EL MUNDO DE LAS
FANTASIAS (II)
Existen imaginaciones catastrofistas. Nuestro hijo no llega
a casa a la hora prevista y todo nuestro mecanismo mental se pone rápidamente
en marcha fabricando un argumento en el que no falta un accidente y, en el peor
de los casos, la muerte. Podemos sufrir a chorro cuando estas imágenes cruzan
nuestra mente. Y el peligro es que la repetición puede convertir las fantasías
en verdades para nosotros. Podemos llegar a creérnoslas. Si empezamos a confundir, la patología mental nos abrirá sus puertas.
¿Quién no ha fantaseado que le tocara la lotería? Lo
imaginamos a conciencia. ¿En que nos gastaremos el dinero?, ¿con quién lo
repartiremos?, ¿cómo lo celebraremos?, ¿cómo invertiremos...? Es tan divertido
imaginarlo por un rato! Lo malo es cuando la imaginación se pone en un plan tan
convincente que estamos impacientes de que llegue el día porque sabemos a
ciencia cierta que nos tocará. En los días de sorteo, el barómetro de terribles
decepciones señala muy alto.
Fantasear repetida e intensamente sobre un tema nos puede
empujar a querer protagonizar nuestra película en la realidad. No son pocas las Universidades, Centros
sociológicos y de investigación de todo el mundo, que han estudiado detenidamente el comportamiento
de los suicidas. Un alto porcentaje ha experimentado con fantasías antes de
llevar a cabo el suicidio. Normalmente recrean escenas en su mente sobre el método
que emplearan, sobre cómo van a reaccionar los demás, incluso sobre cómo va a
ser su funeral. En algunos casos, esos montajes mentales tienen cierto halo de
romanticismo. Es difícil escudriñar el camino de nuestras intenciones más
profundas. Podemos suponer que estas personas primero sintieron la necesidad de
suicidarse, empezaron a fantasear y finalmente lo consumaron. ¿Qué papel
impulsor tienen aquí las fantasías? ¿Quizá el barniz que las fantasías pusieron
a su idea la convirtió en más atractiva? ¿Su imaginación quizá desempeña el
papel de trampolín?.
Ya hemos visto dos inconvenientes que en algunas ocasiones
pueden conllevar ciertos tipos de fantasías recurrentes: creérnoslas y realizarlas.
Existe otra trampa. ¿Constituye una conducta insana ir al cine? En principio
no, solemos disfrutar, evadirnos de nuestro día a día. Sin embargo, si vamos tanto
al cine que no podemos atender las obligaciones, podría empezar a constituir un
problema. En el caso de las fantasías ocurre lo mismo. En la vida debemos
afrontar problemas, actuar; unas dosis de evasión pueden ayudarnos a coger
fuerzas, pero cuando la fuga de la realidad se convierte en nuestra principal
estrategia de afrontamiento es cuando todo se complica; por fortuna, hay
laboratorios donde se elaboran cuestionarios
de indecisiones y otros para evaluar las ensoñaciones diurnas. Y han
descubierto que las personas más indecisas, las que postergan más las
decisiones y las actuaciones, son las que fantasean en mayor medida.
Somos expertos
guionistas: las fantasías saltan a nuestra pantalla mental normalmente sin que
nosotros les hayamos dado permiso. Pero una vez allí, podemos tomar conciencia
y recrearnos en ellas, retocarlas y perfeccionarlas hasta que las dejamos
dignas de ser galardonadas para los Oscar. Pensemos si no en las
conversaciones imaginarias. En algunos casos están basadas en algún dialogo
real perteneciente al pasado. Nuestra mente lo rescata y le da unas pinceladas
para que quede patente nuestra brillante elocuencia. En otros casos se trata de
alguna conversación que nos gustaría mantener con nuestro jefe en la que
dejamos claro quiénes somos, o con nuestra pareja, a quien le confesamos
nuestros sentimientos de una manera que por fin nos entiende. Lo cierto es, que
evidentemente muchas cosas de esta cabecita nuestra, están estudiadas,
investigadas y hasta es posible un eficaz tratamiento, pero entiendo que otras
muchas se escapan, se evaporan momentáneamente, para salir en muchos casos, en
forma de agresión, de una furibunda crispación, o violencia incluso contra lo que más quieres.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerias

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