NAVIDAD - ENTRE LA IRA,
LA CRISPACIÓN Y LA NECESIDAD-
Nunca como ahora necesitamos un año nuevo. Necesitamos un
año que no nos regale las atrocidades, desolación, miedo, despropósitos y
muerte. Necesitamos un nuevo año con distinto porvenir, al que dejamos atrás.
Necesitamos saber que otras Navidades, no van a ser así, que nos alumbrara un
nuevo año con mentes sanas, para superar este 2024 podrido, diabólico y triste,
muy triste. Testigos son Gaza, Ucrania, Valencia, por ejemplo.
No es precisamente este comentarista un defensor a ultranza
del espíritu navideño. Uno va dejando a través de los años muchas penas por el
camino. Sin embargo, sí puedo observar que cuando se aproxima la Navidad,
siempre hay un lugar para los recuerdos, las nostalgias, de aquellas fiestas,
que llenaban de alegría nuestras mocedades.
Hay una euforia que se desprende del ambiente y penetra en el alma de los
humanos, capaz de suavizar por unos días los más duros corazones.
Estas festividades, nos hacen percibir, que son como la
mejor medicina aplicada para superar la decadencia, en el que nos vemos
inmersos la mayoría de los días del año en curso. Los reflejos navideños, son brillos
que mantienen su intensidad independientemente de los años, de las pupilas que
los devuelven intensificados por emociones que aprovechan para salir a la luz y
mostrarse abiertamente, incluso las pupilas de aquellos, que, por unas causas u
otras, niegan la importancia de estas fechas, se ven invadidas por el ambiente
y obligadas a retransmitir el mensaje festivo, algunas veces en contradicción
con lo que dicen sus palabras.
Esta festividad, que nos acerca al desenfado, al bullicio, y
nos inclina a perdonar, es importante aprovechar la ocasión para romper
monotonías, recordar emotividades, transmitir deseos, fabricar pronósticos,
formular intenciones, alejarnos de lo superfluo, y de aquello que nos pueda
contaminar negativamente, y así prepararnos para superar el duro invierno, pero
revitalizante y portador de nuevas primaveras y sueños de veranos.
Es la época apropiada para vivir excesos de comida, de
bebida de comenzar a revivir y reproducir nuevos sentimientos que saltan en el
ambiente como pedacitos de un espejo roto por el suelo, que reproducen
repetidamente la misma imagen, nuestra
coraza, esa que llevamos como lastre durante prácticamente el resto de los
meses del año, explota y la dejamos caer desprendiéndonos de su carga, y al
hacerlo nos llena de nuevo la plenitud sentimental y actuamos repitiendo
parabienes a nuestros semejantes, amigos y familiares, repitiendo en cada ocasión
y en cada esquirla de los añicos de espejo nuestros mejores deseos navideños y
mejor futuro.
Y aunque la calle está dominada por la ira, provocado por el
temor hiriente de un futuro, que empezamos a presentir apestoso, maloliente,
negativo y violento, donde estamos perdiendo calidad de vida, enzarzados en
buscar una salida, que nunca llegara ante tanta palabrería inconsistente, tanta
malversación indecente y tanta corrupción en exclusiva de clase dirigente
omnipotente una vez elegida en la urnas democráticamente… ¡Que gracia, que la democracia activa por el poder que emana de la
gente, crea la clase que luego domina y engaña!.
Difícil definir ese tipo de ira que se queda en ruido no
sordo, sino ensordecido, cuatro palabras más altas, algún insulto enviado a un
televisor que permanece impasible mientras continúa enviándonos mensajes, los
mensajes que ofenden nuestras tripas, que no es que sean muy exigentes, pero
que ya no pueden digerirlos. Una rabieta retroalimentada entre amigos con
similar criterio, afectados por los problemas, que nos insultan en su imparable
sucesión provocara nuestra ira, que se apacigua al llegar la hora del siguiente
compromiso, donde la acción del momento llevara al olvido nuestro enfado
dejándonos sumidos en estado de ira “apacible”. Y entre la crispación, el enfado, el despropósito y el desasosiego
contumaz, continuamos sufriendo a la clase dirigente, blindada en sus prebendas
aprovechándose de la necesidad que como sociedad tenemos de ellos y divirtiéndose,
al ver nuestra irritación inservible, irritación enfado y enojo que no deja de
ser como el gas de la gaseosa, un poco de ruido al dejarla libre pero que desaparece
ante esa misma libertad. Y sin embargo a pesar de todo:
No quiero desperdiciar está ocasión anual, por eso aprovecho
para enviar una profusión de sentimientos positivos presididos por la suerte,
que no se si existe, pero es importante. Les deseo a todos…¡¡¡ FELIZ NAVIDAD?! ¡Y UN AÑO NUEVO QUE NOS
PERMITA VOLVER A SER!
Fermín González salamancartvaldia.es blog taurinerias

No hay comentarios:
Publicar un comentario