ENTRE PUENTES
RENOVAR LAS ILUSIONES
Para Aristóteles, la felicidad humana se basa en la “autorrealización dentro de un colectivo
humano, adquirida mediante el ejercicio de la virtud”: Que significa
alcanzar el pleno desarrollo del potencial humano a través del autocontrol y el
ejercicio de la libertad personal. Un camino absolutamente contrario al marcado
por el Estado del bienestar y por quienes identifican la felicidad con el
“tener”. El Estado del bienestar, con sus grandes oportunidades deriva en la
falta de iniciativa y en la pobre vinculación personal con los asuntos sociales.
Por eso convendría empezar a hablar del Estado del “bien-tener”, aunque su nombre pueda resultar poco atractivo.
Otra consecuencia de la confusión entre la felicidad, el bienestar
y el tener es la intolerancia el sufrimiento, a la angustia, al estrés o a la frustración.
Paradójicamente, el dolor y el sufrimiento son inherentes e inseparables de la
vida humana: la felicidad supone aceptar el riesgo, perder el miedo al sufrimiento
y, cuando llega saber gestionarlo. No podemos querer eliminar el dolor a toda
costa con variedad de pastillas, cremas o terapias… Hay veces que el organismo
se recupera solo, pero si le obligamos a reaccionar forzando el proceso de
recuperación nos hacemos una vez más dependientes de un objeto de consumo. Esta
reflexión que pudiera parecer una banalidad, es algo que debiera preocupar a
cuantos buscan entre píldoras, sanadores, masajistas, acupunturas, santeros y
echadores de cartas… u otras formas de consumismo fácil que nos azota y nos
lleva en algunos casos a graves extremos, y dependencias altamente peligrosas.
El dolor nos permite conocernos, conocer a los demás,
aceptar nuestras limitaciones y comprender mejor el mundo que nos rodea ahora.
Las mejores cualidades y sentimientos que de otra forma, habrían quedado
dormidos, nos muestran el sentido trascendente de la vida y despierta la
espiritualidad.
No podemos evitar el dolor, pero si podemos gestionarlo para
obtener de él los beneficios citados. Cuando se presenta un dolor es preciso
determinar si su origen es físico,
psíquico o moral, para saber diagnosticarlo y poder reaccionar frente a él.
Podemos un “para que”, un sentido que nos guie a lo largo de todo el proceso. Pensamos que no se puede ser feliz en
medio del sufrimiento y, sin embargo vemos a gente muy serena a pesar del dolor
que sufre.
Y también, perdemos la alegría con demasiada facilidad, nos
hemos olvidado de disfrutar de las cosas fantásticas que tiene esta vida,-
afirmaba un conferenciante hace unos días-… para referirse a la necesidad de
recuperar el entusiasmo desde la proactividad y la alegría.
Se preguntaba, nos preguntaba… ¿Por qué tantas personas han
perdido el ánimo, la ilusión la alegría y han abrazado la mediocridad como
forma de vida?. Es cierto que el panorama está difícil. Las palabras que más
hemos escuchado en los últimos años son “recortes”,
“déficit”, “corrupción” y “paro”. Todos hemos sufrido y tenemos personas
cercanas mucho estos años. Pero ante un panorama tan complicado, uno tiene dos
alternativas. La primera es resignarse, tirar la toalla, conformarse y verse
entonces arrastrado por un entorno lamentable. Pero hay otra: la de luchar
contracorriente para vivir con ilusión y alegría. Sí, es mucho más difícil, lo
se… pero se puede hacer. La palabra, no es lo que “podemos” hacer, la palabra es que lo “merecemos”. Cuando uno va alegre, la vida es fantástica, y cuando
uno va hasta el coco, la vida es una mierda, -no demuestro nada al saberlo por
experiencia-. Por eso debemos luchar para vivir con ilusión y entusiasmo,
primero porque nos lo merecemos todos y segundo porque si no lo hace cada uno
por sí mismo, nadie lo hará por nosotros-. Este encuentro, estas pequeñas
cosas, son algunas de las pequeñas alegrías que nos llenan el alma… ¡Ah
y con buena comida y buen vino… también el cuerpo… que cojones…!
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías
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