ENTRE PUENTES
REFLEXIONES DE UN
CONFINADO
Es muy fácil
protestar por el funcionamiento de un gobierno, de un estamento oficial o público.
Basta con abrir la boca y decir lo que pensamos… Es muy fácil quejarse por la
manera en la que se crean las empresas y sus comportamientos. Basta con abrir
los ojos y reparar en lo que vemos… Es muy fácil criticar y juzgar la actitud
de nuestro jefe. Basta con abrir los oídos y escuchar la forma en que nos habla…
Es muy fácil lamentarse del comportamiento de nuestros compañeros y vecinos.
Basta con estirar el brazo y señalar sus errores y defectos… Sobre todo esto es
mucho más fácil, cuando por el camino, no tenemos ni ponemos argumentos, ideas,
ingenio y capacidad de respuesta, menos aún si no puedes demostrar el porqué de
tu queja.
Es tan fácil protestar, quejarse, criticar, juzgar y
lamentarse que todos sabemos cómo hacerlo. Basta con adoptar el rol de víctima
y creer que el mundo es un lugar injusto, en que la culpa de nuestros
conflictos y sufrimientos la tienen los demás. No en vano existe una ley en
psicología que afirma que “lo externo es
siempre un reflejo de lo interno, pues lo que se observa es en realidad una
proyección del observador”.
Lo reconozcamos o no, somos co-responsables de que la
economía sobre la que se asienta nuestra existencia sea tal y como es. De
hecho, con nuestra manera de ganar, de gastar, de invertir y de ahorrar dinero
apoyamos y validamos el capitalismo cada día. No es la tierra lo que pisamos,
sino un sistema monetario, donde por medio del capital las naciones y los seres
humanos estamos interconectados. Si
ustedes observan ahora mismo, que nos encontramos inmersos en esta atroz
pandemia que sacude al mundo, cada gobierno, en el mundo aunque les
preocupe en gran medida la salud de sus conciudadanos, valoran en la misma
forma como la economía del país, pueda al mismo tiempo no verse seriamente
perjudicada, y se extienda al mismo tiempo otra
pandemia cruel, en este caso de la economía y la industria, que rebaje aún
más la capacidad global, y donde puedan verse afectados, aquellas formas de
vivir, que se habían conquistado con no poco esfuerzo, y capacidad de
sacrificio, sobre todo en aquellos, que pusieron la vida y las bases para que
hoy se sustentara el nivel de vida y comodidad.
Con respecto a las empresas, si no fuera por ellas no habría
empleo. Y sin éste, careceríamos de ingresos con los que cubrir nuestras
necesidades más básicas. Más allá de cuáles sean nuestras circunstancias
sociales, económicas, políticas y creencias, fichamos cada día en el trabajo
por elección propia. Además mediante el consumo diario de productos y servicios
permitimos la subsistencia de miles de compañías. Es cierto que vivimos
condicionados por la publicidad y el marketing, pero nadie nos apunta con una
pistola para saciar nuestros caprichos y deseos. En cuanto a nuestras
relaciones laborales, solemos quejarnos del trato recibido por parte de nuestro
jefe y compañeros- y casos habrá legítimos, no se pone en duda- como tampoco el egocentrismo, que nos lleva a victimizarnos cuando estos nos
presionan y nos faltan el respeto. Pero: ¿no es cierto que en ocasiones tratemos
a otras personas de la misma manera?. Lo curioso es que cuando presionamos y
faltamos al respeto a los demás, siempre encontramos una razón que lo
justifique. Al vivir de forma inconsciente, en demasiadas ocasiones, no nos
damos cuenta de que “vemos la paja en el
ojo ajeno sin reparar en la viga que hay
en el nuestro”.
A partir de ahí, comienza un proceso de aprendizaje, de
evolución personal, de toma de conciencia y de responsabilidad que pasa por
responder a través de la propia experiencia las tres grades preguntas
existenciales: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? Y ¿Hacia dónde vamos?, porque
el sentido de la vida no alude a los sentimientos sólo, sino a la dirección que
decidimos darle. ¡Vamos digo yo!..
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías
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