MILITANTES
El deslizamiento del lenguaje político en el espectro
ideológico, junto a la mentira en forma de sobrentendidos,
obliga a una traducción permanente e inconsciente que nos evite caer en el
autoengaño (que ya sería de idiotas), de manera que a cada realidad falseada en
el plano del lenguaje, corresponde una realidad oculta y sobreentendida en el
plano de los hechos, y así esa traducción inconsciente y automática nos permite
nadar entre dos aguas como hábiles anfibios, para no confundir, por ejemplo, el
neoliberalismo radical y extremo (pasmo y fascinación en que han caído todos
los socialismos europeos de nuestra época) con la templada y eficaz
socialdemocracia de antaño.
Cuando el régimen de un país, aunque democrático, es
eminentemente “partidocrático”,
estos son, los partidos, el primer vivero de esa mala hierba invasora, que en
forma de mentira pragmática y sectaria se confunde con la fidelidad, haciendo
así del vicio falsa virtud.
De ahí que el
militante, el simple y anónimo militante, que por lo general desconoce su
poder, sea tan importante a la hora de tener o no tener (esa es la disyuntiva)
un sistema político sano y una democracia auténtica, o en vez de ello, un nido de corrupción que desde esta base partidocracia
va minando todo el sistema y contagiando a todo un país. De esta forma, en
un régimen partidocrático, la
democracia se afianza o se frustra ya en estos humildes principios.
Enorme es por tanto la responsabilidad de los militantes, y decisiva la
democracia interna de los partidos, en cuyo ámbito es más fácil el ejercicio de
una democracia directa y ágil. En este
sentido, el mayor mal que puede acontecer a un país que aspira a democracia, es
tener en su base política unos militantes serviles que luego serán ciudadanos
consentidores y fofos.
La trasparencia y la verdad política, junto a la soberanía
legítima, debe crecer desde aquí para poder irradiar a toda la nación en su
conjunto. Que, para algunos partidos muy señalados, las primarias sean todavía
una forma de exotismo difícil de digerir, nos indica que esos partidos están
completamente invadidos por la maleza. Alérgicos a la verdad y la trasparencia,
deben convivir con la mentira que administra una camarilla de jefes en
beneficio propio.
Y esos ambientes tóxicos y cerrados, como el sueño de la razón, sólo
engendran monstruos, en apariencia fuertes, en el fondo débiles y con los pies
de barro. No hay futuro para la mentira, porque como es sabido tiene las patas
muy cortas.
Se habla mucho, casi como imperativo categórico, como
arquetipo platónico, de la obligación de «pensar en España», sobre todo ahora
que estamos en busca de una alternativa (que no aparece) a este gobierno. Pero
¿Qué es «pensar en España»? ¿» Pensar en España» es pensar en Panamá o las
Islas Caimán? Esperemos que no, pero pudiera ser.
Pudiera ser que «pensar en España» fuera pensar y defender
un sistema o un régimen injusto que nos favorece, a nosotros en concreto. Que
para eso somos España, aunque para otras cosas no. Así vemos que, a la hora de
pagar impuestos, a muchos España se les va de la mente.
Y este es un claro ejemplo de esos
sobreentendidos
cuya traducción automática no se nos ofrece, y que contribuye al doble lenguaje
de toda sociedad malsana. Puede comprobarse, poniendo atención a cuantos “Pontífices”,
salvadores y puros defensores de la patria, que están muy cerca de nosotros, y
agitan hipócritamente, la bandera de la solución, y se
sobreentiende, que son españoles.
– la cosa no tiene ni pizca de
gracia Tu-.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerias
No hay comentarios:
Publicar un comentario