EL MUNDO QUE VIENE
La palabra «economía» proviene del griego oikonomía, que
significa «las reglas necesarias para llevar o administrar una casa, o una
familia». En la acepción actual, economía es una ciencia que engloba las
nociones sobre cómo las sociedades utilizan recursos escasos para producir
bienes, y cómo han de ser distribuidos; algunos libros de texto de nuestros
días la definen incluso como el estudio del comportamiento humano en tiempos de
escasez; es decir, que el concepto vigente de la economía incorpora la escasez
como punto de partida, y la escasez se define básicamente como un escenario de
insuficiencia de recursos fundamentales para satisfacer las necesidades de un
individuo o de una sociedad. Pero, ¿realmente vivimos en un mundo con escasez
de recursos? ¿Realmente enfrentamos —como dice la definición etimológica de
economía— una insuficiencia de medios y bienes para esta casa, esta familia,
que somos todos los habitantes del planeta?
En el informe
Desperdicio de alimentos en época de crisis, elaborado por la Organización de
las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas
en inglés), se determinó que anualmente se desechan en el mundo 1.3 millones de
toneladas de comida; la mitad de esos alimentos van a dar a la basura aun antes
de llegar a los consumidores, dando también a conocer, que si los países más
desarrollados hubieran cedido apenas seis días de su partida diaria destinada
al gasto militar podrían haberse cubierto los dieciséis mil millones de dólares
necesarios para que los niños de todo el mundo recibieran educación básica.
Entonces ¿está el mundo realmente en crisis y en condiciones de escasez de
recursos, sean estos naturales o monetarios? ¿O será más bien que la crisis que
enfrentamos es de otra índole, tal como afirma el citado informe?
Lo que genera escasez no son nuestros medios, sino nuestras
percepciones. El sistema monetario actual es la manifestación de una mentalidad
que ha dominado a la sociedad durante siglos enteros, se equipará al actual
sistema con el juego infantil de las sillas: si hay más jugadores que sillas,
todos competiremos e incluso pelearemos con otros con tal de encontrar un
sitio, pero irremediablemente alguien quedará fuera - así es el juego, y
nosotros, al participar, creamos y recreamos a un sistema que acaba volviéndose
contra nosotros-. Y luego aparecen trampas como la avaricia o la usura, que no
son, como solemos pensar, las causas de la crisis, sino meros síntomas del
fallo sistémico. Pero las reglas del juego pueden cambiarse, y por eso, esta
crisis es una gran oportunidad para hacernos otro tipo de preguntas. Tal vez
tardaremos algún tiempo en encontrar respuestas, pero al menos emprenderemos
caminos diferentes que nos lleven a nuevas conexiones, tanto con nosotros
mismos como con el planeta que habitamos, puesto que estos son los verdaderos
recursos con los que contamos.
Por qué, como dijo en su momento el también filósofo y
fundador del idealismo alemán Immanuel
Kant, «en un mundo redondo, todos nos acabamos encontrando»; al parecer, ya
él había comprendido esta misma clave desde el siglo XVII. La afirmación, nunca como hoy, cobra tanto sentido, pues, poco a poco
pero a pasos agigantados, los problemas del mundo nos están acercando y
cercando más: destrucción del medio ambiente, desastres naturales por el cambio
climático, riesgos alimentarios, pobreza extrema, migraciones masivas,
derrumbes financieros, precariedad laboral, inseguridad y violencia, estas
situaciones son comunes para todos hoy, y de alguna manera nos igualan, sin
importar en qué latitud del planeta nos encontremos o a qué supuesta clase
social pertenezcamos. A pesar de que la realidad nos une, aparentemente es
nuestra idea de economía y dinero lo que nos separa. ¿Te imaginas una sociedad
en la que el mayor prestigio y poder recayera en quienes mostraran una mayor
propensión a dar? ¿Cómo sería el mundo si el nuevo dinero estuviera respaldado
por riquezas como el agua limpia, el aire sin contaminar, los ecosistemas
saludables y el acervo cultural?
El informe Desperdicio de alimentos en época de crisis daba a conocer que las personas suelen tirar a la basura un tercio de la comida que se sirven. Lo cierto es que esta tendencia se repite no solo en el consumo de alimentos, y no solo en los países más ricos; en general, la nuestra es mayoritariamente una sociedad donde impera el hiperconsumo, donde querer tener enmascara el verdadero deseo interno de querer ser. Comprar es, pues, nuestro personal tributo al dios–dinero, y es la forma en que nosotros incentivamos el sistema financiero, el mismo que está, con participación nuestra, acabando con los recursos humanos y naturales del planeta. Sin embargo, y motivados por esta nueva conciencia que nos heredan las varias crisis que estamos enfrentando, hay una tendencia creciente de diversos movimientos que están, cada uno a su manera, poniendo en práctica nuevas formas de economía y subsistencia, nuevas maneras de «administrar» la casa, buscando restablecer la conexión perdida con la naturaleza y con el propio ser humano. Por el momento rebuscamos entre las utopías… Pero algo se comienza a sentir… o eso creo…tú.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerias

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