ISRAEL Y PALESTINA: HISTORIA DE UNA GUERRA CRUEL, SIN
FINAL (I)
En Oriente Medio el principal foco de conflicto era
Palestina. La ONU había aprobado una partición del territorio esencialmente
injusta: concedía a los judíos más de la mitad del territorio cuando su
población era muy inferior a la de los árabes. Y, aun así, los sionistas no la
consideraban suficiente: querían que toda Palestina
fuera territorio israelí. Los sionistas decían que Palestina estaba
inmersa en una guerra civil que se había iniciado el mismo día en que la ONU
aprobó la partición, pero era una forma muy peculiar de describir la situación. Por otra parte, David Ben-Gurión envió a los Estados
Unidos a Golda Meir a recaudar fondos para el terrorismo
sionista. Nacida en Ucrania, Meir
había emigrado de niña con su familia a los Estados Unidos, y luego había emigrado a Palestina con su marido.
Para asombro de Ben-Gurión, en
apenas un mes recaudó 50 millones de dólares, y pronto Meir se convirtió en su
mano derecha y le confió toda clase de misiones diplomáticas. Llego a 1ª
ministra
El 6 de febrero de 1948, el Alto Comité Árabe
publicó una declaración en la que se decía:
Los árabes palestinos consideran que cualquier intento
por el pueblo judío o por cualquier otra autoridad de establecer un Estado
judío en territorio árabe es un acto de agresión que será resistido por la
fuerza. [...]
Se le prestaría un mejor servicio al prestigio de las
Naciones Unidas abandonando ese plan y no imponiendo tal injusticia. [...]
Los árabes palestinos juran a muerte ante la ONU, ante
Dios y ante la Historia que nunca se someterán a una potencia que venga a
Palestina a imponer una partición. La única forma de establecer una partición
es deshacerse de todos ellos: hombres, mujeres y niños.
Así, el 2 de abril, a medianoche, una compañía bajo el
mando de Uzi Narkis la tomó al asalto y los árabes se vieron
obligados a abandonar sus hogares. Era
la primera vez que una población árabe era ocupada por judíos. Los judíos
sacaban camas de las casas, ponían en ellas a sus heridos y obligaban a las
mujeres y a los ancianos árabes a transportarlas hasta las ambulancias para que
actuaran como escudos humanos frente a los francotiradores.
Se calcula que los judíos mataron a más de un centenar de
aldeanos, la mayoría ancianos, mujeres y niños, y se llevaron 150 prisioneros a
Jerusalén. El propósito de este crimen de guerra era explícitamente el de
aterrorizar a los árabes para que en el futuro huyeran de sus hogares cuando se
acercaran fuerzas judías. “El comandante
de la operación, Ben-Zion Cohen, declararía más adelante que si
hubiera habido tres o cuatro operaciones similares, no habría quedado ni un
solo árabe en el país”. La matanza tuvo una gran repercusión. Los árabes
trataron de exagerarla para incitar a los palestinos a combatir a los judíos,
pero el efecto fue el contrario: durante los meses siguientes se produciría un
éxodo masivo de palestinos que abandonaron su territorio. El jefe de la banda
terrorista, Menájem Beguín, calificó
la toma de Deir Yassin como un "espléndido
acto de conquista" que serviría de modelo para el futuro. En una
nota a sus oficiales escribió:
Decid a los soldados: Habéis hecho historia en Israel con
vuestro ataque y conquista. Continuad así hasta la victoria. Igual que en Deir Yassin, en todas partes atacaremos
y aniquilaremos al enemigo. Dios, Dios nos ha elegido para la conquista.
Disfrazada de árabe, Golda Meir había viajado hasta Transjordania y ahora se entrevistaba con el rey Abdullah I. No era la primera vez que se veían, sino que habían coincidido previamente en otras negociaciones. El rey le dijo que su intención inicial era hacerse cargo del territorio que la ONU había asignado a los árabes, pero que después de la carnicería de Deir Yassin y de los continuos crímenes de guerra que estaban perpetrando los judíos, no tenía más opción que ocupar toda Palestina y que lo máximo que podría hacer es garantizar una forma de Estado Autónomo dentro de su reino, confiando en que podría llegar a un acuerdo con las autoridades judías cuando se calmaran las aguas. El rey dijo: ¿Por qué tenéis tanta prisa en proclamar vuestro Estado? ¿Por qué no esperáis unos pocos años? ¿Yo tomaré todo el país y vosotros estaréis representados en mi parlamento? Os trataré muy bien y no habrá guerra. Meir respondió: Majestad, nuestro pueblo ha estado esperando 2.000 años. ¿Podría usted llamar a eso "prisa"? Meir recordó entonces que se había acordado una partición del territorio, pasando por alto que el acuerdo no incluía el exterminio o la expulsión de los árabes que vivían en la parte judía, así como la intención de los judíos de apropiarse igualmente del resto de Palestina. En realidad, el interés del rey por Palestina consistía principalmente en evitar la creación de un estado árabe gobernado por el muftí de Jerusalén, que podría hacerle sombra precisamente por controlar Jerusalén, que también era una ciudad sagrada para los árabes, por detrás de La Meca. La existencia de un Estado judío en sí mismo no le preocupaba. Pero los crímenes sionistas no le daban opción de defender una postura moderada entre los árabes.
Documentación
histórica (Carlos Iborra)
Fermín González
salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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