ENTRE PUENTES
LAS MALAS LEYES
No son pocas las veces, que cuando vemos, sentimos y oímos el
pronunciamiento de algún Juez, tratando de impartir justicia, sobre algunos
casos de esos; que nos hacen bajar la
cabeza. Como seres humanos, nos miramos atónitos, para preguntarnos ¿Esto
es la Justicia? ¿Esta es la Ley? Sin que seamos capaces de discernir entre la
una y la otra, menos aun cuando la “balanza” se inclina hacia el lado menos
justo de lo que nosotros pensamos.
Hay malas leyes, simplemente porque no son justas. Es el
viejo problema de la Justicia, con
mayúscula y la ley. Según explican los eruditos del Derecho, la Justicia es lo
que debe ser, concepto que puede parecer extraño al que es ajeno a estos temas,
pero que al parecer, expresa a la perfección el concepto de Justicia como algo
perfecto y deseable, a lo que se debe tender, pero que nunca se podrá alcanzar
en plenitud porque como tal ser lo que debe ser, trasciende a la naturaleza
humana.
Si la Justicia es lo que debe ser, la ley, en cambio es lo que
es; es decir es lo que aquí y ahora, en nuestra limitación humana tenemos. Sera
mejor o peor, deberá, en lo posible, tender a la perfección de la Justicia,
pero nunca será perfecta, porque esa perfección sólo se alcanza en el deber ser
y no en lo que es. En nuestro Derecho positivo las leyes serán más o menos
justas, según intenten conseguir o acercarse más o menos a esa Justicia
humanamente inalcanzable, pero si se alejan de esa Justicia serán leyes
injustas; en definitiva, serán malas leyes.
¿Es posible que haya malas leyes, leyes que no busquen
conseguir Justicia? Puede parecer inconcebible o absurdo, pero las hay. Las
hay, simplemente, porque la ley es producida por el hombre y el hombre puede
equivocarse o actuar malintencionadamente. En contra de lo que algunos piensan,
la ley no tiene vida.- Huyendo de definiciones doctrinales y teóricas, que las
hay y muchas, la ley es una norma de conducta, y el último extremo un texto
escrito en la mayoría de los casos en fríos términos jurídicos, y no pocas veces
alguna de estas leyes es un verdadero monumento a la incultura jurídica.
La vida se la da a la ley el poder ejecutivo, que es quien debe
aplicarla y, en último extremo, el poder judicial que es el encargado de
resolver los conflictos que la aplicación de la ley puede generar. El poder
judicial carece de iniciativa legislativa, es decir no está en su mano, no ya
modificar, sino ni tan siquiera proponer una ley que corrija las deficiencias
de otra más injusta. Los jueces y magistrados deben limitarse a juzgar conforme
a la ley vigente y sus sentencias serán justas o injustas, si se ajustan o no a
esa ley vigente. No se les puede exigir más.
Es por ello, lo que en no pocas ocasiones nos llama la atención a los
neófitos en estas materias, y acudamos a las tópicas expresiones-¡eso es
injusto… fulanito se va de “rositas”, entramado judicial… ingeniería jurídica…
un escándalo de justicia… nos toman el pelo… y otros piropos bastante más
elocuentes, más urbanos y ásperos, ante tanta burla de la ley, que dicen es igual
para todos- pero no para los encargados de implantarla y aplicarla-.
El poder ejecutivo tiene iniciativa legislativa, para
elaborar proyectos para corregir las malas leyes, si no lo hace es su
responsabilidad, que es mucho mayor si lo que hace es proyectar leyes
palpablemente injustas, lo que desdichadamente sucede muchas más veces de lo
que cabe suponerse. Pero, en definitiva, la elaboración de las leyes es
responsabilidad y función primordial del poder legislativo. Es el Parlamento el
que elabora la ley de acuerdo con los proyectos que recibe o con sus propias
proposiciones. De modo que al final, la responsabilidad de que una ley sea
justa o injusta, de su bondad o su maldad es de las cámaras, exactamente de sus
componentes, o lo que en España equivale a decir de sus diputados y senadores…
Y ya son ustedes testigos del trajín, que se ha tenido esta legislatura… Leyes,
algunas que ya tienen el marchamo.- De caducadas, algunas antes de que entren
en vigor-. Dicho queda- un plato es un plato… un vaso es un vaso… y no hay
más que hablar. Así me lo contaron tu…
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