VOTAR: A QUIEN Y POR QUÉ
“El optimismo exige cada día mayores dosis de ceguera,
excepto en el caso de que sea usted alguien que disfruta con la desgracia
ajena. Ya sabe… banquero, consejera de Endesa, ejecutivo de Telefónica,
fabricante de armas, presidenta de multinacional… gente hecha a sí misma con la
mochila de los escrúpulos completamente vacía y sus cuentas corrientes al borde
de la saturación. Esta gente, que ha aprendido a cumplir sus objetivos
renunciando a su humana condición como premisa indispensable para alcanzar la
felicidad, sueña con figurar en la lista Forbes.
Son el tipo de gente que reparte granos de optimismo
calculados, dosificados, a esa sociedad de la que extraen, por cada grano,
montañas del milenario oro llamado plusvalía. Son insaciables y pretenden ser
invisibles llamándose mercados. No le dé más vueltas, abra los ojos si aún no
se los han sacado, mire a su alrededor: son ellos y ellas, apóstoles de la
codicia, quienes gobiernan y mandan. O mejor no mire, para evitar la pulsión de
tomar las armas: muy poca gente lo entendería y sería usted víctima de la
sospecha ciudadana.
Hoy que lo de Podemos va quedando en gatillazo, que IU ha
vuelto a caerse de la cama, que Ciudadanos se fue al garete, aparece Sumar como
nuevo partido que aglutina otras tantas minorías, y lo de Vox que, aporta al
burdel patrio chulos frescos, negacioncitas, abanderados nostálgicos y
conchabados, votar está muy complicado.
El “que se jodan” es el grito de guerra de los mercados, el que mejor define la
pesimista realidad española: si les votamos, nos jodemos y, si nos abstenemos,
también nos jodemos.
La ideología permea en la sociedad formando constructos
cavernarios con persistencia y constancia, gota a gota, al estilo de las
letanías, los rosarios y el método Goebbels: repitiendo mil veces una mentira
se fabrican verdades con vocación de eternidad que solidifican y se tornan
inamovibles con el paso del tiempo. Las religiones y las dictaduras,
pensamientos únicos, lo saben, y también saben que la fe mueve montañas. Cuando
la sociedad en su conjunto se torna agreste y asume la ignorancia como estilo
de vida, abre sus puertas a la barbarie.
El progreso es lento porque exige meditar, razonar, analizar, ponderar, debatir
y elegir con criterio, gota a gota, la mejor opción para cada asunto en cada
momento. En cambio, el retroceso es ágil y veloz, a veces instantáneo: basta
conseguir que la masa abdique de la inteligencia, empresa fácil de llevar a
cabo por quienes cuentan con los medios y el método adecuados para que la razón
ceda el paso a lo sobrenatural, a lo ideológico, sustentado en falacias y
amenazas.
La Historia acumula advertencias que las personas ignoran
como si se tratara de pasajes apócrifos de un libro sagrado. Gota a gota, a
veces de sangre y siempre de sudor y lágrimas, la persistencia de la realidad y
la constancia de la razón han facilitado el progreso de la sociedad, en cuanto
a derechos cívicos se refiere, que las nuevas generaciones disfrutan
despreocupadas, como si fuese maná caído de un cielo inagotable. Sin embargo,
ocurre con frecuencia que esas generaciones prefieren sobrevivir en un valle
anegado de lágrimas, pero ubicado entre Sodoma y Gomorra.
La Historia enseña que la satisfacción de la inmensa mayoría produce a la élite minoritaria un malestar y una indignación crecientes. Estos episodios suelen desembocar en odio, ira y furia que derivan, a causa de la vesania de los líderes conservadores, en la muerte civil de los derechos y la muerte física de sus beneficiarios. Véase si no el capítulo reciente de la Historia de España en el que fueron derribadas las bases de la Democracia y la Libertad mediante un sangriento golpe de Estado y 40 años de dictadura represiva, la más longeva del mundo civilizado. En el siglo XXI, aún colea. Y el mundo entero entiende, que debemos ponerle fin… Pero, me temo que, aún nos queda alguna generación más para concluir. - Y ahí lo dejo”… Ustedes sabrán…
Fermín
González salamanvartvaldia.es blog taurinerías

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