ESPAÑA EN SU LABERINTO
“Todo comenzó hace casi cincuenta años. Acabada la pesadilla
de la dictadura, España pensó que los monstruos habían desaparecido y que el
paisaje ya no volvería a ser aterrador, pero, en lugar de despertar, continuó
durmiendo y contemplando la vida a través de las legañas. El sueño,
ahora más placentero, permitía percibir una libertad secuestrada durante cincuenta
años y unos bolsillos más llenos que durante la posguerra. De este
sueño agradable, España se negó a despertar por voluntad propia y ajena.
Tras más de una década Constitución, elecciones, amagos de
golpe de estado, estatutos de autonomía, movida y mucho consumo de tranquimazín consumista, aparecieron las grandes burbujas de la Expo 92 y de las Olimpiadas de
Barcelona con el parásito de la corrupción adosado. España se
llenó de autovías, de aves, de villas olímpicas y de oropeles varios aptos para
maquillar su pobreza con la ilusión y la esperanza de que el espejo no
reflejase el ceniciento país que era.
El sueño de novísima riqueza que invadió a sus habitantes
les hizo sentirse personas libres y dueñas de comprar sus destinos, aunque
fuese a plazos. Se fortaleció el individualismo, el consumismo se hizo
compulsivo, la corrupción se apoderó de la ética en la vida pública y en la
privada y se disparó el consumo de coches, viviendas, productos
accesorios y barbitúricos para mantener el sueño a cualquier precio. España
ya era un país moderno poblado por gentes antiguas que creían haber alcanzado
su propio sueño americano.
España, desde los años 90 ha sido un país excitado por los
chispazos del sueño y la ilusión del no retorno como canción de cuna entonada
por políticos, vendedores y financieros. A finales de los 90 se hinchó
la burbuja tecnológica en el mundo y España no iba a ser menos debido
a la adicción a las burbujas que ya manifestaba sus síntomas estructurales en
una población civil, empresarial, financiera y política reticente a despertar.
Las puntocom cotizaron en la bolsa y en la vida muy por encima
de sus posibilidades, a pesar de lo cual se consumieron nuevas tecnologías a manos
llenas.
El campanazo de la burbuja europeísta nos pilló en plena
euforia onírica cuando las campanadas de nochevieja dieron paso nada
menos que a un nuevo milenio y a una nueva moneda. España, ahora, había
desterrado para siempre el carro tirado por bueyes y se había subido a la nave
futurista de la Unión Europea construida con el euro como materia prima
y casi única; la moneda única la hizo soñar con una riqueza y un poder
adquisitivo redondeado al alza especulativa superior a sus posibilidades; y la
ciudadanía europea recién adquirida tenía estampado el “tercera clase” al final
de la letra pequeña que casi nadie lee. A pesar de todo, nadie se
preocupó de poner en hora el despertador y España siguió durmiendo.
Y llegó la burbuja especulativa que la banca y las
finanzas inflaron a nivel mundial en torno al ladrillo. Aznar, muy
moderno él, liberalizó todo el suelo patrio como su aportación neoliberal a la
global estafa que se estaba pergeñando en las altas esferas globales que
diseñan el destino del mundo. Zapatero, presidente casual y navegador a favor
de cualquier corriente, no se atrevió a pinchar esta burbuja por temor a que lo
corrieran a gorrazos sus votantes y
sus patrocinadores extraparlamentarios. El pinchazo de varios bancos
americanos, con mención especial al de Luis De Guindos, trajo el derrumbe de
todas las construcciones realizadas con naipes hipotecarios en lugar de
ladrillos. Y aquí está España, con la última burbuja desinflada y
despertada de su sueño.
Ahora, recién despertado bruscamente, el país contempla
la realidad al pie de la cama sin comprender exactamente qué ha pasado,
preguntándose dónde está y dudando de la imagen desmaquillada que atisba en el
espejo cuando se mira. Y observa que, la nueva burbuja lúdico-mafiosa
que sustituye el tranquimazin y otros
barbitúricos por juego, dinero, sexo, drogas y trabajo sin derechos y casi sin
sueldo… Y en estas estábamos, cuando apareció el “bicho” asesino, que nos pillo
en pañales, nos descubrió el estado de hospitales y residencias para ancianos, la
muerte por miles de personas se sucedía, otros se enriquecieron, de los
políticos y su responsabilidad, ustedes los recordaran, se abstuvieron…
vergüenza. -
La burbuja española se reinventa y vuelve con nuevos gases
nocivos. Hasta que alguien la reviente por las buenas o por las malas. No
cabe una burbuja más en las entrañas de un país que necesita soltar aire fétido
y putrefacto con urgencia, como el resto de Europa.
España Necesita recuperar su genuino sabor sin burbujas, pero para ello debe despertar y expulsar del cuerpo a quienes le inyectan en vena el dióxido de carbono del consumo y los espejismos especuladores, con poco dinero en los bolsillos, y a punto de perder los derechos que a duras penas vamos conquistando” … Y, aquí lo dejo.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

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