CERVANTES: UNA VEZ MÁS
Hace unos años, se andaban removiendo tumbas, y nichos de la
iglesia donde al parecer fueron a parar los restos, para que sus huesos fueran
venerados. Ahora de nuevo Cervantes,
sale a relucir, tras la película el “Cautivo” que, dirige Amenabar. Y cada vez que
aflora, este “manchego” inmortal, servidor no deja de preguntarse, y siempre me
asalta la duda. ¿Cómo fue posible lo de este manco?...
En realidad, yo aprendí a leer, bueno- más que a leer, a
comprender la lectura en los cuentos, en los libros de aventuras y sobre todo,
en las manoseadas novelas que alquilaban, por céntimos de peseta durante mi
infancia, en los puestos y Kioscos que había por entonces en cada calle o
esquina de la vieja Salamanca. No hacía falta esperar a los “Jueves” día de
tarde sin colegio por entonces-. Cualquier día de la semana podía buscar en los
tenderetes aquella novelita no leída, de aventuras generalmente, que devoraba en pocas horas con
una ansiedad incontenible. Como ocurre hoy con las voluminosas y arrebatadoras
novelas de Harry Potter. Sólo que entonces no teníamos más que la perra gorda
para el alquiler diario de aquellos relatos que fascinaban la imaginación,
cuyos héroes eran protagonistas de nombre tejano, americano, mexicano etc. Así
como los seriales de La Sombra, o El Coyote, hoy los jóvenes disponen de algo
más que de “calderilla”. La necesidad de alimento imaginativo era tal que había
día en que leía hasta tres novelas diarias. Hoy como ayer el mundo de la
fantasía no debe faltar en la educación de la juventud, aunque su mérito sea
solamente el aprendizaje del idioma.
Recordando aquellos días felices, propongo una hipótesis para explicar uno de
los grandes enigmas en la biografía de
Cervantes. Hasta hoy, ningún estudioso del gran escritor Miguel de Cervantes ha sabido dar
respuesta a los grandes interrogantes:
¿Dónde adquirió el novelista su gran formación literaria y humanística? Considerando
que su desgraciada vida fue un fracaso tras otro (soldado pendenciero,
encarcelado en dos ocasiones, cautivo en Argel durante cinco años, sin casa
propia hasta su boda, ni con estudios mayores, siempre perseguido por las
deudas), moviéndose de acá para allá, sin el reposo de una tranquila
biblioteca, ¿cómo es posible que su
castellano llegara a ser modelo del idioma durante siglos? ¿Dónde pudo leer
TODAS LAS NOVELAS DE CABALLERÍAS publicadas hasta entonces? Descartemos una
prodigiosa memoria, que recordaba los nombres de todos los protagonistas y
anécdotas de cada una. Aun así, el enigma sigue en pie. ¿Dónde y cuándo leyó cuantos libros, cita, desde los clásicos griegos
y latinos hasta la más reciente historia de caballeros andantes? Libros no
tenía, y aunque los tuviera no podía llevarlos consigo. No existían entonces
bibliotecas públicas. Los libros eran la más preciada posesión de casas nobles,
conventos o eruditos y sabios catedráticos. Pero la vida de Cervantes pasó entre rufianes, soldados, menestrales y reos de
prisión, una compañía no apta para las tertulias literarias. Ni se podía
permitir el lujo de comprarlos, o el atrevimiento de pedirlos prestados a
nobles o frailes.
Ahora planteo la hipótesis, no respaldada por ningún documento histórico ni
propuesta por ningún estudioso o biógrafo de Cervantes. ¿No existiría ya
en el siglo XVI el alquiler de novelas en las calles de Salamanca, o en otra
similares de las Españas? ¿No se
podría entonces, como en nuestra época, alquilar, cambiar o intercambiar
novelas “de segunda mano”? Nadie lo dice, ni yo lo puedo confirmar, pero me
parece una buena explicación para esa fecunda imaginación que conoce al dedillo
casi todas las obras de ficción publicadas hasta entonces, hasta lograr dar
vida a esa novela “para mayores” que intituló El ingenioso hidalgo Don
Quijote de La Mancha, nacido hace ya más de cuatrocientos años,
donde se citan todas esas novelas que resecaron el seso del caballero manchego.
Lo cierto es que uno se pone a cavilar sobre, como pudo escribir tanto y tan
bien, este al que hoy “rebuscan” entre los muros de las iglesias, los calabozos, los tugurios de las tabernas o posadas de mala muerte; y lo peor es
que dicen que han encontrado… Algo… Sera
su cerebro… verdad tú.
Fermín González comentarista- Salamancartvaldia.

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