ENTRE PUENTES
EL CASINO Y SU
PALACIO DE FIGUEROA- UNA REFERENCIA CULTURAL EN LA CIUDAD-
Puede ser; que a
medida que vamos haciéndonos viejos observamos que cuanto nos rodea se va
transformando irremisiblemente ante nuestros ojos; parece como si los hombres
fueran distintos de los que conocimos en nuestra juventud, que las cosas
suceden de otra manera que antes. Y; como encontramos otras costumbres, otras
leyes y otro ambiente, llegamos incluso, a pensar que es otro el horizonte que
tenemos a nuestro alrededor.
Sin distraerme de lo que vengo a contar en este artículo,
que es hablar del Casino, de su
historia de sus personajes, así como de la influencia que ha tenido para esta
ciudad, como para su cultura y reconocimiento: Fue allá por los años sesenta (de forma casual), la primera vez
que de la mano de José María Vargas Zúñiga, cuando pude ver por dentro el
Casino, ver las obras expuestas, me resulto impresionante, aunque evidentemente
apenas conocía estilos, formas, etcétera, me pareció un mundo serio y riguroso,- de cierto escalofrió-
“siempre había creído que solo los grandes museos, eran los exponentes del arte
escultórico y pictórico”.
Dicho esto: No ha
querido el Casino de Salamanca, quedarse rezagado, y en esta nueva andadura, de
la mano de Alberto Estella, que al parecer ha sacudido un poco el moho, con el
fin de abrirlo e integrarlo en la ciudad, y disfrute de sus conciudadanos.
Leo en este periódico que se va a
proceder a dar un retoque y
“saneamiento” tanto de las obras escultóricas, como de las pinturas que moran
en sus instalaciones, cuestión que
llevaran a cabo especialistas en esta materia, el paso del tiempo se deja
sentir en las mismas, y aunque solo sea retocar, limpiar y mantener ya es una
extraordinaria medida, que el patrimonio merece.
Posiblemente para una
gran mayoría de salmantinos, el Casino sus obras, sus exposiciones, sus
premios, patrocinadores y concursos, así como el conocimiento de los muchos
artistas, tanto locales como nacionales, no constituya un conocimiento de lo
que ha significado para esta ciudad, donde los éxitos correspondían por igual
tanto al Casino como a Salamanca, por cuanto esas manifestaciones artísticas, a
mayores de las que caracterizaban los más variados artistas nacidos en está, no tenía la mayoría del pueblo de la
ciudad, nada más que la información que publicaban, tanto el desaparecido
Adelanto, como la Gaceta. Lo cierto, es que también en estos foros de arte,
la crítica tenía su sitio y jugaba su papel, aún limitada, se deshacía en
elogios críticos, donde el tema de conversación diario se centraba en salones,
cafetines, colmados etc. y así lo reflejaban dichos diarios. Todo estaba
primorosamente ordenado, presentado, anunciado y comentado de forma que todos
aquellos entusiastas aficionados, promotores etc., no podían sustraerse de la magnífica
puesta en escena.
Recuperar por parte de esta nueva directiva, la vida, el
latido cultural de la ciudad, mostrar su inquietud y salvaguardar los valores
de los que siempre hizo gala este estamento, es sin duda revivir el espléndido
y dilatado mecenazgo de Francisco Gil,
que no escatimo esfuerzos, para llevar adelante, la programación de premios y
exposiciones en un Casino donde la ciudad vivía un sueño de arte, sus salones casi
no podían contener las repetidas visitas. Concurrían en Salamanca las mejores
firmas nacionales que presentaban en este Casino un sinfín de obras,
evidentemente como en otras facetas del arte algunos artistas locales con
indiscutible valía quedaban un tanto apartados, aunque no pocos artistas
salmantinos, que lograron un buen ganado prestigio presentando obras de gran
calidad. El caso es, que los promotores del Casino, hacían llegar al visitante
una sana competición para enfrentar unas y otras obras y sus firmantes. Muchos fueron los premios que protagonizo
el mecenazgo de Francisco Gil, muchos los artistas, maestros del pincel, de la
piedra, la cerámica, la madera y la forja de renombre que lograron con sus
obras estimular la cultura, la formación y el interés de formar a distinguidos
observadores que sabían discernir la sensibilidad plasmada en el lienzo, o en
el pie de la base de la escultura. Por consiguiente: dentro del abanico de
matices, opiniones y argumentos críticos, era evidente que a veces se
sucedieran controversias, disputas o desafecciones que constituían el alma y la
pasión que se suscitaba entre jurados, asistentes, y propietarios de las obras.
Naturalmente era el encanto de la parroquia asistente, cuyos debates eran todo
un catálogo, de lección y aprendizaje para muchos otros entusiastas, que se
aficionaban a conocer el arte y hacerse con alguna de las obras expuestas.
Hubo un tiempo que cesaron en el Casino toda esta
ebullición, presentaciones, exposiciones, premios y otros concursos de obras.
Parece ser que el paréntesis duro una docena de años, en que los renombrados
artistas del momento español, muy solicitado en las grandes exposiciones del
mundo no llegaban a Salamanca. Pero con la llegada de Francisco Gil (II) por el 1975, este quiso homenajear la memoria de
su padre, y con tal motivo se volvieron a celebrar convocatorias, muestras, exposiciones y premios bien remunerados y el
Casino de nuevo se integró en una Salamanca, que comenzaba a abrirse, y a poner
de manifiesto, que las bellas artes, en sus variados estilos tomaba el pulso, a
esa ruta de monumentalidad existente. Los hoteles, de este empresario, y
apoderado taurino entre otros mecenazgos, cosechaban lo más granado de la
ciudad. Gran Hotel y Monterrey,
constituían el señorío y la popularidad, donde se hospedaban los visitantes de
más renombre, dando también al Casino un aire más cercano a la ciudad, aunque
aún hubieron de pasar años, para que la sociedad del mismo, tal y como viene
ocurriendo en los últimos años se abriera sin perder su carácter, rigor y
seriedad, al goce y disfrute de los salmantinos en sus más variadas representaciones
culturales. Y creo que es de justicia reconocerlo y agradecer, que el Casino
con su Palacio de Figueroa, de la mano
de esta nueva directiva, con Alberto Estella en la dirección. Es otra cosa.
Merece la pena…¡Vamos, creo yo!...
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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