ENTRE PUENTES
LOS PARTIDOS, CADA VEZ MÁS DÉBILES
Y LA
DEMOCRACIA CADA VEZ MÁS POBRE. (I)
La falta de identificación entre el partido como institución
y sus afiliados y votantes. -La era de los partidos ha pasado-. Aunque los partidos permanecen, se han desconectado
hasta tal punto de la sociedad en general y están empeñados en una clase de
competición que es tan carente de significado, que ya no parecen capaces de ser
el soporte de la democracia en su forma presente. El interés de tal
afirmación es, pues, sin duda, doble: por un lado, porque los partidos, siguen
ahí, no se han extinguido, lo que distancia las tesis de los apocalípticos que
anuncian hoy o han anunciado en el pasado el final de los partidos y su
progresiva sustitución por los llamados nuevos movimientos sociales (feminismo,
pacifismo, ecologismo) o por otro tipo de organizaciones o desorganizaciones,
desde los nuevos populismos europeos de extrema derecha o extrema izquierda
hasta la experiencia de antipartidos telemáticos, como es el caso del
denominado Movimiento Cinco Estrellas,
fundado por el cómico italiano Grillo; y porque, por el otro, en
directa relación con esa constatación fundamental, esas organizaciones
partidistas, pese a no haber desaparecido como estructuras de agregación de los
intereses colectivos, se han desconectado de la sociedad de una forma
extremadamente grave y peligrosa, lo que es otra forma de decir, que se separan
poco a poco de las clases (grupos sociales) a que los propios partidos
representaron en su día. Es decir, no es
que los partidos estén en trance de desaparecer sustituidos por otros sujetos
colectivos, sino que tanto aquellos como las democracias en que compiten por
los votos han experimentado cambios de tal envergadura que su papel tradicional
ha pasado a ser sencillamente irreconocible:
- Los partidos están fracasando porque la zona de
interacción, el mundo tradicional de la democracia de partidos, en el que los
ciudadanos interactuaban con sus líderes políticos y se sentían vinculados a
ellos; se está vaciando-, lo que da por resultado un proceso de banalización
del gobierno democrático. Con prudencia-
algunos analistas aluden-, “que hay deficiencias de los partidos, la democracia
tiende a adaptarse a esas deficiencias y se autogenera un impulso en virtud del
cual los partidos se vuelven cada vez más débiles y la democracia cada vez más
pobre”.
En primer lugar, los partidos “son cada vez más incapaces de atraer a los ciudadanos de a pie, que
participan en menor número que nunca en las convocatorias electorales;
además, su apoyo a los partidos cada vez es menos consistente y muestran una
renuencia creciente a comprometerse con los mismos, ya sea afiliándose o
identificándose con ellos”. En suma “los
ciudadanos están retirándose de la participación política convencional”,
(la caída de las tasas de participación electoral; la pérdida sustancial de la
lealtad de voto, es decir, la llamada volatilidad electoral; la reducción de la
afiliación a los partidos y la disminución de la simpatía social hacia las
organizaciones políticas),porque los partidos ya no constituyen una base
adecuada para las actividades y el estatus de sus líderes, que cada vez más
dirigen sus ambiciones a instituciones públicas externas, de las que extraen
sus recursos, de otro lado, las consecuencia derivadas de la propia
pérdida de cohesión social por parte de los electorados a que los partidos
tradicionales dirigían sus ofertas: desaparecidos los electorados de clase
socialmente cohesionados y, por tanto, políticamente fieles, los partidos habrían
iniciado un camino hacia la intercambiabilidad de sus ofertas que habría
acabado por generar una profunda desconfianza en ellos, en sus promesas y en una capacidad de gestión cuya autonomía estaría,
además, muy disminuida debido a los efectos de la globalización. Ambas
circunstancias, no sólo habrían acabo por debilitar a los partidos –debilidad
que se expresa en la retirada ciudadana de la participación activa y, el
desinterés por la vida política convencional–, sino dado lugar, por añadidura,
a una brecha cada vez mayor entre gobernantes y gobernados, origen, a su vez,
del -desafío populista, con frecuencia estridente, que ya se pone de manifiesto
en muchas democracias europeas avanzadas-.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

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