ENTRE PUENTES
DERECHOS DE LA MUJER
El 8 de Marzo se
conmemora el DÍA
siglo de las 146 obreras textiles en Nueva York. Bajo este epígrafe, los
que propusieron el nombre pudieron tener una buenísima intención, pero a mi
modo de ver, confundieron el término dando a la palabra “trabajo” un
significado que no se corresponde exactamente a la realidad. Puede ser,
incluso, un insulto para media humanidad femenina. Porque todas las mujeres
trabajan, en el sentido popular de una actividad intelectual o física,
compensada económicamente, que es lo pretendido en esta conmemoración.
El 70% de la población
en condiciones de pobreza es femenina, según los informes del Instituto Internacional de Investigaciones
y Capacitación para la Promoción de la Mujer. A la falta de acceso a la
educación y a la alimentación de las mujeres, se suma la situación de amenaza
constante que padecen.
La falta de educación de las mujeres agrava su pobreza y la
de su entorno porque son ellas las que se encargan de educar a los hijos.
Muchas sociedades machistas las preparan para cuidar a los hijos, para llevar
la casa y para atender al marido. Es
difícil que un ser prospere si el sistema cercena sus aspiraciones educativas,
su libertad de elección y la posibilidad de tener un trabajo digno. No
pueden elegir su vida conyugal y profesional, ni tomar una libre decisión si no
desean tener más hijos.
Algunos estados siguen sin reconocer y sin llevar al plano social
de las mujeres derechos básicos como la educación, el trabajo y las
protecciones civiles. Predominan la impunidad y la falta de apoyo legal a las
mujeres, a quienes muchas veces se culpa de los problemas de la familia. La
poligamia es una realidad de muchos países en desarrollo. Esto suele conllevar
al abandono de la familia por parte del padre. Recaen en la mujer todas las
tareas que la pareja debería llevar a cabo. O existe la igualdad de derechos, o
se tiene un estado con ciudadanos de primera y de segunda clase. Además de la
necesidad de ser autosuficientes en un ambiente de oportunidades limitadas, las
mujeres tienen que asegurar la supervivencia de toda la familia.
Una mujer sólo podrá
reclamar sus derechos si sabe cuáles son. Así, tendrá más herramientas para
defenderse de agresiones físicas y de abusos; los embarazos indeseados
disminuirán y no quedarían tantos niños incapaces de escapar al ciclo de la
pobreza en el mundo.
Los países del llamado Primer Mundo tienen que asumir su
responsabilidad por la situación de la mujer. EEUU y Europa instalan maquilas en Latinoamérica y Asia a
sabiendas de su injusticia. Saben que
las maquilas contratan mujeres para que trabajen en turnos laborales inhumanos,
con salarios que apenas les permiten vivir. Para optimizar las ganancias de
las multinacionales, condenan a la
pobreza a estas mujeres, muchas de ellas con hijos o al cuidado de sus padres.
Las maquilas, al servicio de las transnacionales, contratan a mujeres porque,
como no se han llevado al plano social los derechos de la mujer en muchos
países del Sur, resultan más sumisas. Estas islas de explotación violan los
derechos de la mujer que tantos países desarrollados argumentan promover.
En muchos países de África y Latinoamérica la columna
vertebral del hogar es la mujer. Educan a los hijos, cuidan de la casa e
incluso van al campo para atender los cultivos. No basta con el reconocimiento de los derechos humanos que adornan
muchas constituciones. Es preciso convertir esos derechos políticos en auténticos
derechos sociales. Sólo mujeres educadas pueden romper ese círculo vicioso.
Diversos estudios señalan que, cuando la mujer acude al colegio y obtiene una
educación adecuada, su maternidad tiene lugar más tarde y de manera más responsable.
Planifican mejor, tienen menos hijos y ofrecen a su familia una vida más
prometedora.
La globalización ha dejado muchas asignaturas pendientes. Se
habla de los flujos de las mercancías, de la tecnología al alcance de todos.
Las mujeres oprimidas quieren que se globalicen los derechos que sólo se
reconocen en teoría. ¿De qué sirve votar si no se sabe qué se está votando? La democracia sin una población educada
es un ruido en el vacío. Las mujeres deben poder acceder a una educación
que las capacite para poder trabajar con dignidad y para poder exigir sus
derechos. Sobre todo, el derecho a no ser marginadas ni explotadas. Ese es un
derecho, que muchos países, no quieren que se produzca, quizá existe un miedo,
a que se termine, con ese trabajo, en
régimen de “semiesclavitud” que hoy las tiene sometidas. Sus producciones a
bajo precio, se verían afectadas, al igual que sus imperios económicos. “De
momento sin remedio… Tú”
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías
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