GUERRA Y EXODO
¿Quién no ha sentido alguna vez el deseo de huir, de
escapar? En el momento presente, por ejemplo, huir de la pandemia, del trabajo,
de ciertas rutinas, de una vida agotadora, de la mediocridad que nos rodea, de
la estupidez, de la injusticia, del mirar hacia otro lado, de un ruido que no
cesa y que se propaga por los teléfonos móviles y las pantallas, de Ias macabradas políticas, y ahora para colmo entrar en la desesperanza, de una nueva
guerra otras más de las muchas abiertas por el mundo, pero esta vez aún más
cerca, una cruenta guerra para asediar a otro país indudablemente más débil,
que tratara de resistir numantinamente por la defensa de sus libertades, de su
autonomía, de sus formas de vida, de su orgullo y soberanía, de no estar bajo
la bota de ningún “salvador”, de ningún emperador y de ningún tirano poderoso,
que impone la fuerza, la invasión, la muerte y el severo castigo para imponer
sus razones, sus argumentos, y su alarde de fuerza para doblegar a su vecino,
que no quiere saber de él, ni de su imperialismo, y formas de vida para su
pueblo.
Ucrania, después de la separación de las repúblicas
soviéticas, busca ser europea, se acerca a las democracias, que incluso con sus
derivas y peligros imperan en Europa. Sus habitantes hace tiempo renegaron
de vivir bajo la condena comunista, menos aún bajo la tutela de este rubio de
mirada guerrera y cruel que atiende por Putin que, ya ha perdido esta guerra,
aunque estuviera provisto de razones estratégicas, su ardor guerrero, su amenazante
poderío en maquinaria militar como portador de armamento superior nuclear; ya
ha perdido, ante sus ciudadanos, ante el mundo y ante su conciencia, una
conciencia negra como la de un cuervo. Lo cierto es, que debe vivir en su
interior una vida tormentosa, cuando cada día vea sobre el terreno la
desolación, el miedo, la tragedia y la muerte. Donde también muchos de los
suyos quedaran por el camino, regaran con su sangre posiblemente joven, la
estupidez, que tan solo será superada, por el peso de sus misiles, sus tanques,
y la panza de sus aviones vomitando terror.
¿Y, que pasara mañana, cuando usted entre victorioso con su
armadura subido en su blindado?
¿Qué cree Putin que se va a encontrar? ¿Ya conquisto la
tierra, desterró, humillo y líquido a los jefes militares y deshizo el gobierno
que Ucrania había elegido? Sí: lo ha ganado todo, en la desigual lucha, y
dejando un reguero de muertos, de unos y de otros… Lo ha ganado todo, menos el
respeto, de todos ellos, todos le miraran con miedo, y además habrá creado un
mundo de odio, a su alrededor, y fuera de sus fronteras mas odio, y
posiblemente hasta en su propia familia, cuando se sacuda el miedo, y tan solo
tenga que ser un recuerdo. Se le recordara con odio… cuando termine de dar el
último mitin, despedir a los muertos
y mirar a la cara de sus familias. Si es que, en esos momentos tiene los reaños
y el valor de hacerlo, porque, hasta ahora, lo que ha hecho es ocultarlos, o
quemarlos en el camino, para no tener que hacer balance ante la sociedad rusa,
del coste humano que supone la invasión. Una sociedad, un pueblo ruso, que no
se ha enterado bien, o no quiere enterarse, de las atrocidades que se van a
cometer, y están sucediendo ante sus ojos, que son sus propios hijos vestidos
de uniforme, aquellos que sin duda van a caer también. Pero me temo que, aunque
no quieran, se van a enterar, van a quedar perplejos y angustiados, ante una
sociedad que los rechaza, les da la espalda, les odia.
No tardara mucho en levantarse el pueblo en su contra, me
temo que va a salir a pedir ayuda, para acabar con el imperialismo, las oligarquías
y los aires de grandeza y conquistas de un Putin que: me temo que todo ese
potencial nuclear y económico que sostiene, y que no disimula en ostentar, lo
va a necesitar para escapar de ese linchamiento que se avecina, en cuanto el
miedo, el temor y la angustia que imprime a su nación sea superada… De no ser
así, si este conflicto tiene continuación, le sucedería. ¿Otra guerra?.
Luego, - como digo al principio: está ese territorio en el que nos refugiaríamos y nos aislaríamos del mundo, tal vez para encontrarnos de nuevo, para mirarnos al espejo y reconocernos.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerias

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