Camino de la Oclocracia
Aristóteles decía que la democracia viciada acaba en oclocracia. Pero qué es la oclocracia? Pues bien, si la democracia es el gobierno del pueblo, la oclocracia es el gobierno de la muchedumbre (no confundir con multitud). Es decir, la democracia se basa en la igualdad de los hombres mientras la oclocracia en la desigualdad, incultura, zafiedad e imposición. Es la peor degeneración posible de la democracia.En
la que una masa de incultos inmorales y carentes de principios igualitarios,
destrozan al pueblo y sus instituciones no sólo en beneficio propio sino con el
claro objetivo de tiranizarlo; es decir anularlo mediante cualquier oscura y
nefasta iniciativa a quien no piense como ellos: Se crea así una desigualdad
escandalosa: - Los míos y los demás-. Pero en este caso los míos, son una
muchedumbre llena de rencor que lo único que quiere es hacer daño a los demás y
arrebatarles cuanto poseen.
Hay,
un corrido mexicano que lo cuenta muy bien: “mi padre fue peón de hacienda y yo un revolucionario, mis hijos pusieron
tienda y, mi nieto es funcionario”. De manera que, de la incultura, se pasa
por la protesta, enriquecimiento y la integración en el sistema de forma
absoluta. ¿Cómo se llega a la oclocracia desde la democracia? Pues muy
sencillo: a través del egoísmo, primero se aumentan las instituciones para dar
participación a los ciudadanos en su propio gobierno. Después se promueve la
libre expresión de cada cual y, aparecen los partidos políticos, sin freno ni
cortapisa. Para justificar la
convivencia se elabora una constitución mediante cual se crean unas
directrices, aunque ya para entonces comienza a viciarse el sistema, pues la
constitución admite muy diversas interpretaciones, para lo que es preciso crear
otro organismo el Tribunal Constitucional, el cual está formado por efectos a
los grupos dirigentes.
Es
decir, no son plenamente imparciales de hecho, aunque lo sean de derecho. Y
esos grupos políticos e instituciones dan un paso más y la democracia se
transforma en lo que se conoce como oclocracia, que es lo que llevamos
disfrutando en España desde finales de los ochenta del siglo pasado, como poco.
Al
mismo tiempo la cleptocracia, como su nombre indica es una democracia en la que
el robo se generaliza y justifica. Bueno, - el robo de unos cuantos-, no de
todos. Para ello se establecen múltiples impuestos y tributos que no revierten
razonablemente en los beneficios para la población “paganini”. Sin embrago, eso
no es suficiente (…¡el ansia viva que diría José Mota…!) y los cleptócratas se
dan cuenta de que la gente les ve, incluso puede que alguno les diga: “¡mira niño, que la Virgen lo ve todo y que
sabe lo malito que tú eres”!. Entonces dan un paso más Y comienza el lavado
de cerebro al pueblo, comenzando por los inocentes niños educándoles en el
odio, el clasismo, el desprecio a toda suerte de principios no se vayan a dar
cuenta de lo que pasa en los bolsillos de sus padres, así crecen en una idiocia
total asilvestrados en marañas urbanas, hasta que llega un demagogo bien
dirigido y camuflado y se convierten en idealistas puros y duros, estos crean la
muchedumbre que se opone a todo enarbolando la bandera de antisistema,
disfrazados para ocultar su dosis de violencia, donde algunos periodistas les ríen
las gracias. Son tan torpes que no se dan cuenta que sus cogotes serán los
primeros en caer. En una oclocracia sobra la información y por ende sobran los
periodistas.
¿Dónde
estamos ahora y que puede pasar? Pues nos encontramos en pleno declive de la
cleptocracia, aquí ha robado un ingente número de políticos y se ha robado en
un ingente número de instituciones. Los partidos políticos llevan favoreciendo
la cleptocracia desde hace décadas. ¿Y saben porque se aferran al sillón y no
quieren dar paso a gentes mucho mejor preparadas y con más carisma que ellos?
Muy sencillo, porque temen acabar en la cárcel, bien por colaborar o bien por
mirar para otro lado y dejar hacer, por el cual pueden ser considerados
cooperantes necesarios del robo. Por eso
surgen otros grupos, unos decentes y otros en forma de muchedumbres, capaces
unos y otros de cambiar dinero por votos.
Bueno,
todo esto hasta que se arruine el país, se organice el “guirigay” salgamos
todos a tiros, regrese la estaca a poner orden y vuelta a empezar. Esperemos que,
a pesar de todo este reguero de despropósitos, puedan ordenarse las cosas, se
restablezca la verdad, y eliminemos la corrupción que ha sido la moneda común
de este desasosiego que nos rodea. – Y que Dios nos ampare tú.
Fermín
González Salamancartvaldia.es (blog
marinerías)

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