DESCUBRIR AL
MENTIROSO
Corrupción, estafas, dobles vidas… Tanto en la vida pública
como en la privada, vivimos rodeados de engaños, y además si nos asomamos al
balcón de la política, de aquellos que deberían con rigor, seriedad y
sinceridad no mentir a sus conciudadanos, que han depositado en ellos
confianza, no engañarlos de la forma más descarada y ruin, pues en el fondo de
la ausencia de claridad suele haber una mentira y una injusticia. Para ocultar
la verdad nos valemos de la envolvente mediático de las palabras, de frases vacías,
simples y sin contenido. Sin embargo; también existe (o eso al menos dicen los
eruditos) la posibilidad de
desenmascarar por errores que comete el mentiroso.
No hay garantía de que los cometa, sobre todo si la mentira
se sostiene por un corto periodo de tiempo, con lo que todas con lo que no todas las mentiras necesariamente
fallan. Pero lo normal es que lo haga. Aunque hay verdaderos “profesionales de
la mentira” que evitan cualquier signo delator, la mayoría de nosotros
cometeremos mas bien pronto que tarde errores evidentes que desenmascaran
nuestro engaño. Y aún en caso de grandes mentirosos, nadie puede controlar todo
lo que ocurre a su alrededor ni evitar que un suceso fortuito le delate. Hay
según especialistas, dos indicios fundamentales del engaño: los indicios
reveladores y los indicios de comportamiento mentiroso. En el primer caso se
trata de manifestaciones que hacemos sin querer y que ponen de manifiesto la
verdad (por ejemplo, mentimos que estamos
reunidos con “fulano” y a los tres días accidentalmente negamos haber hablado
con él). En segundo caso, el mentiroso, sin decir nada que le delate
específicamente, se comporta de manera que revela que lo que nos está diciendo
no es cierto.
Los indicios revelatorios son más fáciles de controlar que
los de comportamiento. Saber lo que uno está diciendo es relativamente fácil,
mientras que conocer lo que nuestra expresión verbal o facial revela es
complicado. (Observen esta cualidad en
muchos de los políticos de “medio pelo”, si, esos que nos quieren tomar por ignorantes
atolondrados). Además, la expresión facial está conectada con zonas del
cerebro vinculadas a las emociones, que son de difícil control voluntario. En la voz y en los gestos encontraremos
grandes pistas para detectar la mentira. Dentro de los indicadores de la voz,
pausas demasiado largas o frecuentes, y vacilaciones al empezar a hablar cuando
nos interpelan, nos ha de poner en alerta. Y dentro de los gestos, un parpadeo
inusualmente rápido o la incapacidad de sostener la mirada serán claramente delatores.
El mentiroso puede hacer gestos muy elocuentes que contradigan lo que dice o
reducir notablemente la gesticulación, señalando que inventa lo que dice.
Es importante tener en cuenta que hay gente entrenada a lo
largo de los años para mentir que no caerán en los errores obvios, y que todas
valoraciones de expresiones corporales solo pueden hacerse en comparación con
el nivel habitual del sujeto, y pensar que miente por un comportamiento que es
natural en él. Pero las pistas que menos engañan y escapan del control del
mentiroso son las relacionadas con la alteración fisiológica del cuerpo:
respiración entrecortada, sudoración, enrojecimiento… pero aun así los
mentirosos convulsivos aprenden a no sentir la tensión de esas reacciones. A veces sin darse cuenta, el que engaña da
muchas más explicaciones de las solicitadas. Y otra técnica consiste en
decir la verdad de forma inverosímil para que no se crea, “admito una noche de fiesta, y describo una gran cantidad de detalles
de la misma”.
En definitiva. Mentir no es neutro y tiene fatales consecuencias para las relaciones. La confianza se teje poco a poco, y se rompe con una sola mentira. Tras una mentira podemos obtener el perdón, pero seremos objeto de sospecha en adelante. Se necesitarán muchas verdades y mucho tiempo para volver a merecer la confianza de aquel a quien hemos mentido. Como afirmo Nietzsche, “lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti”. El caso que hoy, nos hemos acostumbrado tanto a la mentira, que hay que poner mucha atención para descubrir la verdad… Y eso a mi modo de ver… es una pena. Verdad.
Fermín
González salamancartvaldia .es
blog taurinerías

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