ENTRE PUENTES
DE GÉNERO
Género, es una
palabra que, en todos los medios, foros, tertulias, entrevistas etcetera, se pronuncia,
con una facilidad, se pone de manifiesto y en tela de juicio con un excesivo
conocimiento del mismo, más aun cuando se trata en casos lamentablemente de
violencia machista, de agresiones sexuales, fuera o dentro del entorno
familiar, así como otros factores vengativos contra mujeres, que se producen en
nuestro entorno. Y, oigo en muchas ocasiones hablar del género, y me temo muy
mucho, que algunos/as, se enredan en el vocablo, sin saber discernir, el como
el donde y él porque del mismo.- O eso me parece a mí-
La Revolución Francesa de
1789 y los demás movimientos liberales, promovidos y encabezados por la
burguesía con el objetivo de derrocar la aristocracia, tuvieron como objetivo
el logro de la igualdad jurídica, así como de la libertad y derechos políticos
ante el Antiguo Régimen. No obstante,
las conquistas de dicho hitos históricos plasmados en los “Derechos del Hombre
y el Ciudadano” se referían únicamente al hombre, lo que relegaba al anonimato
a gran parte de personas del conjunto de seres humanos, entre las que
destacaban las mujeres. Esto dio lugar a la lucha del primer feminismo el que,
originado en Europa (Francia e Inglaterra)
Fueron los movimientos de las sufragistas, en los siglos XIX
y XX, los que provocaron la continuidad de las luchas reivindicativas de las
mujeres, esta vez para lograr ser consideradas como sujetos capaces para votar.
Si bien las mujeres siempre habían desempeñado trabajos fuera del hogar, aunque
se consideraban como complementarios de las labores hogareñas, ya fuera en los
campos, en la producción artesanal y hasta en industrias como la textil. Sin
embargo, es en el escenario de las dos grandes guerras mundiales que las
mujeres ocupan los lugares de los hombres que iban a los frentes de batalla,
tanto en la producción general como en la industria pesada. Cuando terminan las
guerras, las mujeres ya conocían sus capacidades para desempeñarse en la esfera
social y comienzan a defender sus derechos para incorporarse a la misma.
En consecuencia, es a partir de mediados del siglo XX que el
concepto de género se usa con
distintas acepciones, dependiendo de la época y el lugar, esto da lugar a que
se le tipifique como una categoría histórica que da presencia a las mujeres en
el escenario social. El género es una categoría dinámica; por lo tanto, ha evolucionado y
definirlo implica considerar de qué manera se ha empleado, o sea qué
significados se le han dado. Así es que una primera acepción es cuando se habla
de mujeres –en especial– y de hombres, según la visión binaria del sexo. El segundo significado se refiere a la libertad de
construir el yo social, atendiendo el origen que ha movilizado a través de
varias décadas a muchas mujeres y a ciertos hombres, pensando en la posibilidad
de una vida justa para ambos.
El
laberinto cultural ha sido abierto. Aunque creado por la tradición a partir de
las diferencias sexuales que ha hecho jefes a los hombres y subordinadas a la
mujeres, lo que les ha restado derechos, al argumentar que esas diferencias son
naturales, no pueden ser modificadas. No obstante, a partir de entender que
dichas diferencias son establecidas por la cultura y ésta es dinámica -al
cambiar según los contextos temporales y espaciales-, los significados pueden
ser cuestionados y modificados.
Unir la disposición de mujeres y de hombres para que
la realidad, antagónica acabe, fuera replicar el acuerdo de colaboración entre
Teseo y Ariadna, ya que él contó con el hilo que le proporcionó ella, y así
logró salir del laberinto. Luchar contra el minotauro de la tradición es tarea
de ambos; sólo así se vencerá la imposibilidad de abandonar los pasadizos del
laberinto cultural, tapiados por la ignorancia. El derecho a una vida digna y libre de violencia es
un trabajo inteligente de todos los seres humanos, ¿acaso Teseo y Ariadna no se
pusieron de acuerdo para vencer el minotauro?
No es
cuestión de lucir términos de un léxico que, por origen, es ajeno. Lo que queda
por delante, es una tarea reivindicativa ardua; en la que el pensamiento
intuitivo primero, debe complementarse después con el pensamiento crítico,
tanto en las mujeres, como en los hombres. Ya que, en todos los estratos
sociales, razas, contextos laborales, el quehacer político demanda el empleo
honesto de la categoría de género y los conceptos que se relacionan con el
mismo, como perspectiva, igualdad y equidad.
¿Se
podrá? Según la leyenda, el minotauro era invencible y el laberinto en que
vivía, quien entraba no lo podía abandonar y era devorado por la bestia. No
obstante, ya sabemos cómo acaba la historia. Lo que cabe es accionar nuestras
mentes, para saber qué juego nos imponen y qué estrategias idear para no
resultar vencidas.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerias

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