ENTRE PUENTES
Pablo Mármol es el fiel amigo y vecino de Pedro. Se trata de uno de los
personajes secundarios más populares y queridos de Warner Bross. Su debut en pantallas fue en 1960, desde entonces, y
debido a su gran acogida, ha tenido innumerables apariciones.
Los que le conocéis bien sabréis que es un bajito, honrado,
tranquilo y reflexivo. Su inseparable compañero Pedro Picapiedra no para de llamarle “enano” a todas horas. No se
lo toma a mal. Aunque se pelean, siempre suele ser el bueno de Pablo quien
acaba cediendo, quizá porque es un poco inseguro y se deja llevar por la
agitada personalidad de Pedro. También es más honrado que éste, siempre sugiere
decir la verdad cuando se meten en algún lío. Podría decirse que ambos
amigos al ser opuestos, se complementan a la perfección.
Los Picapiedra, a
pesar de ser un dibujo animado que se supone infantil, trataba temáticas
propias de un público adulto: los
conflictos laborales, los de familia, los de sanidad, los de seguridad, el
económico etcétera, formaban parte de los capítulos y secuencias, de esta serie
de inusitado éxito. El personaje en sí es tranquilo, e inseguro, así como
muy reflexivo. Sin embargo, siempre se deja arrastrar por la impetuosa
personalidad de su amigo Pedro
Picapiedra por quien siente una auténtica amistad. Pablo es más
inteligente y sensato que Pedro, también es más "honrado" que Pedro
(en el sentido de que es él quien sugiere decir la verdad cuando se meten en
algún problema, aunque siempre termine siguiendo los planes que traza Pedro),
así, podría decirse que ambos amigos al ser opuestos se
"complementan".
En estas estamos: que otro Pedro y otro Pablo, me han
recordado a las trifulcas, discusiones y debates, que ambos tenían, sobre
cualquiera de los temas a tratar, el desacuerdo en principio era la tónica y
desavenencias, que en cada casa se discutía, poniendo énfasis y argumentos de
cada cual, para cargarse de su razón, y de su verdad y exponerla ante el otro. Al final del capítulo, iban cediendo en sus
posiciones, llegaban a reflexionar, sobre lo que cada cual defendía, y por obra
del sentido común llegan al pacto de entendimiento, unían sus fuerzas, y todo
era celebrado en armonía en casa de uno u otro con inusitada alegría por el
entendimiento alcanzado, y solucionar el conflicto.
Sí; entiendo que en esta
ficción, donde cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia,
puede no ser una clara demostración de lo que viene sucediendo entre este Pablo, y este Pedro, donde la desconfianza, los egos, las cargas de poder, los
votos, las experiencias, y otras banalidades, de superioridad, no les deja ni
tan siquiera ser ellos mismos, no les deja mirar hacia donde sus sombras
dirigen sus vacilantes pasos, y donde es bien cierto que, sus consejeros, sus válidos,
y los intereses de sus asesores más directos, los mantienen atrapados en una
posiciones de no ceder, de no integrar, de no consentir, de no proceder… Y por tanto cada cual sostiene su
bandera, afirmado en su barricada, dando lugar y sin darse cuenta de que solo
su sueldo, es mayor a su grado de estupidez, con el agravante de demostrar
ante nosotros los ciudadanos, los votantes que los encumbraron, los que miramos
expectantes, de cuál es su temple, su iniciativa, su personalidad, su futuro,
sus ideas y su ingenio. Y vemos perplejos, que ni Pedro ni Pablo, y tampoco
sus colegas de hemiciclo, tienen la capacidad, el nivel, la responsabilidad, el
saber y la personalidad, para entender, que lo primero de todo es; haberles
concedido el honor de poner en sus manos, los destinos de este País llamado
España.
Pueden ustedes seguir así, pueden seguir infligiendo a este
pueblo, toda la incertidumbre, la agonía, y la desesperación que ustedes
consideren. Pueden seguir manteniendo sus posiciones. Pueden seguir con sus
discursos lelos, infantiles, carentes de toda razón lógica y de sentido común.
Pueden seguir sentados los 350, que ocupan las cómodas butacas, donde deberían
representar a la soberanía, y dejan mucho que desear. Pero deben saber algo de
lo que ustedes, con sus odios, y sus grotescas actitudes están dando a la
ciudadanía… Es: Pena.
Se llamen como se llamen, nunca llegaran a tener el don de gentes, la sabiduría,
la elegancia y talante de aquellos fantásticos Pablo Mármol y Pedro Picapiedra…
A que no…
Fermín González salamancartvaldia.es blog taurinerias

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