ENTRE PUENTES
NAVIDAD - ENTRE LA
IRA LA CRISPACIÓN Y LA NECESIDAD-
Nunca como ahora necesitamos un año nuevo. No un año como
este bisiesto y siniestro. Necesitamos un año que no nos regale las
atrocidades, desolación, miedo, despropósitos y muerte. Necesitamos un nuevo
año con distinto porvenir, al que dejamos atrás. Necesitamos saber que otras
Navidades, no van a ser así, que nos alumbrara un nuevo año con mentes sanas,
para superar este 2020 podrido, diabólico y triste, muy triste.
No es precisamente este comentarista un defensor a ultranza del espíritu navideño.
Uno va dejando a través de los años muchas penas por el camino. Sin embargo, sí
puedo observar que cuando se aproxima la Navidad, siempre hay un lugar para los
recuerdos, las nostalgias, de aquellas fiestas, que llenaban de alegría
nuestras mocedades. Hay una euforia que
se desprende del ambiente y penetra en
el alma de los humanos, capaz de suavizar por unos días los más duros
corazones.
Estas festividades, nos hacen percibir, que son como la
mejor medicina aplicada para superar la decadencia, en el que nos vemos
inmersos la mayoría de los días del año en curso. Los reflejos navideños, son
brillos que mantienen su intensidad independientemente
de los años, de las pupilas que los devuelven intensificados por emociones que
aprovechan para salir a la luz y
mostrarse abiertamente, incluso las pupilas de aquellos, que por unas causas u
otras, niegan la importancia de estas fechas, se ven invadidas por el ambiente
y obligadas a retransmitir el mensaje festivo, algunas veces en contradicción
con lo que dicen sus palabras.
Esta festividad, que nos acerca al desenfado, al bullicio, y
nos inclina a perdonar, es importante aprovechar la ocasión para romper
monotonías, recordar emotividades, transmitir deseos, fabricar pronósticos,
formular intenciones, alejarnos de lo superfluo, y de aquello que nos pueda
contaminar negativamente, y así prepararnos para superar el duro invierno, pero
revitalizante y portador de nuevas primaveras y sueños de veranos.
Es la época apropiada para vivir excesos de comida, de
bebida de comenzar a revivir y reproducir nuevos sentimientos que saltan en el
ambiente como pedacitos de un espejo roto por el suelo, que reproducen
repetidamente la misma imagen, nuestra
coraza, esa que llevamos como lastre durante prácticamente el resto de los
meses del año, explota y la dejamos caer desprendiéndonos de su carga, y al
hacerlo nos llena de nuevo la plenitud sentimental y actuamos repitiendo
parabienes a nuestros semejantes, amigos y familiares, repitiendo en cada ocasión
y en cada esquirla de los añicos de espejo nuestros mejores deseos navideños y
mejor futuro.
Y aunque la calle está dominada por la ira, provocado por el
temor hiriente de un futuro, que empezamos a presentir apestoso, maloliente,
negativo y violento, donde estamos perdiendo calidad de vida, enzarzados en
buscar una salida, que nunca llegara ante tanta palabrería inconsistente, tanta
malversación indecente y tanta corrupción en exclusiva de clase dirigente
omnipotente una vez elegida en la urnas democráticamente… ¡Que gracia, que la democracia activa por el poder que emana de la
gente, crea la clase que luego domina y engaña!.
Difícil definir ese tipo de ira que se queda en ruido no
sordo, sino ensordecido, cuatro palabras más altas, algún insulto enviado a un televisor que permanece impasible mientras continua enviándonos
mensajes, los mensajes que ofenden
nuestras tripas, que no es que sean muy exigentes, pero que ya no pueden
digerirlos. Una rabieta retroalimentada entre amigos con similar criterio,
afectados por los problemas, que nos insultan en su imparable sucesión
provocara nuestra ira, que se apacigua al llegar la hora del siguiente compromiso,
donde la acción del momento llevara al olvido nuestro enfado dejándonos sumidos
en estado de ira “apacible” . Y entre la crispación, el enfado, el
despropósito y el desasosiego contumaz, continuamos sufriendo a la clase
dirigente, blindada en sus prebendas aprovechándose de la necesidad que como
sociedad tenemos de ellos y divirtiéndose, al ver nuestra irritación
inservible, irritación enfado y enojo que no deja de ser como el gas de la
gaseosa, un poco de ruido al dejarla libre pero que desaparece ante esa misma
libertad. Y sin embargo a pesar de todo:
No quiero desperdiciar está ocasión anual, por eso aprovecho para enviar una profusión de sentimientos positivos presididos por la suerte, que no se si existe pero es importante. Les deseo a todos…¡¡¡ FELIZ NAVIDAD. Y UN AÑO NUEVO QUE NOS PERMITA VOLVER A SER!!!.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerias

No hay comentarios:
Publicar un comentario