SUPERIORIDAD DE LA
MUJER
La afirmación de que la mujer es superior -superior al
hombre, debe entenderse-, con la que título este artículo, quiere ser la
constatación de una realidad que sirva de acicate para avanzar sin complejos
hacia la progresiva equiparación de derechos y oportunidades de las dos
versiones del ser humano que conviven en el mundo y en España.
No pretendo plantear
una especie de discriminación positiva en la valoración antropológica de la
mujer, ni contestar al largo periodo de discriminación negativa padecida por el
50% de la especie humana, hasta la
injustificable postergación profesional y salarial de la mujer de hoy. Ahí
están las cifras horripilantes de la violencia de género, punta del iceberg de
la tradicional consideración de la mujer como ser inferior, a partir de la
indudable superioridad física de la fuerza bruta del macho.
Insisto en que -con independencia de quién es superior- el
progreso democrático debe conducir a la equiparación jurídica plena de mujeres
y hombres, creo que no se debe seguir dando como buena "una desigualdad
estructural", en buena medida fundamentada, “en las creencias más
arraigadas acerca de la inferioridad de las mujeres" .Tales creencias
fueron incentivadas por las principales cabezas del siglo XIX -Hegel,
Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche etc. Donde cada uno de ellos contemplaba
lo femenino, con mayor o menor brillantez. Y donde el entramado familiar constituía
un primer grado en la asignación femenina. Es ya en pleno siglo XX, tras la
obtención del voto femenino, cuando, de la mano de la revolución sexual y de
lemas como "abolición del patriarcado"
y "lo personal es político", las mujeres van saliendo del agujero
en el que permanecieron durante siglos. Emerge a la opinión pública la lucha
por la igualdad y la atrayente sociedad paritaria, todavía como utopía lejana.
Pero mientras la mayoría de las mujeres continuaban
desterradas en la vida familiar, sin acceso a la vida pública (recuérdese:
mujer pública = prostituta), era imposible evaluar la cualificación de las
mujeres para esos otros ámbitos de la vida humana reservados a los hombres. Es
con ocasión del progresivo y masivo acceso de las mujeres al mundo profesional
y académico cuando la comparación con el hombre -en un terreno común- se va
haciendo posible.
En España, las mujeres, por debajo todavía de la media
europea, alcanzan mejores calificaciones que los hombres en la Universidad,
según datos del reciente informe de la Comisión Europea, corroborados por el
Ministerio de Educación español: con una población universitaria femenina
ligeramente superior a la masculina (13,9% de mujeres y 13,2% de hombres), de
los alumnos que aprobaron selectividad el 58,1% eran mujeres, y el 41,9%
restante, hombres, proporción prácticamente idéntica (58% frente a 42%) en lo
que se refiere a los graduados universitarios. A estos datos sobre la superioridad
de la mujer en el ámbito docente hay que sumar los relativos a su superioridad
sanitaria o vital: una esperanza de vida al nacer de 83 años para las mujeres y
76,3 para los hombres.
La superioridad de la
mujer sobre el hombre se deduce de esos y otros datos objetivos y de la
siguiente apreciación: la progresiva presencia de mujeres en cargos o
profesiones tradicionalmente reservados a los hombres -incluidos los de máxima
cualificación o responsabilidad- no ha originado, en términos generales, descalabro
o conflicto alguno, y más bien ha significado una mejora en el funcionamiento
de las actividades -políticas, empresariales, sociales- ocupadas por mujeres. Igualmente,
la moderada emigración masculina a ocupaciones tradicionales de la mujer, peor
pagadas y menos valoradas socialmente, está siendo un éxito, todavía
silencioso, que probablemente se incrementará con la aplicación sostenida de
políticas paritarias de conciliación de la vida profesional y familiar.
La todavía escasa presencia femenina en los centros de
decisión políticos y económicos, teniendo en cuenta la capacitación de las
mujeres, requiere que, desde los poderes públicos, en aplicación del artículo
9.2 de nuestra Constitución, se remuevan los obstáculos y se promuevan
"las condiciones para que la libertad y la igualdad (...) sean reales y
efectivas". El Gobierno de Pedro Sánchez
parece tenerlo claro, pero es necesario
que no se deje presionar, especialmente por la resistencia activa de los
dirigentes empresariales. Por lo demás lo que si queda bien claro, es que la
mujer va tomando puestos, cada vez más representativos, y no son pocas aquellas que se elevan muy por encima, de lo
que hace unos cuantos años atrás, pudieran soñar.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

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