ENTRE PUENTES
¡TV y LA PARODIA NACIONAL¡
No recuerdo muy bien, donde he leído, aquella cita que
decía algo así como: “Que el índice de cultura de un país, puede medirse en la
calidad de televisión que emite”. Y la verdad, es que, si esto fuera cierto, no
se hasta donde tendríamos que ir a parar con el fin de graduar el nivel de
nuestra inteligencia, nuestro talento o el índice de analfabetismo y de tontuna
colectiva que padecemos los españoles. La razón por la que dicha cita tenga
credibilidad, es que hemos creado multitud de maquinas, aparatos y test, en las
cuales se calcula prácticamente todo, desde el índice de voto, el sexo del
feto, o las calorías que hemos de ingerir etcétera. Sin embargo, no existen
mecanismos que puedan percibir y medir nuestro grado de idiotez. Y tan solo la
TV parece ser el indicador mediatico que evalúa y hace estadísticas sobre el
nivel cultural.
No
es de extrañar por tanto que, productores, directores y programadores de las
televisiones, nos difundan programas de la más variada catadura, diabólicos y
estrafalarios con métodos poco escrupulosos en pos de conseguir
sensacionalismos y audiencias sea como sea. Estos se encargan de aturdir a las
masas con “batiburrillos y guirigáis”-
de verborrea estentórea, y cuentan para ello con un grupo de gritadores y
agitadores donde muchos de los
protagonistas que forman este desquiciado plantel, se proclaman a grito
“pelao” periodistas del corazón.
Otros por el contrario sin titulo que los avale gritan tanto o más que los
primeros, y a todos estos se les unen o acoplan otros “espantajos” que buscan
notoriedad, dinero fácil y fama efímera; toda una pleyade de trepas, machacas y
chivatos fuente inagotable del abrevadero televisivo de los que se nutren los
concursos lacrimógenos, programas rosas y del corazón y como no, debates de tinte político, donde, a los más se
les ve el plumero; (no es de extrañar que este órgano vital y perfecto, sufra
tantos males).
En
este conglomerado que está presente mañana, tarde, noche y madrugada (que cantaba Bambino) se suscitan
conversaciones de los más bajos instintos, donde la mentira, el rumor, el
montaje, los amoríos, los cuernos, los hijos legítimos y los que no lo son,
marcan desdichadamente las pautas de conducta y el guión establecido con el fin
de tener atrapada a la numerosa audiencia televisiva. Ahora además de todo
estos “correveidiles” hay que sumar el espantajo de políticos, chapuceros,
mangantes y testaferros; clientelismo organizado, con el fin de mantenerse en
sus poltronas por un lado y por otro, llevarse los dineros de una ciudadanía,
lela, callada, pacata y aborregada, una fanfarria donde la mentira y el
juramento de Dios en vano, son de dominio público…-¡ Todo da comienzo, en
cuanto aparece el presentador – moderador- (o algo así), que con voz de
director de pista circense, da paso a aquellos que van a salir a colaborar en
su programa, para “despellejar” a los personajes de turno, todo dentro de un
engranaje de hipótesis, suposiciones y adivinaciones rocambolescas, no exentas
de barullos y patochadas, donde todos ponen a prueba sus laringes, gritando
hasta que su respiración y sus venas dicen basta, sin hacer caso al presentador
– moderador... que lucha sin conseguirlo por el turno de palabra, y ya
impotente, el mismo se une al “gallinero” e incurre en el mismo esperpento que
se desarrolla en el plató. Aquí en esta guerra televisiva, que emite horas y
horas esta “papilla”, apenas queda tiempo para el debate sosegado y con turno
de palabra, sobre cualquier tema o faceta social, política, científica, etc.
importa poco el teatro, la historia, el cine, tampoco otras formas culturales,
variedades graciosas, cómicas o bien participativas, informar al ciudadano, entretenerles incluso algunos cotilleos –
porque no -. Pero con tratamiento y tiempo distinto a la vulgaridad y
mediocridad hoy de moda. Es penoso que, de lo que se habla en la calle, bares,
mercados, ascensor, entre el vecindario incluso, entre la familia, sea de las
banalidades más escandalosas, de las escabrosas vidas de famosos, “famosillos”
algunos, ahora con “Visa Negra”, se han unido al club de los, especímenes que
desfilan por la pantalla vendiendo sus miserias, su intimidad y su alma por un
puñado de euros, los unos, los otros, los de cuello duro y sonrisa podrida,
después de llenar sus valijas, se despachan diciendo “Sr Juez… yo no sé nada
oiga”... ¡… Y esto, no hay corazón que lo
aguante ..! .- Claro que; hasta puede ser, que sean más ignorantes los que
miran, que los que desfilan. ¡Qué País! ¡Qué País!
Fermín
González- Salamancartvaldia.es (blog taurinerías)
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