ENTRE PUENTES
ANARQUÍA
En no pocos debates, tertulias y comentarios, se alude al término
anarquía, como algo negativo,
peyorativo, y para nada constructivo. Parece como si los anárquicos, tal como ocurrió
con los comunistas fueran individuos enviados, al igual que este virus terrible
que padecemos por el mismo demonio. Sin embargo anarquía, es una forma de
proceder del ser humano, una forma de vida y de pensamiento. Algo de esto
podemos descubrir en los libros, textos y obras de algunos intelectuales, en
sus contradicciones.- Anarquía no es un punto de llegada, sino un punto de
partida-. Es una fuerza dinámica, se integra constantemente rompiendo moldes. Ahí donde todo parece
arremansar, conformarse, donde la mayoría considera haber hallado una
estabilidad, un equilibrio y se abandona placenteramente, ahí la anarquía irrumpe y tiende a librar el deseo
aquietado, a infundir un más, siempre un más.
Donde termina el sindicalismo, el federalismo, el colectivismo,
el individualismo, comienza la anarquía.
Todas esas no son más que apreciaciones parciales de un total que no abarcan.
La vida está más allá de estas posibilidades. Es siempre nueva en cada persona,
siempre distinta en cada manifestación. La realidad no se sujeta a ningún “ismo”. Apoltronarse en uno. Es reducir,
achicar la vida a términos espiritualmente carcelarios, sofocantes, y no
comprender nada del maravilloso y polifacético mundo en que actuamos.
-Poner pie en la playa virgen—dice—, agitar lo maravilloso que duerme, sentir el soplo de lo
desconocido, el estremecimiento de la forma nueva: Más vale lo horrible que lo viejo. Más vale
deformar que repetir. Antes destruir que copiar. !Cuanta verdad imponderable
¡explicarla es negarla, estropearla con nuestro recetado entendimiento! Hay que
sentirla para percibir toda su realidad su furioso afán de vida libre. ¡…Ay de
los que se espanten…¡(Vengan los monstruos si son jóvenes), que la vida
resplandezca y se renueve; que avance sin calculo ni medida; en cada aventura
humana; u oscura, sórdida y tirana, pero lozana en su autenticidad sin
subterfugios. Esto es elemental, básico, para cualquier intento de real
convivencia. La sinceridad, atrae el rencor, el rencor general provoca lo imprevisto. Solo el fuerte resiste
y ama lo imprevisto. La salvación del débil
está en no distinguirse.
Y cada hombre-mujer, es capaz de agregar un tono vivo,
distinto, a este aquelarre social donde todos se aturden y se confunden,
exentos de personalidad, o temerosos de diferenciarse. En cada persona hay una chispa
de genio, madre de la energía y del
movimiento. La cuestión estriba en tener conciencia de ella, para ponerla en
marcha, para diferenciarla de la que responde a leyes físicas. Nosotros no
elegimos el rumbo, pero podemos desarrollarlo. Crecer en el hasta superar la
medida de las cosas.
¡Qué lejos estas palabras de la prédica fácil, del halago taimado, de la promesa demagógica, de la extasiada y empalagosa felicidad!. El dolor es un elemento normal en el mundo. Sólo a través de él llegamos al fondo, a lo hondo, a lo vivo. Es el crisol, donde fundimos nuestra superficie acicalada y descubrimos el monstruo inesperado que nos ayuda a comprender. Quemamos cápsulas de vida, sí; pero sin gastarnos, sin trabajarnos, no se nos revelará jamás aquello que espera nuestra lágrima fecunda para germinar. Son instantes fugaces en nuestra vida. El anarquismo nunca ha deseado transformar el sistema desde dentro, por lo que ni se ha postulado para ocupar cargos de representación en las democracias parlamentarias, ni ha aceptado seguir una estrategia de presión o ruego para que el sistema se fuera reformando por presiones de la opinión pública; menos aún, hacer una revolución para poner al frente del sistema a los propios anarquistas. El anarquismo se ha caracterizado, en su lucha política, por intentar llevar ya, a la práctica en el trabajo, en la familia, en las tiendas, en el barrio, etc. experiencias la de vida en común en total libertad, y en sintonía con ello, intentar ampliar los márgenes de libertad del sistema con el objetivo de que estas mismas experiencias vayan teniendo progresivamente más viabilidad. Es decir, presionar no para reformar el sistema manteniendo la división en clases y la desigualdad, sino irlo superando para que cada vez exista más espacio para expresar la libertad individual en igualdad.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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