ENTRE
PUENTES
EL TANQUE- LA PIEDRA Y EL ODIO-
A medida
que, la rebelión Palestina se prolonga tediosamente sin visos de solución, una
de las consecuencias más trágicas es el creciente odio entre árabes y judíos.-
No son pocos aquellos que se preguntan: - ¿Cómo es posible tanta rabia, tanto
rencor, tanta locura y tanta muerte? Pensemos que, en aquellas tierras nació y
murió (según la historia sagrada) Jesucristo, que repartió su Evangelio por las
ciudades de Belén, Nazaret, Jerusalén, Palestina etcétera, que oraba y
bautizaba a orillas del río Jordán. ¡“Pues menos mal nos preguntamos”! - con
perdón de la ironía -. Lo cierto es que Cisjordania es un callejón sin salida.
De nuevo cada día nos llegan grotescas imágenes, donde la sangre la destrucción,
el miedo el horror dibujado en las caras de los que se agitan y corren
despavoridos, buscando un refugio o tratando de llegar a una ambulancia con un
herido o moribundo entre sus manos, para seguir con los sollozos de madres, ya
enlutadas como esperando su suerte final. No puedo precisar quien tiene la
razón de su parte, ni los entresijos humanos, políticos y sociales de cada
pueblo, lo que si se detecta es, que unos tienen tanques, armamento moderno y
despiadado, y en el otro lado, después de los fusiles quedan los escombros, las piedras.
Desde que se declaro el estado de
Israel, (con pocas excepciones), todos los jóvenes son llamados a filas, en
cuanto terminan la preparatoria escolar, y luego durante decenios estos
regresan a la reserva, por lo menos una vez al año. Por consiguiente, desde que
comenzó la intifada allá por el 1987,
decenas de miles de israelíes que patrullan y disparan por los territorios
ocupados tienen que esquivar piedras y cocteles Molotov, cuando no verse
sorprendidos por algún “mártir” palestino que adosa a su cuerpo los explosivos
que hacen volar junto a su cuerpo el objetivo judío, inmolándose así en defensa
de su pueblo.
Normalmente,
el ejército israelí no permite a sus tropas hablar abiertamente de la lucha
contra la intifada. Pero siempre hay
excepciones, y no ha sido el primer militar que dice abiertamente que
“detestaba pelear contra niños” que no se sentían orgullosos de hacerlo. Pero
que no tenían otra alternativa.
Desde aquella guerra de símbolos en
los comienzos de la intifada, donde
se hacían fuertes (los jóvenes palestinos – los sbebad – como se les conoce) en los callejones y entre los
laberintos de la alcazaba de Nablus, en Gaza y en el Golan, siempre han estado
al acecho de los soldados, y han tratado por todos los medios entorpecer y
dificultar la tarea del ejercito, muchos de ellos cayeron muertos, otros
heridos, otros están en prisión. Y aun así a día de hoy, nunca han dejado de
hostigar a las tropas, incluso, cuando estas patrullan con blindados. Los sbebad dicen que ahora son mucho más
valientes; ven un arma israelí, se descubren el pecho y gritan ¡dispara! “Es un gran honor caer muerto a manos del enemigo”. Parece
ser que ahora en los cementerios se mantienen abiertas las fosas esperando a
los sbebad. No cabe duda, de que el
pueblo palestino, es una gran familia, unida en la muerte, y también en el odio hacia el pueblo israelí, esto les
mantiene unidos en la lucha por la creación de un estado en el corazón de
Palestina. Muchos han sido los intentos de apaciguar la zona, de llegar a
acuerdos de Paz. Ninguno ha servido para nada, a cada formula de “alto el
fuego”, le sigue una oleada de violencia y de venganza, un río de sangre, un
grito angustioso de terror y de muerte. Cuanto más dura el conflicto, más se
polarizan las partes. – En toda guerra el pueblo paga un precio – y el precio
que están pagando ambas generaciones, hace preguntarnos, como con tanto odio
podrán coexistir ambos pueblos si este conflicto algún día llega a su fin. Todo
parece indicar que vamos a tener que vivir el drama de estos pueblos durante
mucho tiempo. Alguien escribió.- Cuando un niño mira con odio, todos hemos de
sentirnos avergonzados.-
Fermín
González- Salamancartvaldia.es blog taurinerías

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