HACERNOS FOTOS
Durante mucho tiempo- al menos durante unos cuantos
decenios-, las fotografías han sentado las bases, sobre las que se juzgan, y se
recuerdan los momentos importantes. Hoy prácticamente todo el mundo es un
fotógrafo, en su caminar diario cientos de fotografías, o videos, recogen en
tiempo real lo que este aconteciendo en cualquier parte del mundo. Pero además de todo esto, todos tenemos
un pequeño cofre, en el formato, que deseemos, en cual almacenamos, nuestras
fotografías, que son para muchos de nosotros un tesoro íntimo, al que acudimos
cuando queremos o sentimos añoranza de aquellos momentos, de aquellas personas,
y seres queridos, que nos devuelven un poco a la nostalgia, de aquel tiempo
pasado. Las fotografías ejercen un poder incomparable, para determinar lo que
recordamos de los acontecimientos. Es sin duda el museo de la memoria.
Vivir es ser fotografiado, poseer el registro de la propia
vida, y, por tanto, seguir viviendo, sin reparar o aseverando que no se repara,
en las continuas cortesías de la cámara; o detenerse y posar, actuar es
participar en la comunidad de las acciones registradas como imágenes. Las
expresiones de complacencia ante muchas de las cosas que hoy se nos representan,
son parte de nuestra historia. Hay una complacencia primordial en ser
fotografiado, a lo cual no se tiende a reaccionar hoy día con una mirada fija, directa y austera
(como antaño), sino con regocijo. Los hechos están en parte concebidos para ser
fotografiados. La sonrisa es una sonrisa dedicada a la cámara.
Evidentemente: la visión de las fotografías, puede
despertarnos alegría, cierta nostalgia, o buenos y malos recuerdos. Hoy desgraciadamente vemos muchas imágenes
donde el sufrimiento y las humillaciones de un ser humano hacia otros, es una
realidad palpable ¿Cómo puede alguien sonreír ante estas aberraciones? Da
la impresión de que es una pregunta ingenua, pues la respuesta es, evidentemente; las personas
hacen esto a otras personas. El abuso, la violación y el dolor infringido,
están entre las formas de tortura más comunes. Y lo más detestable, pues se
pretende que las fotos circulen y mucha gente las vea, en que todo esto había
sido divertido. Y esa noción de esparcimiento es, por desgracia lo que algunos
descerebrados le cuentan al mundo, o permiten mirando para otro lado; la
verdadera vergüenza y la creciente
brutalidad endémica en los ritos grupales, de la juventud en acceso de euforia, los vejámenes infligidos a los recién llegado
en numerosos bachilleratos, y las humillaciones sexuales casi
institucionales retrata una pauta de conducta criminal que desafía y desprecia
manifiestamente cualquier convención humanitaria.
Así pues las
fotografías seguirán siendo el museo de nuestra memoria, el recuerdo imborrable
de nuestro paso del tiempo- cuando
uno se va, queda la fotografía-. La nuestra es una sociedad en la cual
antaño habríamos hecho lo imposible por ocultar los secretos de la vida
privada, pero en actualidad clamamos por una invitación para revelarnos en un
programa de televisión. Lo que hoy se muestra ante nuestros ojos, es la cultura
de la desvergüenza, como reinante admiración de la brutalidad contumaz, las
imágenes no desaparecerán, es la naturaleza del mundo digital en que vivimos, y
hemos de reconocer que tenemos un problema entre nuestras manos.
Si, al parecer, una imagen vale más que mil palabras, seguiremos evocando y mirando aquellas, que ilustran nuestro entendimiento, aquellas que cautivan los recuerdos, aquellas que nos llevan por el sendero, de la ternura, de la lagrima en no pocos momentos. Y en aquellas que nos devuelven a un estado de ánimo, mezcla de sensaciones, que no podemos ocultar. Porque las fotografías somos nosotros, representativas y singulares de nuestra vida y sus fundamentos.-... ¡Sonría por favor!...
Fermín González- salamancartvaldia.es (blog taurinerías)

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