ANTE EL ESPEJO
“España vuelve a mirarse en el espejo arrugado de la
historia con ojos deslucidos que no le permiten ver su mustio presente con la
crudeza que reflejan los rostros de sus habitantes. A la hora de mirarse al
espejo, el pueblo fija la vista en detalles superfluos y ornamentales que le
distraen y le ayudan a esquivar sus propias pupilas, esas que hablan desde el
interior de cada persona cuando se contempla a sí misma. La gente elige atender
el orden estético y posar los cinco sentidos en posibles descuidos indumentarios
antes que, sobre la pulcritud del alma y el aseo de la conciencia, prefiriendo
acicalarse para ser mirada en lugar de hacerlo para ser interpelada.
Los espejos de
cristal desertaron de los hogares cuando los invasores tubos catódicos les
derrotaron en la tarea de reproducir la imagen de sus moradores y responder a
la pregunta «¿quién es la más guapa?» También venció el usurpador en la
misión de mostrar una realidad alternativa, al otro lado del espejo, capaz de
ofrecer un país de las maravillas distinto cada día y diferente para cada
persona. La televisión ha mostrado sobrada capacidad para que el público acepte
la fantasía como única realidad posible, dado el desagradable ejercicio que
supone para cualquiera reconocer su propia miseria, la mezquindad de la vida y
la orfandad de perspectivas futuras que devuelven hoy los espejos cuando se les
mira a los ojos.
El país de las maravillas ofrecido desde el otro lado del
plasma permite a la ciudadanía arropar su desconsuelo con la raída manta de las
desgracias ajenas y proliferan programas donde personajes lamentables no dudan
en desnudar sus cuerpos y, aún más deplorable, sus mentes para demostrar que el
espectador no es lo más penoso y desdeñable de la humanidad. Son modelos que
copan un porcentaje desolador de la parrilla en cualquiera de los canales que
un dedo puede seleccionar a distancia. La
identificación con el producto televisivo permite al espectador conservar
una remota sensación de libertad para elegir hasta ver en el espejo rostros y
cerebros mucho más deteriorados que los suyos. Son estos entretenimientos
eufemismos visuales de la alienación.
El espejo de plasma
también muestra una versión oficial de la realidad, grata y útil para quienes
escriben el guion y manejan la cámara en cada época determinada o de quién
mueve los hilos de las marionetas que la interpretan. Sin rubor, se muestran
como oportunidades negocios que, en otros momentos, eran y serán simple y
llanamente alteraciones de la legalidad en favor de intereses privados. La
corrupción de estado es el decorado para la acción y el pueblo es el repertorio
de figurantes damnificados por unos y por otros. Se trata de una deplorable
imagen virtual que los gobernantes ofrecen como alternativa a la insoportable
realidad de los gobernados.
La versión oficial muestra la corrupción política de este
país como el reflejo de quien se contempla en el espejo, del espectador acusado
de ser el gusano que pudre el fruto patrio. Son las carcomas del estado, entre
bocado y bocado a los cimientos sociales, quienes tildan de gusano al pueblo,
quienes le acusan de querer sobrevivir y quienes proponen como modelos a
seguir, por ejemplo, a Florentino, Botín,
Bárcenas, Urdangarin, Baltar, Mulas, la familia municipal de Manilva (Málaga)
y otros creadores de ilusiones millonarias al alcance de cualquier ciudadano
que, desprovisto de imagen ética en su espejo, carezca de escrúpulos para
colocar la miseria tercermundista, la corrupción y la codiciosa especulación
(distorsión de un espejo) en la lista Forbes o en paraísos fiscales. Son
espejos a los que mirar para distraer de la versión original.
Si se apagaran los televisores, las miradas inquietas quizás encontrarían en algún rincón de cualquier hogar, agazapada, una tabla de cristal azogado por su parte posterior que refleja los objetos situados delante de ella, incluidas las personas. Se llama espejo y no engaña”.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

No hay comentarios:
Publicar un comentario