia
especial, porque ayuda a formar a los alumnos en las diferentes materias de
estudio, es decir, complementa la enseñanza de los maestros en el aula. Y por
otra parte resulta ser un elemento de lectura clásico que apasiona a aquellos
amantes de la actividad de la lectura.
En la Edad Antigua, donde destacaron muchas civilizaciones
que dejaron una marca y una influencia notable e imborrable en la creación y
promoción de cultura, los hombres, ante la falta del papel debieron usar como
soporte de la escritura diferentes materiales, que aunque con algunas
dificultades permitieron lograr el objetivo: arcilla, hueso de marfil, papiro, pergaminos, entre otros. Fueron
los egipcios, una de las civilizaciones más esplendorosas y adelantadas de la
antigüedad la que creó el famoso papiro y lo extendió por toda Europa,
convirtiéndolo además en un elemento distintivo de su cultura. Ya en nuestra
era, el códice, un formato en donde las hojas que componen el documento estaban
cocidas, mejoró la presentación. Ahora
bien, la revolución y la expansión impresionante del libro se produjo con el
advenimiento de la imprenta hacia finales del siglo XV y que obviamente generó
de inmediato el florecimiento de una industria que además estuvo ligada al
nacimiento de diversos procesos intelectuales y artísticos (Renacimiento,
Ilustración) en el cual los libros ocuparon el rol central de transmisores de
cultura y de difusión de tales sucesos históricos.
Para el siglo XVIII el libro se convirtió en un bien
preciado para las minorías ilustradas de la sociedad. Disponer en estos
sectores de una abultada y prestigiosa biblioteca era sinónimo de estatus
cultural.
Finalmente, con el crecimiento de la alfabetización, el libro, se erigió en un elemento de fácil acceso para los sectores más bajos de la sociedad que buscaban y encontraban en él conocimientos para mejorar económicamente gracias a la posibilidad de ilustración que les ofrecían. Si bien hay muchas personas que a pesar de las nuevas propuestas en materia de soportes para los libros siguen eligiendo el formato tradicional, porque consideran que no hay nada comparable con leer en papel, hay otras personas que se encuentran más cómodas leyendo a través de opciones asociadas a la tecnología, como el libro electrónico, e incluso, los espacios tradicionales donde se los almacena, como las bibliotecas, también ofrecen alternativas digitales.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog
taurinerias.

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