DE LA CUESTIÓN CRÍTICA
A nadie se le oculta
que la conciencia crítica pasa actualmente por un mal momento. Es verdad que
son malos tiempos para la crítica, pero también porque muchas veces no se ha
hecho bien, con escasa observación y demasiada seguridad. El peor enemigo de la
crítica es la crítica mal realizada. El descredito de la tradicional figura
de los intelectuales ha contribuido decisivamente a que disminuya el ejercicio
de la crítica razonada. Pero también corren malos tiempos para la crítica, como
para cualquier otra forma de negatividad teórica o practica – trasgresión,
revolución, desenmascaramiento, revelación, protesta etc., donde lo negativo ha
sido culturalmente despotenciado. Puede que la crisis de la crítica no se deba
a su escasez, sino a su presencia irrelevante y que su generalización termine
por neutralizarla.
Todo esto nos obliga a pensar el modo de concebir y ejercer
la crítica para que sea culturalmente efectiva, para que no se reduzca a una
agitación sin consecuencias ni termine devorada por los debates establecidos.
¿Resulta posible todavía decir que no?
Otras épocas han tenido la gran suerte de contar con la
posibilidad de participar en la lucha por sacar a la luz lo escondido, combatir
la doble moral o la hipocresía desde la lógica revolucionaria, era posible criticar
o/y desenmascarar; con mayor o menor fortuna. Hoy, en cambio, las opiniones
críticas y las conductas asociadas, resultan algo normal, pues, ni revelan algo
oculto, ni provocan o alteran. Es tremendamente difícil ser crítico, cuando
todo el mundo quiere- es, precisamente, crítico, o sea ser creativo, distinto y
original.
Los sistemas se hacen inmunes frente a la crítica asumiéndola.
No hay nada mejor para neutralizar una rebelión desde el poder que ponerse de
su parte. Quien se manifieste contra alguien ha de contar hoy con que los
destinatarios de la protesta van a declararse solidarios con ella. Nuestra
sociedad le debe su flexibilidad a los críticos, que ya no ponen nada en peligro; uno puede encontrase con personas que hablan
en medios de comunicación, contra los
medios de comunicación, rutinas que se presentan como rupturas de la tradición,
protestas que únicamente satisfacen el gozo de la indignación.
La crítica social, - casi todas las criticas- están
subvencionadas por instituciones que deberían temblar ante la crítica. Todos
estos fenómenos tienen la misma estructura: la negación del sistema es
introducida en el mismo sistema, que de este modo se hace inatacable. La discusión pública o mediática, aunque
en ocasiones resulte tan virulenta, suele discurrir dentro de un marco que
apenas discute. Los ejes están trazados de antemano y se acepta de una manera
tan poco crítica como los conceptos de uso corriente, en muchos casos la
teatralidad puede resultar hasta un vodevil
de mala calidad. La opinión publica centra su atención en asuntos políticos
que poco tiene que ver con una “contradicción”; temas banales, agitación
superficial, oposición ritualizada. Es escasa aquella forma de crítica que
examina las premisas públicamente aceptadas a partir de las cuales se describen
los problemas… Decir lo que no se puede
decir, alude al combate contra las dificultades que la realidad plantea a
causa de su esquiva objetividad: lo que no se deja decir, lo difícil, lo
inexplicable, lo oculto, lo misterioso, lo confuso, lo invisible cuestiones
inaccesibles a la realidad critica por el conjunto de disposiciones que las
condicionan. En este caso, lo que no se
puede decir es lo incorrecto, lo prohibido, lo inconveniente, lo que
incomoda, lo reprimido. Por todas estas circunstancias, la crítica resulta hoy
tan exigente como difícil de realizar. Su eficacia critica tiene poco que ver
con la radicalidad de sus formulaciones y mucho menos con el convencimiento por
parte de quien la fórmula de estar poniendo en apuros al sistema criticado. Todo
ello en unos momentos en que políticamente la solución de los problemas, pasa
por el convencimiento de que no hay problemas.
La buena crítica explica un estado cuestionable de nuestra forma de vida. A esas advertencias les debemos las confrontaciones que agitan nuestro paisaje social y político… (Fin de la crítica… tu…).
Fermín
González Salamancartvaldia.es
blog taurinerias
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