ENTRE PUENTES
VIOLENCIA: ¿DONDE
EMPEZÓ TODO? (II)
En las escuelas, son escasas las que cuentan con profesionales de la Salud que puedan
prevenir, detectar, orientar a la Comunidad Educativa (docentes, padres,
alumnos), no sólo acerca de estos terribles incidentes sino acerca de muchos
otros, que sin ser de tal magnitud se naturalizan como pequeñas violencias
cotidianas, novatadas, abusos etc. De este modo, por falta de políticas de
educación y de políticas en salud escolar, el Estado está ausente.
Hay en la infancia un sentimiento de desvalimiento que da
lugar a la más profunda de las angustias: se trata de la sensación de falta de-auxilio, de falta ayuda, de sentir
que el otro del cual dependen los cuidados básicos no responden a la llamada,
dejando al ser sometido, no solo al
terror sino también a la desolación profunda de no ser oído. A tal punto es así
que puede devenir un marasmo, un dejarse
morir por desesperanza, por abandono de toda perspectiva de reencuentro con el
objeto de auxilio.
Podemos todos en coincidir, que efectivamente , hace falta
en el sistema educativo fórmulas que impliquen en seguridad y la ayuda que puedan ser de amparo y necesidad las funciones mínimas, para cuidar, escuchar, proveer, orientar,
auxiliar a nuestros niños y jóvenes, implicándose padres y Estado en la cusa de
los adolescentes, a los que les aguarda un gran trayecto antes de entrar en la
vida adulta, de asumir responsabilidades de ciudadano y participar de alguna
manera del futuro de su sociedad. Para llegar hasta la otra orilla (la de los adultos) tendrán que sufrir cierto
número de pruebas, franquear obstáculos, resolver crisis originadas en su
interioridad o en las presiones del medio. Según su propia sensibilidad, su
fragilidad o su nueva fuerza, se encontrarán con más o menos dificultades para
salvar este pasó…Con qué los espera nuestra sociedad, con qué acompañan los
adultos este cenagoso tránsito.
En los años que llevamos de democracia, el abandono del
Estado de sus responsabilidades educativas fue acompañado de la politización e ideología, la
misma ley de educación han pasado por
sucesivos “viacrucis” se ha
venido cambiando según quien ocupaba la poltrona del gobierno, pasando por
procesos de aprendizaje a mansalva, sin llegar nunca a un acuerdo tan
fundamental para el país, para sus ciudadanos, sus jóvenes escolares y
universitarios suscitando dudas en la
formación y transformación de la infancia en un estadio indefinido.
Profesores y sistemas quedaban al pairo cada cambio de gobierno , donde el
fracaso escolar se hacía notar tras los disparates de los variados dirigentes y
ministrables, con sus descabelladas ideas de preparar para la vida productiva
más allá de toda socialización y al margen de toda formación: mientras las grandes superficies Mercos…
Mercas… existan-, para quienes aún puedan
aspirar a una vida con una inserción laboral. Limpieza de vidrios de autos en
los semáforos, apertura y cierres de puertas de taxis, mendicidad organizada,
para aquellos que se insertan en los nuevos modos de trabajo bajo los cuales la
marginalidad encuentra una salida para el auto subsistencia... Entre la
exigencia de agenda completa para los más afortunados, y la marginalidad, el
pegamento y el hambre para los excluidos, me pregunto:
¿Son los jóvenes violentos o somos los adultos los que los
sometemos a prácticas violentas? Porque, según entiendo, son adultos los que
fabrican y venden las armas, los que declaran las guerras, los que
comercializan drogas. Son adultos los que les exigen el máximo rendimiento en
aras de un futuro asegurado, por supuesto de acuerdo a sus propios criterios.
Son los adultos los que les enseñan a través de sus conductas a discriminar, a
humillar, a corromper y en el caso de los más pobres, son los adultos los que
por elección o ignorancia y resignación, según el caso, han sostenido y
sostienen modelos económicos que los somete al hambre, la desnutrición, el
analfabetismo, la exclusión y a la falta de futuro.
Son adultos los que a través de los medios masivos de
comunicación y peleando por un punto de rating (porque la televisión es un
negocio), transmiten escenas de violencia, estimulan la práctica sexual como un
bien de consumo, incitan a la ingesta de alcohol, y más aún, sabiéndolos frágiles
y manejables, los mantienen como mercado cautivo para el consumo de cualquier
tipo, llevándolos lentamente a la banalidad y a la destrucción de un
pensamiento crítico. Me pregunto nuevamente: ¿no es esta una de las más
solapadas formas de violencia?
Los que trabajan con niños y adolescentes entienden que los
padres y sus funciones son relevantes en la posibilidad de condicionar
patologías en sus hijos, y este es un punto en el que todos podemos estar de
acuerdo. Con dejación de auxilio, ayuda, falta de confianza en los adultos, que tienen a mano padres,
maestros, tutores etc... Que puedan ayudarlos, escucharlos, un dispositivo
grupal (sus amigos) capaz de percibir su sufrimiento y de neutralizar su
estallido. En ocasiones, aún con este recurso, el intento es fallido.
Seguramente esta serie de reflexiones no aporta mayor
claridad a casos tan extremos y mucho menos
pretende sentar cátedra alguna, por parte de este comentarista, pero no se
podrá negar que nos encontremos en un delicado momento, y que los brotes de una
violencia, que nos rodea, no deja de plantearnos, que hay que adoptar
soluciones cuanto antes.
Para terminar quiero narrarles una breve historia, que llamo mí atención por
estos días:
Rosa y Juan eran un matrimonio con un hijo, José. Juan
trabajaba todo el día para sostener a su familia. Salía muy temprano por la
mañana, mucho antes que José despertara. Volvía muy tarde, hambriento y fatigado,
y se encontraba con su niño ya dormido.
Esta situación preocupaba a Rosa y Juan. El niño reclamaba
por su papá y el padre deseaba estar y jugar con su hijo. Pero....... no podía
dejar ninguno de sus trabajos y compromisos. En una de esas charlas por fin se
les ocurrió una idea. Cada noche, cuando volviera de su trabajo Juan iría como
lo hacía todas las noches junto a la cama de su hijo, pero a partir de ese
momento no sólo lo miraría y le daría un beso en la frente sino que haría un
“nudo” en la punta de la sábana, para dar cuenta así de su presencia.
Así lo hizo; entonces cada mañana José despertaba y lo
primero que hacía era tantear su sábana buscando el nudo. Para su alegría allí
estaba día tras día la marca de la presencia de su padre.
Pienso: nudo, marca, amarre, anclaje, red. A veces las ideas
más simples, más sencillas, los pequeños detalles, son suficientes, para sentir
el aprecio, el auxilio, la ayuda y la confianza.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerias

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