ENTRE PUENTES
REFLEXIONES EN LA
MADUREZ
Esta es la etapa de la "crisis de la edad". En ocasiones los hombres y mujeres
se preguntan esa interrogante tan terrible y vasta de "¿Qué estoy haciendo
aquí?".-Detengámonos un momento a analizar esta pregunta-. En vez de
preguntarse; por quiénes están haciendo lo que hacen, se preguntan, el qué
hacen, dado que la atención recae sobre ellos mismos. Debido al pánico a envejecer y a no haber logrado las metas ideales
que tuvieron cuando jóvenes, tratan de "recapturar" su juventud. El
ejemplo más evidente se percibe en los hombres. Dejan a sus sufrientes esposas,
abandonan sus tediosos trabajos, se compran ropa de última moda y empiezan a
acudir bares de solteros. Evidentemente, raramente encuentran lo que andan
buscando porque sencillamente están buscando algo equivocado.
Esta última etapa, la
delicada adultez tardía o madurez, o la llamada de forma más directa y menos
suave edad de la vejez, empiezan alrededor de la jubilación, después que
los hijos se han ido; digamos más o menos alrededor de los 65 años. Algunos
colegas "viejitos@" rabian con esto y dicen que esta etapa empieza
solo cuando uno se siente viejo y esas cosas, pero esto es un efecto directo de
una cultura que realza la juventud, lo cual aleja incluso a los mayores de que
reconozcan su edad. Algún especialista en la materia, establece que es bueno
llegar a esta etapa y si no lo logramos es que existieron algunos problemas
anteriores que retrasaron nuestro desarrollo. Esta etapa parece ser la más
difícil, primero ocurre un distanciamiento social, desde un sentimiento de
inutilidad; todo esto evidentemente en el marco de nuestra sociedad. Algunos se
jubilan de trabajos que han tenido durante muchos años; otros perciben que su
tarea como padres ya ha finalizado y la mayoría creen que sus aportes ya no son
necesarios. Además existe un sentido de inutilidad biológica, debido a que el
cuerpo ya no responde como antes. Las mujeres pasan por la menopausia, algunas
de forma dramática. Los hombres creen que ya "no dan la talla".
Surgen enfermedades de la vejez como artritis, diabetes, problemas cardíacos,
problemas relacionados con el pecho y ovarios y cánceres de próstata. Empiezan los miedos a cuestiones que uno
no había temido nunca, como por ejemplo a un proceso gripal o simplemente a caerse.
Junto a las enfermedades, aparecen las preocupaciones relativas a la muerte.
Los amigos mueren; los familiares también. La esposa/o muere. Es inevitable que
también a uno le toque su turno. Al enfrentarnos a toda esta situación, parece
que todos debemos sentirnos desesperanzados.
Como respuesta a esta desesperanza, algunos mayores se
empiezan a preocupar con el pasado. Después
de todo, allí las cosas eran mejores. Algunos se preocupan por sus fallos;
esas malas decisiones que se tomaron y se quejan de que no tienen ni el tiempo
ni la energía para revertirlas (muy diferente a estadios anteriores). Vemos
entonces que algunos ancianos se deprimen, se vuelven resentidos, paranoides,
hipocondríacos o desarrollan patrones comportamentales de senilidad con o sin
explicación biológica.
La integridad significa llegar a los términos de tu vida, y
por tanto, llegar a los términos del final de tu vida. Si somos capaces de
mirar atrás y aceptar el curso de los eventos pasados, las decisiones tomadas;
tu vida tal y como la viviste, entonces
no necesitarás temerle a la muerte. Aunque la mayoría de ustedes no se
encuentran en este punto de la vida, quizás podríamos identificarnos un poco si
empezamos a cuestionarnos nuestra vida hasta el momento. Todos hemos cometido
errores, alguno de ellos bastante graves; si bien no seríamos lo que somos si
no los hubiéramos cometidos. Si hemos sido muy afortunados, o si hemos jugado a
la vida de forma segura y con pocos errores, nuestra vida no habría sido tan
rica como lo es.
La persona que afronta la muerte sin miedo tiene la virtud
que los psicólogos llaman sabiduría. Consideran que este es un
regalo para los hijos, dado que "los niños sanos no temerán a la vida si
sus mayores tienen la suficiente integridad para no temer a la muerte. La cosa
es tan trascendental y espiritual, que no podemos dejar de pensar en ello.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías
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