¡OTRA VEZ TRUMP!
“Estamos atravesando
un periodo histórico de ascenso de fuerzas de una derecha extremista. Las
expresiones estadounidenses de esta tendencia volvieron a conquistar la Casa
Blanca, el Senado y la Casa de Representantes, con una mayoría conservadora en
la Corte Suprema. Enmarcado en tendencias ya identificadas, no es un
conservadurismo tradicional con su facciones burgueses y culturales, ni tampoco
se trata de una simple transferencia de poder de un partido a otro dentro de
los protocolos de la democracia bipartidista “ejemplar” estadounidense. Las
contradicciones han sido construidas en términos de las elecciones
bipartidistas, por lo que responden menos a indicadores objetivos y más a
líneas divisorias, definidas esta vez por el propio Trump en una reelaboración
de la derecha de su país.
¿De qué derecha estamos hablando? El ascenso del fenómeno
Trump en los últimos años gira en torno a su figura individual, pero no hubiese
sido posible sin una reconfiguración de la derecha en las últimas décadas en
los EE.UU. Trump ha sabido construir un culto de personalidad electoral y
aprovechar de estas relaciones de mutua-conveniencia, con particular fuerza en
tres escenarios:
Una potente matriz comunicacional de financiamiento
oligarca, con personalidades-estrellas capaces de impulsar narrativas
conspiranoicas que llegan a millones en tiempo real: “¡Son los migrantes ilegales que van a votar en masa y robar la
elección otra vez!” “¡Kamala Harris es una comunista disfrazada!” “¡En algunos
sitios dejas a tu hijo menor de edad en el colegio por la mañana y tu chico
vuelve siendo una chica, y sin avisar a los papás, después de una cirugía de
conversión!”. Las “verdades” de estas citas casi directas (¡y otras!) no
responden a realidades comprobables ni requieren de fundamentación. Para
sus bases, basta que el propio Trump haya afirmado que eso es así, que las
“confiables” vocerías mediáticas lo repitan, y listo: se vuelve una verdad
indiscutible para millones de personas. La masificación y normalización de
este método constituye una concepción del mundo para las bases fuertes del
trumpismo. Además, lleva a sus seguidores a entender que la propia
ciencia y sus resultados son las “opiniones” de su enemigo político. Desde los
datos objetivos sobre el cambio climático hasta la refutación del supuesto
fraude electoral o las acusaciones contra Trump como representante de intereses
millonarios, su base fuerte atribuye algunas verdades comprobables a inventos
de una izquierda liberal o comunista.
El nacionalismo-cristiano ha logrado consolidar sus bases
con un mesianismo poderoso, poniendo a marchar a los soldados virtuosos de Dios
para enfrentar los “enemigos” en todo terreno. Es lo mismo que pretenden ahora.
Desde los textos escolares hasta la maestra que los utiliza, las enseñanzas sobre
la evolución o el legado de la esclavitud son las “teorías hipotéticas” de los
nuevos campos de batalla cultural. El fervor religioso organizado incluso busca
reemplazar algunos criterios constitutivos de la “patria” estadounidense: entre
sus objetivos se encuentra refundar el país en términos explícitamente
cristianos, desconociendo la primera enmienda de la Constitución que establece
la separación entre Iglesia y Estado. Su poder político y financiamiento no es
menor. Figuras como Elon Musk y su
donación/inversión de cientos millones de dólares en la presidencia de Trump
desplaza la relevancia de otras maneras de “hacer política” por medio de
partidos tradicionales, organizaciones de base o grupos de interés público. El
aumento cuantitativo se traduce en cambios cualitativos: la burguesía del
complejo industrial militar o de las empresas petroleras ya tiene competencia
para la compra de candidatos en esta versión 2.0 de la democracia
financiarizada. La potente receta de maquinarias mediáticas que están
“manufacturando el consenso” con narrativas falsas en alta rotación traslada el
epicentro de la competencia electoral. Ya no son los proyectos políticos en
disputa sino un enfrentamiento entre cuentas bancarias electorales.
¿Y Trump? ¡Como un
tío que se dice enviado de Dios, un narcisista, también racista, misógino,
homófobo y xenófobo! A diferencia de presidentes norteamericanos anteriores
—todos orgánicos al sistema, con los buenos modales necesarios para comprender
su papel—.
¿Y esta vez? Sigue
siendo el mismo tío horrífico, y todavía no le gusta leer (tomar decisiones
informadas o fundamentadas en los hechos), pero entra a la Casa Blanca con una
victoria electoral contundente. Con mayor ímpetu y una correlación de fuerzas
más favorable, Trump tiene mejores condiciones para subvertir, reformar,
someter o remover algunos de los frenos estructurales del Estado norteamericano
que limitaron su capacidad de actuación durante su gestión pasada.
En su primer mandato, los debates sobre su carácter fascista
le quedaron grande: no tenía nivel político para cohesionar la combinación
fascista peligrosa de una ideología estructurada, un órgano comunicacional y
una organización de masas. En esta ocasión, los debates sobre su carácter
fascista tienen mayor relevancia que antes: temas como la familia tradicional,
un proyecto étnico-nacional blanco y cristiano, las libertades individuales, el
desmontaje de estructuras regulatorias y administrativas del Estado, el control
fronterizo antiinmigrante y estrategias violentas de seguridad nacional
pretenden instalarse de manera permanente en los EE.UU. El nivel de ambición y
la expectativa es mayor, con esos proyectos que proponen una reelaboración de
los cimentos fundantes de los EE.UU.
De nuevo, la historia continúa. En encuestas en los últimos años, las y los norteamericanos por debajo de cuarenta años ya no sienten el miedo al fantasma del socialismo que tuvieron otras generaciones. De hecho, entre la tercera parte y la mitad ven de manera favorable propuestas alternas al capitalismo. El péndulo de la historia nos sorprende. Si bien los vientos de un (pseudo)cambio empujan con fuerza circunstancial hacia la derecha, es cuestión de tiempo para que las contradicciones internas empiezan a florecer. Además, cuando quede en evidencia que ese “David” salvador sólo rescata a la clase millonaria, mediante un proyecto antagónico a las necesidades de las mayorías, los vientos tienen condiciones para cambiar su rumbo”.
Fermín
González salamancartv.es blog taurinerías

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