SIN LUCES
¡La energía en España
es barata! Y si piensa que es cara, es usted imbécil. Así de claro. Hay que ser
soberanamente imbécil o tonto- como prefieran- para no tener una nómina de
60.000 € para arriba en un puesto de trabajo fijo con buena indemnización en
caso de despido. Hay que ser extremadamente imbécil para no participar de
alguna caja B. Hay que ser imbécil
integral para no tener cuenta en paraísos fiscales. Hay que ser imbécil de
vocación para aceptar el gélido dictamen liberal de que el mercado se
autorregula con sus truculentas reglas. Lo dicho: hay mucha imbecilidad en
España.
¡No… ¡La energía no es cara! Otra cosa es que el mercado
laboral sea tan extremadamente barato que la energía sea cómodamente accesible
tan sólo para esa selecta minoría de empleadores y explotadores que glosan las
excelencias del sistema neoliberal. El
resto, la turba pensionista, desempleada o precarizada, es sencillamente la
imbécil masa que vota a la mafia política que posibilita que la mafia
empresarial, la mafia bancaria, la mafia energética, la mafia constructora y
otras mafias les dejen los bolsillos como páramos adquisitivos
¡No... ¡La energía no es cara! Es barata. Y solidaria. Sí,
solidaria. Téngase presente la encomiable y loable actividad de la obra social
de las compañías eléctricas para incrustar en sus consejos de
administración a los excedentes políticos sin importar si son de derecha, de
centro o de izquierda, si son españolistas o independentistas, da igual.
Solidaridad indiscriminada. Y no son pocos los casos, tampoco desinteresados.
¡No… ¡La energía no es cara! De ser más barata, Endesa,
Iberdrola y otras compañías no podrían lavar su imagen, ¿y algo más?,
patrocinando la salud y los valores a través de millonarios patrocinios
deportivos y de otra índole. Es elogiable que las eléctricas sepan optimizar
nuestro dinero de forma que sintamos que el negocio del fútbol, del baloncesto
y otros son nuestros. Así es la ciudadanía española: generosa, tonta e imbécil
¿a partes iguales?
No sea imbécil: haga una trampa en la farola de la esquina y
disfrute de cien años de perdón; atraque un banco y saboree cien años de perdón.
No sea imbécil: presuma de lo que ha hecho en las últimas elecciones si ha
votado a los partidos que hacen el juego sucio a la banca, la patronal y las
eléctricas (alguien debe haberlos votado para que se arroguen tamaña
impunidad).
Y ya sabe: en los próximos comicios, vote a la canalla para
que la energía siga siendo tan barata y su salario (si lo tiene) o pensión tan
miserable, o más si se les antoja, como eso que le ingresan en el banco a fin
de mes y usted saca a punta de comisión. La energía en España es barata y la
españolidad imbécil. Tan imbécil como para admitir un impuesto al sol y volver
a votar a quien lo impone. Y vuelvan una y otra vez a entontecernos, conque de
nuevo seamos capaces de ver luz al final del túnel, cada día con una patraña
nueva, con el fin de influir entre el miedo y la esperanza, para que el
entontecimiento ciudadano no se extravié mucho de lo programado, para que
seamos capaces de ver la luz blanca entre la nube. El lugar natural de las
nubes es la atmósfera, donde, dispersada toda la luz visible, se muestran
blancas. Cuando aumentan demasiado su grosor o su densidad, impiden que la luz
las atraviese, viéndose grises o incluso negras. La presencia o no de nubes y,
en su caso, la densidad de las mismas determinan que los días se
perciban claros, nublados, grises o negros, y que los estados de ánimo se
impregnen de la jornada cotidiana.
Vivir en un país alumbrado por el sol casi 3.000 horas al año debería invitar al optimismo, al igual que a portugueses, italianos y griegos. Sin embargo, desde 2008, los países del sur de Europa, los soleados, experimentan la realidad sombría de nubes artificiales desplazadas a ras de suelo desde los países del norte en forma de tormenta económica. Las negras nubes, producto de la ingeniería financiera, nada tienen que ver con la atmósfera y los fenómenos naturales, y que les voy a decir del túnel inventado, que tiene conmocionados a los tontunos, mirando a un lado y a otro buscando tan solo claridad para poder sobrevivir… Y en esas estamos, otra vez... ¡los tontos a las urnas! Y allá vamos… sin remedio tú.
Fermín González
salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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