AL HILO DE LAS TABLAS
TOREROS DE PAISANO
Los toreros de nuestros días nada tienen que ver con los
marchosos toreros de antaño: A tenor de los tiempos han evolucionado
sensiblemente para poder ser perfectamente encuadrados en una sociedad normal,
corriente en nuestros días, «a los que progresivamente las “antes llamadas
clases sociales” se van fundiendo en una sola con los mismos hábitos y
costumbres. Hoy, la igualdad es un hecho cierto, sin otras diferencias que las
puramente temperamentales, aunque también limadas de asperezas que la buena
educación puede eliminar. De siempre los toreros se relacionaron socialmente
bien, pero con reservas. Es, en los tiempos de Lagartijo y Frascuelo cuando
estas relaciones se ensanchan: pero sin llegar a la promiscuidad actual. Son
dudas que ellos supieron ir ganando con
un estímulo de superación digno de todo elogio. Lagartijo gozó en las postrimerías de pasados siglos de preclaras
amistades. Romero Robledo, político
de entonces, era un apasionado “lagartijisto”.
“Un día Lagartijo se presentó en su casa
acuciado por un problema que él consideraba de fácil solución. No le cabía en
la cabeza que, al morir su mujer sin haberle dado sucesión, su suegro le reclamase
la herencia que de bienes gananciales le correspondía como padre de la difunta.
No comprendía, que el hombre, desde que empezó a ser su suegro, había vivido a su costa; que le seguía en todas sus
corridas, hospedándose en las mejores fondas, ocupando una barrera en las
corridas en que él toreaba, fumándose aromáticos vegueros e incorporándose a
todas las fiestas y banquetes organizados en su honor, pudiera aspirar a un
dinero que él solo había ganado poniéndose delante de los toros. Ignorante e
ingenuo Lagartijo, pensó que, el asunto se
arreglaba con un plumazo de su gran amigo Romero
Robledo, a la sazón Ministro de la Gobernación… Tuvo que volverse a Córdoba
tragándose su irritación por imperativo de una ley que a él le parecía un puro
disparate.”
Hoy no existe torero, que no esté instruido en estos temas. ¿No
es que lo sepan todo?, sino que consultan, como ciudadanos libres, sobre cuáles
son sus derechos y sus obligaciones y conducirse con la más absoluta corrección
social. El torero de nuestros días, lo que no sabe lo intuye y antes de dar un
paso observa su entorno, abre los oídos a las conversaciones de personas mejor
preparadas y asimila rápidamente.
Recuerdo a un incipiente novillero, campesino y poco leído,
que se vio sentado a la mesa de selectos y escogidos comensales. Los múltiples
cubiertos de plata, las cuatro copas de diferentes tamaños, la servilleta etc., eran mirados por él
cautelosamente. Se le veía intimidado. ¡Pero cuando llegó el momento de
utilizarlos no se equivocó una sola vez!. Quien le observaba, no se le pudieron escapar las precauciones que tomaba
para usar un tenedor o una cucharilla correctamente, con movimientos retardados
disimuladamente para hacer lo que veía a los demás. Servidor recuerda en un
homenaje hace muchos años, la perplejidad que sentí ante la extensa carta de un
restaurante de lujo. Con gran disimulo pedí consejo a un diestro ya veterano y
muy desenvuelto, quien me dijo muy discretamente: «Échale un vistazo a la carta
y, despreocupadamente, debes ser el último en pedir, dices: «Yo voy a tomar lo mismo que don Fulano», el
que pida lo que más te guste; pero hazlo, con naturalidad, como si todos los
días estuvieses asistiendo a comidas como ésta”. El torero de nuestros días
es elemento sociable, que asimila pronto y sin afectación las formulas del
saludo, hombre, mujer o autoridad, sin prejuicios de ningún género, con
total natural y cordialidad. El torero de hoy lee lo suficiente, y está al tanto de las novedades de librería, no
falta en la casa del torero de hoy una biblioteca y abundan los que tienen
estudios de bachillerato en adelante. Se preocupan de aprender idiomas, de leer
biografías y ensayos. Si tienen hijos, los envían a buenos colegios y gozan que
saquen inclinaciones al estudio y se hagan arquitectos o médicos o ingenieros...,
sin oponerse por ello, a que un día sean toreros, como su padre, si tienen
verdadera vocación. La estampa de aquel torero zafio, analfabeto, juerguista y
acaso pendenciero se ha difuminado…. Gracias a Dios… Pero no me negaran la gracia, el
golpe simpático, el pronóstico, y aquellos relatos taurinos, muchos de ellos
idealizados con portentosa imaginación… Y es que la leyenda, siempre tiro más
que la academia… o. No...
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerias
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