ENTRE PUENTES
¡QUIERO SER POLITICO!
¡Aspiro a ser
político!. “Sí, en cualquiera de las versiones múltiples y departamentos
que existen para cualquier cargo público, me da lo mismo diputado, secretario,
subsecretario, consejero, y ese sinfín de cargos en las administraciones del
ente público, lo dicho –“Quiero ser
político” porque aspiro a robar en
grande y a acomodarme mejor. Mi finalidad no es salvar al país de la ruina en
la que lo han hundido las anteriores administraciones de compinches
sinvergüenzas; (véase las tramas, amnistías
fiscales, testaferros y otros especímenes de todos conocidos), no señores,
no es ese mi elemental propósito, sino que, íntima y ardorosamente, deseo
contribuir al saqueo con que se vacían las arcas del Estado, aspiración noble
que ustedes tienen que comprender es la más intensa y efectiva que guarda el
corazón de todo hombre que se presenta a candidato con Master o sin él”.
Todos los sinvergüenzas del pasado, el presente y el futuro,
tuvieron la mala costumbre de hablar a la gente de su honestidad. Ellos
"eran honestos". "Ellos aspiraban a desempeñar una administración
honesta". Hablaron tanto de honestidad, que no había centímetro cuadrado
en el suelo donde se quisiera escupir que no se escupiera de paso a la
honestidad. La palabra honestidad ha estado y está en la boca de cualquier
atorrante que se sube en el primer pulpito y exclama que "el país necesita
gente honesta"… En definitiva, sobre el país se ha desatado tal catarata
de honestidad, que ya no se encuentra un solo pillo autentico. (Enternecedor).
Si usted quiere ser diputado, no hable a favor
de las remolachas, del petróleo, del trigo, del recibo de la luz, de autónomos,
de impuestos, de la precariedad, de las tasas, del cementerio del Mediterráneo,
del impuesto a la renta; no hable de fidelidad a la Constitución, ni a las
instituciones, y tribunales etcétera; no hable de defensa del obrero, del
empleado, y del niño. No; si usted quiere ser un refinado político, exclame por
todas partes:
"¿Quiere usted ser diputado, consejero, secretario etcétera?"
“¿Sabe cómo engañar al electorado?”… Hay que encontrar algo que parezca verdad,
hay que tener en las entrañas al partido, y hay que buscar un relato, un
discurso, unas promesas, algo que los deje groguis a todos, sobre todo a los
más aferrados a las siglas del partido, estos son los que más tragan, incluso,
son los más “tontos”, y los que en este país creen en esta democracia, -que nosotros entendemos, según y cómo nos
vaya-. Este es el curso rápido, después que hayas medrado por los pasillos
del partido. Si quieres ascender debes de convencer a grupos del lectorado, y
buscar recomendación en el puente de mando, donde te infiltrarán en los medios
de comunicación convenientes, y así estarás listo para acometer, con base y fundamento, tu
puesta a punto y poder rodearte de la legalidad con astucia, y con ingeniería
jurídica… El resto se dará por añadidura, hay que ir algunos días al parlamento
o al estamento correspondiente, a votar o, a lo que sea menester, para eso eres
un reputado, diputado, senador, consejero o secretario- posiblemente por alguna provincia que ni tan siquiera conoces-,
porque la ley te permite incluir tu nombre en una lista cerrada, y con la misma
te vas llevando unos emolumentos, pagas, prebendas y otros pingues beneficios,
por subirte al pulpito, y decirles a los incrédulos. Yo soy diputado y me lo
llevo en crudo, “porqué me lo he ganado”. Sabes de sobra que te pasas de cínico.
¡Pero eso que importa!.
Aquí lo que hace falta es una concepción política que tenga
apariencia de democracia y que no lo sea, que responda a todos los deseos y a
ninguno, que está contra todos y con todos.
¿Quiero ser político?..-
Digo a viva voz dando un puñetazo en la
mesa-, y exclamo: -¿Podéis decirme que tiene que ver la vergüenza, la decencia,
la honestidad, el pudor, los buenos sentimientos con la política? ¿Quieren
explicarme y dejarse de decir “milongas”? Cuando entras a una zapatería no es
para comprarte un traje sino un par de zapatos, ¿no?. Bueno, cuando vas de político
no es a comprar decencia, ni honestidad ni ninguna de esas tontunas...Soy muy
sincero, vive Dios, yo no pido fruslerías. Pido robar, robar honradamente como
cualquier hijo de vecino. ¿Es eso pecado?. No… Sólo me falta una gran mentira
con que mover la masa ciudadana. El que la encuentre, créalo, el que encuentre
la gran mentira podrá llegar hasta ser Presidente del país… Estén muy atentos.
Un diputado cínico…y
bromista…discúlpenme.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías
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