ENTRE PUENTES
NECESIDAD DE LIDERAZGO
Es tan fácil protestar, quejarse, criticar, juzgar y
lamentarse que todos sabemos cómo hacerlo. Basta con adoptar el rol de víctima
y creer que el mundo es un lugar injusto, en el que la culpa de nuestros
conflictos y sufrimientos la tienen los demás. Pero esa actitud es ineficiente.
No en vano existe una ley en psicología que afirma “que lo externo es siempre un
reflejo de lo interno, pues lo que se observa es en realidad una proyección del
observador”.
Lo reconozcamos o no, somos corresponsables de que la
economía sobre la que se asienta nuestra existencia sea tal y como es. De
hecho, con nuestra manera de ganar, gastar, de invertir y de ahorrar dinero
apoyamos y validamos el capitalismo cada día. No es la tierra lo que pisamos,
sino un sistema monetario, donde por medio del capital las naciones y los seres
humanos estamos interconectados. Con respecto a las empresas, si no fuera por ellas
no habría empleo. Y sin este, careceríamos de ingresos con los que cubrir
nuestras necesidades básicas. Más allá de cuales sean nuestras circunstancias
sociales y económicas, fichamos cada día
en el trabajo por elección propia. Además, mediante el consumo diario de
productos y servicios permitimos la subsistencia de miles de compañías. Es
cierto que vivimos condicionados por la publicidad y el marketing, pero nadie
nos exige a punta de pistola que saciemos nuestros caprichos y deseos.
Y en cuanto a nuestras relaciones laborales, solemos
quejarnos del trato recibido del jefe y los compañeros de trabajo. El
egocentrismo nos lleva a victimarnos cuando estos nos presionan y nos faltan el
respeto. Pero ¿no es cierto que en ocasiones tratemos a otras personas de la
misma manera? Lo curioso es que cuando
esto ocurre siempre encontramos una razón que lo justifique. Al vivir con
prisas vertiginosas y de forma inconsciente en demasiadas ocasiones no nos
damos cuenta de que “vemos la paja en el ojo ajeno, sin reparar la viga en el
nuestro”. Eso sí, al observar el actual escenario socioeconómico, todos estamos
de acuerdo en un mismo punto. La mayoría nos lamentamos por la falta de líderes, por la ausencia de referentes
y, sobretodo, por la decadencia de valores que padece ahora mismo la sociedad.
Esta percepción generalizada pone de manifiesto que estamos en contra de muchas
cosas, ¿pero a favor de qué nos posicionamos? Y tal vez más importante: ¿Quién
asume la responsabilidad el cambio que quiere ver el mundo? Ni más ni menos que
un líder. Es decir cualquier ser
humano que ha descubierto que para cambiar el mundo hemos de comenzar
mirándonos al espejo.
Más que nada porque el cambio de mentalidad de la mayoría de
los individuos es lo que promueve la transformación de las empresas y del
sistema. La esencia del liderazgo radica
en esa toma de conciencia. A partir de ahí comienza un proceso de
aprendizaje y evolución personal, que pasa por responder a través de la propia
experiencia las tres grades preguntas existenciales. ¿De dónde venimos?
¿Quiénes somos? Y ¿Hacia dónde vamos?.
La primera alude a la necesidad de cuestionar el
condicionamiento sociocomercial que nos ha sido impuesto. Es decir, indagar
acerca de la veracidad o falsedad de las ideas, normas y dogmas que forman
parte de nuestro sistema de creencias para saber cómo estamos funcionando. El
malestar, la insatisfacción, el vacío existencial y el sufrimiento son los indicadores más
fiables de que nuestro sistema de creencias está contaminado por ideas falsas. Cuando maduramos con la edad, en ese punto
de autoconocimiento y desarrollo personal, cuya finalidad es conectar con
nuestra verdadera esencia, con los valores que tal vez hemos marginado.
Al aprender a liderarnos a nosotros mismos, estamos
preparados para liderar a los demás. Por eso los auténticos líderes terminan comprometiéndose y
descubriéndonos su propósito en la vida. Y es que el sentido de nuestra
existencia no sólo alude a la manera en la que nos “sentimos”, sino también a la “dirección”
que decidimos darle. Así, no es
casual discernir que los verdaderos líderes siempre dedican sus vidas al
servicio de los demás, impulsando proyectos que realmente beneficien a la
sociedad. –O eso creo yo… vamos-
Fermín
González.- Salamancartvaldia.es
blog taurinerías
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