ENTRE PUENTES
RIESGO Y PELIGRO DE
LA INERCIA
Un síntoma inequívoco
de que algo no funciona bien en una sociedad, de que se ha perdido el sentido
común o que la idiotez se impone lenta y silenciosamente, se produce cuando algunas cosas importantes pero obvias
se convierten en objeto de reflexiones fundamentales que generan estupor: A
tal punto se llega, cuando se consideran “normales” o “lógicos” determinados
comportamientos y actitudes, que olvidan cuestiones tan esenciales como la
responsabilidad, la dignidad de las personas, la memoria, el compromiso o el
comportamiento ético, entre muchas otras. Normalmente se llega a este punto a
través de una firme y peligrosa inercia
que borra hasta la raíz lo que a muchas generaciones anteriores les ha costado
muchísimo construir a base de dedicación, entrega, esfuerzo y sacrificio.
En lo colectivo, los ejemplos de esta peligrosa inercia son múltiples;
promotores, testaferros, comisionistas, y concejales sin escrúpulos que campan
a sus anchas y se cargan de lo que haga falta movidos por una avidez patológica
generando entramados inmorales, donde tan solo la indignación de la sociedad de
base, muestra desaprobación, pero los poderes públicos, hasta hace bien poco -no
han hecho nada-; y aun hoy, frente ante tanta especulación inmoral, hay algunos
dementes que declaran: “¡pero si esto es riqueza!.” Otro ejemplo atroz de la
peligrosa inercia, la podemos observar, cuando determinadas posturas políticas
han excluido la palabra responsabilidad, de su vocabulario y debido a ello se
han generado, en un ejercicio de democracia testicular vestida de narcisismo
patológico, que en cuestión de unos años ha generado, tal cantidad de casos de
corrupción, que perplejos hemos asistido, al ver como las instituciones,
quienes tenían la responsabilidad de velar,
guardar, y hacer cumplir la ley, eran señalados y conducidos a los
juzgados, otros vergonzosamente a la cárcel.
También corremos el riesgo de que la peligrosa inercia gane la partida, cuando
la memoria histórica no debe ser evocada, porque la dignidad pierde frente al
secreto que incomoda. Entonces determinados principios fundamentales están en
el paredón, esperando también ser fusilados por la inercia. Porque esta inercia
se refiere también, a la desidia, a la ignorancia, al abandono, a la inanición;
al no hacer por no pensar y decir. Y aquí, todos podemos ser invadidos.
Decía Marco Aurelio que “a menudo también hace mal quien no hace nada y
no solo el que hace algo” y tal aforismo nos conduce; que el callarse o
no rebelarse ante la injusticia y la demencia deliberada es también un grave
síntoma de la peligrosa inercia. Cuando perdemos el sentido de la realidad,
gana la peligrosa inercia. Cuando dejamos de pensar, de razonar, de dialogar,
de sentir, gana la peligrosa inercia porque esta, lo único que tiene que seguir
haciendo es avanzar implacable y lo evidente acaba siendo obviado, se
desconecta de la realidad y aquello que es imprescindible pierde su valor hasta
que nos damos cuenta, que las cosas no funcionan; y, la sociedad,- tal y como
nos está ocurriendo- entra en graves crisis primando el interés de uno frente
al bien de varios, el beneficio rápido y a corto plazo, frente a la
rentabilidad social y la supervivencia a largo plazo.
“Si sigue usted haciendo lo mismo de siempre, seguirá obteniendo lo mismo de siempre. Para conseguir algo nuevo o diferente, debe hacer algo nuevo o diferente”. Esta hermosa obviedad muy anunciada por los psicoterapeutas, es una invitación especialmente útil cuando lo esencial está en riesgo. Y lo esencial son las actitudes y los valores, que son el resultado de la conciencia y la responsabilidad. Esta que parece que han perdido, en ese remolino peligroso de la inercia, no pocos de aquellos, a los que les confiamos nuestro bienestar… ¡Que el Supremo se lo demande…!
Fermín
González Salamancartvaldia.es
(blog taurinerias)

No hay comentarios:
Publicar un comentario