ENTRE PUENTES
COMPORTAMIENTO Y REPONSABILIDAD
Es un hecho que en esta vida, nadie siente lo mismo, ni lo
expresa de la misma manera, ni en los mismos contextos. Algunas personas
expresan más de lo que en realidad sienten, mientras otras sienten más de lo
que expresan. Cuando perdemos a un ser querido, nuestro mundo interior se
altera y pasa de los remolinos de la cotidianidad a fuertes tsunamis
emocionales: vivir cada día un tsunami, tal como ha venido ocurriendo durante
más de un largo año de incertidumbre zozobra y muerte, algunos lo han vivido en
un ahogo constante, un incesante luto, sin despedida humanizada del finado y
otros en cambio con un simple aunque afectado desconcierto emocional.
Uno de los pilares de
la evolución del ser humano tiene que ver con las consecuencias de nuestros
actos. La adolescencia es una primavera que suele superar los avisos de la
razón, no conoce aún o trata de ocultarse que los errores pueden condicionar un
futuro e incluso el de otras personas cercanas “Cada quién es responsable
de lo que le sucede y tiene el poder de decidir lo que quiere ser. Lo que eres
hoy día es el resultado de tus actos pasados. Lo que serás mañana es el
resultado de tus actos de hoy”.- Decía un líder espiritual indio-.
Hemos pasado ya, los 3.000.000 de personas han muerto en el
mundo desde que empezó la epidemia del coronavirus, más de 75.500 en nuestro
país. Y ahora mismo en la India se está viviendo, o más bien muriendo gente por
centenares, y donde se nos descubre un panorama dantesco, cruel, desgarrador
donde el crematorio se ubica en la misma calle, y ciertamente esto nos retrotrae
a siglos pasados donde los carretones iban llenos de seres humanos, que habían
contraído, pestes, pandemias y mortales enfermedades, que hoy creíamos
desterradas de esta civilización, y sin embargo. En un mundo tan vertiginoso
podemos parar un instante para reflexionar sobre esas cifras y lo que
significan. Aunque se trata de uno de los sucesos más dramáticos que ha
padecido la humanidad a lo largo de su historia, una parte de los ciudadanos no ha dejado de comportarse como
adolescentes insensatos que ponen en riesgo su salud y la de los demás,
aumentando exponencialmente las posibilidades de contagios. Una persona
puede torcer su vida, caer una y mil veces en el pozo, es su responsabilidad
salir de él, aprender de sus errores, entre ellos un error que nunca suele
faltar: culpabilizar a los otros. Pero nadie debería por su irresponsabilidad
poner en peligro a los demás y eso está sucediendo en España desde que llegó el
terrible virus. No hace falta poner ejemplos. Existen pues dos grados de
irresponsabilidad: no protegerse y poner en riesgo a los otros. Pero hemos
visto que existe un tercero, quizá más grave y es tratar de aprovechar la
pandemia con intereses particulares. El peor y más utilizado es el político que
presume de adoptar decisiones populistas que, a sabiendas, no van a
detener la propagación del virus pero sí van a recibir el apoyo de quienes
anteponen sus intereses a la salud del resto de los ciudadanos. Su discurso es
tan zafio que llega a pervertir palabras tan sagradas como libertad: yo
hago lo que me place aunque ponga en peligro mi vida y la de otros seres
humanos. Se ponen el impermeable y reflexiones tan obvias como estas les
resbalan.
Ante una situación tan dramática, en una sociedad madura no sería preciso obligar a los ciudadanos a cumplir normas, ni siquiera a privarles de su libertad de movimientos. Pero conocemos la picaresca, sabemos que muchos intentan burlar con mil excusas a la policía que trata de impedir sus viajes, haciendo gala de una insoportable adolescencia social. En una sociedad madura, todos sabríamos qué hacer con la responsabilidad, la conciencia, la solidaridad y la libertad, cuatro viejos conceptos que deberían caracterizar a los seres humanos en el siglo XXI. A mí me lo parece… vamos…
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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