ENTRE PUENTES
CATALUÑA- PUJOL EL
PEQUEÑO BURGUES (I)
Hace ahora como veinte años, tuve ocasión de recoger el
recorte de una revista, con comentarios de (Arcadi Copdull i Copdefac) en la que hacía referencia a las cuitas y
vivencias de este que hoy se encuentra azotado, censurado, vilipendiado, y que
ha llenado de estupor a propios y extraños con su conducta lamentable. JORGE PUJOL, que se jactaba de
honorable, y ahora acuciado, acorralado, viendo como sus descendientes, hijos
educados en los mejores colegios e instituciones- con habla en catalán-,
cometían al amparo de su apellido, una serie de desfalcos, apropiaciones,
ventas y reventas, en empresas ficticias, con un cumulo de acciones millonarias
que, aunque falta sentencia firme, el mismo ha confesado su fiasco más oculto,
tras un cuarto de siglo al frente de la Generalidad
Catalana; la que se le viene encima a sus “retoños”.- Si, su Republica no
lo evita-.
Dicho esto: Acudo al relato, que se ha venido fraguando, ya, desde
tiempos pasados, con la “catalanidad”, donde la lengua, la bandera y la
superchería, han sido el A.D.N. de la burguesía Catalana, que muy a su pesar,
soportaba no sin cierto desdén y menosprecio, todo lo español, donde se les
consideraba inmigrantes, a cuantos no comulgaban con los credos impuestos, por
los “pontífices” catalanes con “pedigrí”.
Mossén Narcís Seger
observaba aquel feligrés de las últimas filas de la parroquia que gesticulaba
durante el desarrollo de la misa y en lugar de responder “amen” espetaba un sonoro “así
sea”.
Aquel domingo 21 de Junio de 1959, Luis Martínez de Galinsoga de la Serna, director de la “Vanguardia
Española”, se había desplazado hasta la parroquia de San Ildefonso, en la
barcelonesa calle Travesera de Gracia nº 55.
Mossén Seger
inició su predicamento en lengua catalana y, observó con estupor como el
inquieto feligrés se incorporaba de manera ostentosa, comenzando a avanzar lentamente por el pasillo
central, venia directamente hacia él. A medida que se acercaba aquel extraño
feligrés, Mossén Narcis notaba un
nudo en la garganta; cuando llegó frente al altar, el personaje giró a la
derecha en dirección a la sacristía.
Al llegar a la sacristía, el director de la Vanguardia vio
al sacristán, un andaluz de nombre Antonio,
a quien confundió con el párroco, ya que estaba vestido de sotana,
quejándose en alta voz por el uso del
catalán en la ceremonia religiosa. Los asistentes a la misa, y hasta el propio Seger, pudieron oír los grandes gritos
que salían desde la sacristía.
“Catalanes de mierda”
es lo que se dijo que mascullaba
Galinsoga, mientras abandonaba la iglesia. En su salida, justamente en el
portal de la iglesia, tropezó con una señora quien al oírle lo que le pareció
una blasfemia, encarándosele, le increpó: “¿pero que está usted diciendo?”,
respondiéndole Galinsoga de manera
contundente: “¡que todos los catalanes
son una mierda!”.
Galinsoga, de
quien el propio Franco había
comentado que se pasaba en su aversión hacia todo lo que sonara a catalán,
cometió un grave error cuando entro sin percatarse en un inocente juego de
cartas cruzadas con Mossén Seger, cartas que fueron profusamente
difundidas mediante octavillas, a la sociedad barcelonesa.
El día 5 de febrero de 1960, el Consejo de Ministros decidía
el cese del director de “La Vanguardia”. En siete meses, el más importante
periódico de Cataluña vio cómo se dieron de baja alrededor de 15.000
suscritores, bajaban sus ingresos por publicidad y se quemaban públicamente sus
ejemplares. El grado de la campaña alcanzó su máxima tensión cuando la sede del
periódico en la calle Pelayo sufrió un ataque con piedras, cayendo una buena
parte de la cristalera. Cuentan que la reacción de algún jefe de sección de
este medio informativo fue exclamar: “¿piedrecitas a mí?” “¡A ver si voy a
salir a pegar cuatro tiritos!”.
No podía imaginarse el señor Galinsoga que uno de los activistas participantes en aquella
campaña era un joven de 29 años, licenciado en medicina sin ejercer y fervoroso
católico practicante, que siempre llevaba en su bolsillo un crucifijo y que de
haber persistido en su inclinación podría haber sido sacerdote. No era otro,
que el medico Sr, Puyol.
Organizar una campaña contra alguien, que había faltado a los catalanes, encajaba en el talante del joven médico barcelonés; él, personalmente, se cuidó de disuadir a los empresarios para que retiraran la publicidad de la Vanguardia. Exultante por el cese del director, el joven activista animó a los suyos para sacar la mayor rentabilidad al éxito obtenido, y aquel mismo mes de febrero aparecía una octavilla escrita por él y titulada,”Al pueblo de Catalunya”, en la que se presentaba otra campaña, en este caso en defensa de la lengua y cultura catalanas. Esa octavilla decía…”si el Gobierno español nunca había dicho que los catalanes era una mierda, durante más de veinte años, ha actuado en consonancia con ese criterio, el régimen franquista prohíbe la enseñanza del catalán en las escuelas, obstaculiza la edición de libros en catalán, impide la publicación de periódicos en catalán, o su uso en la radio o el cine. ¿Es que esto no es cien veces más grave que el insulto de Galinsoga?”. (seguira)
Fermín
González salamancartvaldia.es blog
taurinerías

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