LA CASA DE PAPEL
“Con la llegada de
Trump, a la Casa Blanca, ¿Qué puede esperar América Latina? En su lista de
prioridades, todo lo que queda “fronteras-afuera” pasa a segundo plano. Sin
embargo, la designación de Marco Rubio
—un sujeto con un rabioso discurso anticomunista sacado de los tiempos de la
Guerra Fría— como secretario de Estado es una señal de una política exterior
activa e intervencionista. Con su nombramiento, América Latina pasa de ser un lugar mayormente olvidado por Trump a
un lugar lamentablemente importante en su política exterior, con especial
énfasis en Venezuela y Cuba. De hecho, Rubio ha sido protagonista en los
intentos de un cambio de régimen en Venezuela “de forma pacífica o sangrienta”,
en sus palabras. Con aliados regionales naturales en Milei y Bukele, y con líderes “progres” en países como Brasil, Colombia y Chile sumándose a
tendencias anti-venezolanas, el futuro próximo es preocupante. El veto de
Brasil sobre la incorporación de Venezuela a los países BRICS elimina este
respiro alternativo (por ahora), lo cual vuelve mucho más eficaz la
estrangulación de la economía venezolana por las sanciones de Washington. Así,
quizás sin querer, Lula se vuelve
aliado circunstancial importante de la administración Trump.
¿Y las relaciones con México? México parece ser una excepción a las tendencias en América Latina
y con Trump las negociaciones bilaterales se complejizan. Trump hizo promesas
de campaña extremistas, desde elevadas tarifas a importaciones mexicanas, hasta
una política masiva de deportaciones. Es difícil saber si las amenazas de
aplicar aranceles de 25% a importaciones de México y Canadá son los nuevos
términos violentos de negociación a-lo-Trump, o si realmente hay un plan
concreto. Trump eligió a Stephen Miller
y Thomas Homan para cargos de peso dentro de su administración, dos
xenófobos radicales que representan una peligrosa posibilidad de que en serio
se intente llevar a cabo algo que podría aparentar una deportación masiva,
aunque una cosa es una promesa de campaña y otra la realidad. A la vez, hay
enormes obstáculos logísticos, jurídicos y económicos para poder cumplir esta
meta suya. Estos temas también dependen en parte de México. En ese sentido, las
relaciones binacionales entre Trump y su contraparte, la presidenta Sheinbaum, no podrían ser entre dos
jefes de Estado más antagónicos: la presidenta de México valora el respeto
mutuo entre países, la dignidad, la mesura en el trato, la importancia de la
ciencia para tomar decisiones fundamentadas y la reivindicación de los pueblos
históricamente invisibilizados.
Si bien la reelección de Trump marca un fuerte giro a la
derecha, también la historia nos enseña a ser creyentes en la dialéctica. Si
bien hay un núcleo duro del Trump-ismo racista, xenófobo y misógino que recién
demostró su músculo político y que va a volver a hacer mucho daño, hay
múltiples lecturas posibles sobre la votación. Por ejemplo, una proporción
grande de la clase trabajadora norteamericana ha visto desaparecer millones de
trabajos bien renumerados en las últimas dos generaciones, muchos asociados a
la producción industrial. Para buena parte de ellos, el voto por Trump
representó la desesperación frente una situación económica, más que una
convicción ideológica. Trump supo posicionarse otra vez como el rebelde
anti-sistémico y el candidato de Cambio como el David que va a Washington de
nuevo a combatir el Goliat de un sistema injusto.
Evidentemente los intereses de clase de Trump representan una contradicción antagónica a los intereses de su base de clase trabajadora. Tarde o temprano, esta contradicción esencial del fenómeno-Trump va a salir a flote y ensuciará el brillo de este “Cambio” que no traerá salvación. Sobre todo, para quienes no comparten los compromisos identitarios o religiosos de la propuesta étnico-nacionalista Trumpista. Otra contradicción fundamental del fenómeno Trump II se expresa en los nombramientos iniciales de su gabinete. Para América Latina los nombramientos presentan contradicciones en la capacidad de cohesionar la política imperial hacía la región. Van algunos ejemplos:
Marco Rubio como secretario de Estado representa, como hemos
visto, un anticomunismo agresivo e intervencionista, sin reservas en pretender
orquestar golpes de estado en América Latina.
Tulsi Gabbard
(directora de Inteligencia Nacional —es decir, encargada de las 18 agencias de
inteligencia de los EE.UU.—) ha sido muy crítica de la política exterior de
Washington y sus tendencias intervencionistas en el mundo. Pete Hegseth (Departamento de Defensa) encargado de las fuerzas
armadas. Es un veterano de Iraq y Afganistán y, sobre todo, una figura
mediática conservadora y entre los más fieles en la defensa pública/mediática
de Trump. Es un personaje muy polémico, incluso dentro de las jerarquías de las
fuerzas armadas por cuestionar los procesos disciplinares internos, poniendo en
duda una cultura de mando militar que para otros es territorio-sagrado. Otros
nombramientos, un secretario de salud (Kennedy)
sin título médico a su nombre, una embajadora a la ONU (Stefanik) sin experiencia diplomática y una secretaria de
educación (McMahon) famosa por ser
ejecutiva de una vasta red profesional de lucha libre. Elon Musk, el nuevo gran cuate y asesor informal de Trump, que
tiene miles de millones de dólares de inversiones que dependen de buenas
relaciones con China.
Más allá de lo sensacional o lo ridículo, la ausencia de un
paradigma ideológico coherente lleva a Trump a escoger personalidades leales a
él como individuo, aparentemente sin considerar la gestión en su conjunto. Esta
falta de cohesión no es menor y representa una contradicción esencial de
gobernabilidad, y a futuro entre las distintas piezas de la maquinaria imperial.
La incompatibilidad de los sujetos de su primera administración es prueba de
esta contradicción que Trump no supera. Todos estos datos obtenidos, según
medios de los controvertidos medios norteamericanos, así como analistas
internacionales político-económicos”. Toca esperar, tú.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

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