ENTRE PUENTES
MENTIRAS DESDE EL
PULPITO
No sé, amigos lectores sí tienen la misma sensación que este
comentarista, pero cada día tengo más clara la certeza, de que vivimos en un
estado permanente de la –MENTIRA-. Las noticias desde la mañana a la noche
están llenas de corrupción, estafas, dobles vidas… Tanto en la vida pública
como en la privada, vivimos rodeados de engaños. ¿Qué cómo nos damos cuenta?,
no crean que sea tan difícil saber desenmascarar la sarta de mentiras con las
que nos vemos intoxicados a diario. Porque mentir es un acto consciente, no un
accidente, como hoy con la disculpa se nos suele hacer creer.
Hay dos formas básicas de mentir, la primera es ocultar, y consiste en retener la
información sin decir nada que no sea verdad. La segunda es falsear, y se basa en presentar la
información falsa como si fuera cierta, y donde la primera suele sentirse menos
culpable que la que falsea, aunque en ambos casos, perjudican a sus víctimas.
Ustedes, yo, todos sin lugar a dudas, hemos mentido, engañado, falseado,
posiblemente para en alguna ocasión salvar
la cara, otras para no perjudicar a un tercero, y alguna también para lucrarnos
económicamente, de tal o cual situación. Pero lo cierto, es que dentro de
nuestro equilibrio emocional, familiar y personal hemos cometido algún error y
hemos sido desenmascarados. Evidentemente en la práctica del engaño, siempre
existe el recelo a ser detectado.
Este pecado tan “español”, ha venido a poner en alerta y
atención cuando estamos ante un mentiroso, y asistimos entre complacidos, y
reservados a los mítines políticos, a las declaraciones y entrevistas de los “Gurús”,
de la economía, a los debates de la Nación, a las promesas programáticas, y a
otro sinfín de componendas, en las que se ufanan los del “cuello duro”, para
que redimamos sus mentiras, falsedades, ocultaciones y engaños con un voto. Lo complicado del
que miente, es que está obligado a veinte más para sostenerla. Y esta es la
cuestión, porque esos engolados políticos y otros farsantes, de variada
catadura moral, aunque les parezcan inteligentes… no lo son tanto… Y cuando
mienten deben tener preparada una buena explicación para quien le interpele, y
va a tener que recordarla en cada momento, porque alguien en el momento menos
pensado le volverá a preguntar, y, si no se es rápido en la respuesta, se
quedara en evidencia… ¿Recuerdan ustedes las respuestas y declaraciones de
muchos implicados en todas las tramas de corruptos ante jueces, y
entrevistadores?...” No sé, no me consta, no lo recuerdo, etcétera… Cuando no,
contestaciones “fanfarronas, galimatías, palabras hueras, con el fin de ocultar
la verdad, valiéndose del envolvente mediático
de las mismas, con frases vacías, simples y sin contenido, improvisando
respuestas a preguntas que no habían previsto,
creando un montón de mentiras adicionales que requieren habilidad e
inteligencia prodigiosa para recordarlas a fin de evitar fueran delatados”. Todo ello no lo han conseguido, ¿saben
por qué?, sencillamente no son tan listos, tan inteligentes, tan superiores, ni
tan sagaces, algunos incluso presumen de llevar en la política- no sé cuántos
años- es decir que no ha trabajado nunca en otro sitio, que no conoce los
contratiempos, las dificultades, los despropósitos, alegrías, la capacidad de
crear, de improvisar, en definitiva de ser… Y esto les aleja de los desvelos,
las necesidades, angustias, que ha de soportar, aquel empleado y trabajador…
que incluso puede ver peligrar su puesto, después de su lucha constante por
sobrevivir.
Mentir tiene fatales consecuencias para las relaciones, de
todo tipo, en este caso relaciones, político-ciudadano, ese desafecto, esa
desconfianza, ese rechazo como preocupación prioritaria de la ciudadanía, tiene
su origen en la- Mentira-. Ya, no es que se adueñaran de nuestros ahorros,
desvalijaran, bancos y cajas, desahuciaran a muchos de sus casas, se hicieran
ricos a costa de gentes a los que les costó una vida de esfuerzo vivir con
dignidad, está también en no pocos casos se la han robado. Lo peor, es la
impotencia, el sentirse engañados, con burdas mentiras, atrapados en desigual
combate, esa es la desesperación. Todo empezó con una mentira, con un engaño
banal, al que le van siguiendo engaños mayores, en un proceso que como hemos
venido observando, no tiene límites. Ahora esperemos que renazca la esperanza,
que sin tardar podamos alzar de nuevo la voz, que la dignidad perdida sea
regenerada, que sea desechada la mentira, y podamos construir la verdad, con la
afirmación de Sófocles “Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”. Porque no se puede controlar ni esconder todas las
conductas.
Fermín
González Salamancartvaldia.es
(blog taurinerías)
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