DEFENDER AL LECTOR
El fin de año es, tradicionalmente, época de balances y
propósitos. Una mirada sobre el año que se avecina con los pies en el año que
se despide. Los lectores, son los que
hacen grandes los diarios, y estos algunas veces cuestionan a los que
suscitamos opinión y nuestra visión de la realidad. Es difícil entrar en
debate con cada uno de ellos, pero, aunque sea una vez al año, tal vez sea
bueno fijar algunas premisas.
Una de las verdades, para quien esto firma, es que cada
articulo debe basarse en el relato fidedigno de los hechos. Aunque esto pueda
parecer una obviedad, las cosas no están tan claras, uno refleja argumentos y
opiniones, sin haber comprobado, leído, contrastado incluso experimentado y
vivido la cuestión sobre la que se estima, y luego por medio de la palabra
intenta crear un estado de opinión. Si; hoy ya sabemos que todos somos “opinoadictos”. Se extiende la idea de
que hay versiones para todos los gustos y- que para los gustos están los
colores-, es decir, elija usted el diario, la emisora o canal de su gusto y tendrá
la realidad que le plazca. El periodismo se convierte así en una prolongación
de la propaganda política o de la publicidad comercial. No hay manera de saber,
con certeza qué pasa. Solo tendremos
versiones interesadas de la realidad, “no importa que la información no sea
susceptible de análisis. De hecho, precisamente porque los comentarios y
noticias son un animal complejo y resbaladizo, se debe estar en la mejores
condiciones y virtudes más destacadas para que el comentarista, este en
disposición de poder emitir opinión razonada y consensuada, pues este debe
diferenciarse de aquello que es entretenimiento, propaganda, las obras de
ficción o el arte por su disciplina de verificación.
La propaganda vende hechos o los inventa con el fin de
alcanzar su verdadero objetivo: la persuasión o la manipulación”. El
periodismo, no tiene nada que ver con la falsificación de los hechos en
beneficio de una interpretación determinada. Eso no es periodismo. No hay
versiones para todos los gustos: o lo dijo o no lo dijo; o se reunieron o no lo
hicieron; o fueron cuatro a fueron tres. O tienes manera de demostrar que es
verdad lo que relatas como hechos ciertos o no la tienes. Hoy desgraciadamente
se pretende que los lectores olviden en que consisten estas reglas y que duden
de todo. Pero el asunto es bastante
simple: uno puede opinar lo que quiera sobre unos hechos determinados, pero no
cambiar esos hechos a su propia voluntad, a su ideología, para justificar su
opinión predeterminada. Eso, por decirlo de alguna manera es una basura,
que ignora la realidad, y desgraciadamente abunda mucho.
Que la objetividad sea inalcanzable para los seres terrenales
no supone el menos impedimento para hacer llegar por el comentarista la
calidad, la seriedad y el rigor de sus escritos. Las redacciones viven en un
contexto sociopolítico, naturalmente, y pueden estar sesgados de prejuicios,
lastrados por errores de apreciación o informados por fuentes interesadas, y
rara vez pueden disponer de toda la información relevante, y formular buenas
hipótesis de trabajo, de una parte, esencial de su oficio, o que, sin serlo,
sea capaz de estar en disposición de poder emitir opinión o critica, bien
estructurada, fuera de apasionamientos o inclinaciones interesadas. Disponer, o
estar al tanto de información y evaluar los contextos en que se producen los
hechos, son la forma más relevante para comunicar e informar con solvencia. No
siempre es fácil y más cuando los que blasonan poder se empeñan en ocultarla.
Lo que suele ocurrir, en esos casos, es que, los que dan su versión interesada
de los hechos se erigen en los portadores de la verdad, y esto cuando menos
tanto para comunicadores como para los lectores… Es lamentable… Claro,
evidentemente es una opinión…
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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