GRANDEZA PARA
LA RETIRADA - O MORIR DE ÉXITO
- Se ha dicho, y no sé con qué razón; que todo el mundo
tiene sus quince minutos de gloria-. Mozart
deslumbraba ya a los cinco años, mientras que Vicente van Gogh murió sin saborear las mieles del éxito de sus
pinturas y menos aún de los millones que hoy se llegan a pagar por ellas. A John Lennon lo asesinaron, Michael Jackson y Presley
desaparecieron por sobredosis de éxito y da
Vinci sigue en boca de todos como maestro de la creatividad, solo resaltar
algunos ejemplos de la inacabable lista.
Llegar a triunfar, tener un éxito reconocido por los demás,
es tarea nada fácil, si dejamos atrás la legión de freakes que merodean y alimentan muchos programas televisivos. Se
puede decir que llegar al éxito cuesta, aunque lo verdaderamente difícil es,
mantenerse en él, aún más complejo sobrevivirlo. Los ejemplos citados nos dan
cuenta al menos de dos condiciones para alcanzar la gloria eterna: un talento sin igual irrepetible, o morir
justo en la cima; y si las dos variantes se dan a la vez, entonces se
alcanza la categoría de mito. Por el
contrario, la inevitable decadencia de lo que algún día se fue, permite
contemplar la efímera y fugaz ilusión de convertirse en lluvia de estrellas, y
arremete contra cualquier intento de pretender alzarse divinamente entre el resto
de los mortales. -Algo así escribía servidor tiempo atrás-, haciendo referencia
al tema taurino, sobre la (grandeza de la retirada).
¿Se han fijado en como lloran los que abandonan la práctica
del deporte u otra especialidad, sea por edad, lesiones o sentir que ha llegado
su hora? ¿Nos les apena ver artistas contando miserias para seguir teniendo un
hueco en el aparador de la tele? ¿Y esos políticos que ya no lo son, provocando
titulares para que se siga hablando de ellos? Una vez que se ha saboreado las
mieles del poder, del éxito social o se ha gozado de cierto reconocimiento o
afecto que produce ser un personaje popular, cuesta horrores renunciar a todo
ello, diluirse en el anonimato y tener una vida discreta y rutinaria. Más alla
del exito hay vida, sin embrago hay que aprender a vivir en ella, deshacerse
del personaje e irse desapegando de la obsesión por el triunfo personal. Y la
primera dificultad para las personas que gozaron de ventajas y privilegios,
consiste en saber “Cuando deben abandonar el escenario”. Pues por unas u otras
causas, coyunturas, modas o por el paso del tiempo se esfuma la
magia que a uno le encumbro al “Cajón”, es
el momento de saber hacer mutis por el foro, y hacerlo con elegancia, gratitud
y aceptación. Hay que saber armonizar tanto las apariciones como las desapariciones,
hacer sin duda un ejercicio de humildad
y de sabiduría a la vez… Debe ser por eso por lo que cuesta tanto…
Vivimos tiempos de exaltación del triunfo personal y
colectivo. Llega a ser apetecible convertirse en alguien conocido y reconocido,
pero esta exaltación conlleva un alto peaje: la creación y encumbramiento del personaje,
uno acaba creyéndose ese rol social, se apega a él, lo explota y, por
desgracia, lo puede pervertir hasta prostituirlo. Es la esclavitud del
personaje, al que siempre se recurre cuando uno anida en vacío, cunado necesita
que le quieran un poco o cuando mendiga la atención de los demás. Por eso es de admirar a aquellos que saben
retirarse, definir el éxito siempre es incómodo, ya que no vale lo mismo para todos,
siendo además muy contextual, es decir, dependiente de la cultura y del momento
en el que se evalué lo que es, o no exitoso. Abandonar la pretensión de vivir
para triunfar es algo que se debería enseñar en las escuelas, aún más en las de
negocios y de las artes.
El éxito es conducirse a uno mismo, el resto son
derivaciones consecuencia del desarrollo de las capacidades de cada cual, los
dones son regalos de la vida que no son para uno, sino para los demás, es lo
que confunde a tanta gente que pasa media vida en la ensoñación de triunfar. Quizá
nos falte sabiduría y menos candidatos al éxito que luego malviven de aquella
gloria que un día retuvieron. Se puede
sobrevivir al éxito si se deja atrás, para construir el ahora y el aquí en el
que seguir siendo por encima de todo persona.
¡Vamos digo yo!
Fermín
González Salamancartvaldia.es blog
taurinerías


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