INMIGRANTES
La migración forzada se da por varios motivos, como la falta de acceso a la justicia, la precariedad laboral, la violencia estatal, la falta de acceso a vivienda digna, a salud y a servicios básicos, la crisis ambiental y climática, la violencia de género, los matrimonios infantiles forzados, la guerra, entre muchas otras; es decir, las personas que migran de manera forzada están buscando una vida digna y la defensa de sus derechos humanos.
La migración y el desplazamiento forzados actuales dejan
ver, en muchos sentidos, la síntesis de las contradicciones, dentro de los
procesos de éxodo, pues están sujetas a las varias formas de violencia
patriarcal, como, el acoso, y la precarización laboral, en un contexto donde
sus derechos no son defendidos, ni por el Estado de procedencia, ni por los
Estados receptores o de tránsito. El
desamparo y la indiferencia generan incertidumbres, pero éstas nunca son tan
grandes como las que forzaron a estas personas a migrar. ¿Y como es la
respuesta en algunos estados y sus “humanitarias sociedades?...
Desde siempre, quien afronta problemas necesita hacerlo
cargando, si pudiera ser, contra alguien que, a priori, se le antoja inferior.
Es así como se falsea la autoestima y se convierten las adversidades en molinos
de viento fáciles de acometer e imposibles de derrotar. Vencer no es el
objetivo: el objetivo es descargar la indignación y la ira acumuladas de la
forma más fácil, menos peligrosa y más cobarde.
El discurso que cala en la población, a nivel global, europeo
y local, se centra en los colectivos más frágiles e indefensos. Es lo que hacen
enemigos de la Humanidad, con mayor o menor disimulo, pero todos con indudable
eficacia. Es lo que hacen los xenófobos, los homófobos, los racistas, los
machistas o los explotadores de toda laya, pregonando la mentira como un
bálsamo de Fierabrás capaz de mitigar todo el daño que ellos mismos producen. El
neoliberalismo es la doctrina que empuñan férreamente estos embaucadores
adalides del poder exclusivamente económico que atiende a sus intereses. Y la
mentira cala como las falacias pregonadas y predicadas por todas las religiones
a lo largo de los tiempos. La capacidad
de progreso de las culturas ha sido, y sigue siendo, cercenada por la
charlatanería y la mentira convertidas en dogmas a mayor gloria de dioses sólo
existentes en mentes tullidas y necesitadas.
Señalan con sus dedos ávidos de riqueza insaciable a los
putos emigrantes, o a cualquier otro puto colectivo que no encaje en su
medieval constructo mental. Señalan ante la sociedad a los más débiles del
barrio o del patio del colegio: a quien usa gafas, a quien no ha sido agraciado
con adecuada musculatura, a quien renquea intelectualmente… Señalan a éstos y
ríen la gracia a matones, ladrones y otras malas hierbas. Ningún emigrante roba
a manos llenas dinero público. Ninguno
vende miles de viviendas públicas a los suyos. Ninguno obliga a trabajar duras
jornadas a cambio de salarios esclavizantes como la patronal. Ninguno mangonea
los ahorros de toda la vida como la banca. Ninguno especula con la energía como
las multinacionales del sector. Ninguno condena a pensionistas o dependientes
como el neoliberalismo. Ninguno destruye la sanidad y la educación pública como
los privatizadores…
Pero son débiles y ninguna fuerza de orden público, tan descerebrada como armada, protege su elemental derecho a la vida. Quienes están al límite de la razón a causa de los efectos cotidianos y constantes del capitalismo voraz necesitan un enemigo asequible y débil para descargar su indignación. Buscan al débil del barrio, al débil del colegio, a alguien aún más débil que ellos y ellas, y alguien se los señala para que los ataquen, mejor en grupo, sin misericordia: los putos emigrantes, y los putos homosexuales, y las putas feministas, y los putos ecologistas, y los putos ateos…Todos contentos. Los desalmados ocultan sus graves y escandalosos delitos y cosechan votos a cascoporro. Las élites ocultan sus miserias y vergüenzas y obtienen todo el rendimiento posible manteniendo el statu quo a la vez que incrementan su riqueza ensanchado la brecha social. Y todos contentos con aquellos pecadores y pederastas de la Santa Iglesia. Señor... Señor... a donde iremos a parar.
Fermín González salamancartvaldia.es blog taurinerías

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