ENTRE PUENTES
¡LA QUE SE AVECINA!
Hace unos días
contemplaba en un documental de TV (no me pregunten el canal), que estaba
dedicado a todos los inventos de la nueva revolución electrónica, digital y tecnológica con realidad aumentada y virtual, y al mismo
tiempo hacía referencia de como afectarían todos estos avances a los humanos, a
sus vidas a su trabajo, a sus viviendas etcétera. Y les puedo asegurar, que me
quede “pasmao”. Manos mal que esa 4ª
generación, que al parecer multiplicara
la velocidad, el alcance y el impacto de aquella anterior revolución que
apareció a mediados del siglo XX. Y, uno de los efectos inmediatos será la destrucción
masiva del tejido laboral, esto, según estudios de no sé cuántas universidades
que desde 2013 se vienen realizando y, vaticinan
que el 47% de los puestos de trabajo que hoy conocemos están en riesgo de
desaparecer; y el 90% de los que permanezcan cambiara de una forma radical.
El mundo laboral se transforma a una velocidad abrumadora a causa de la
globalización, las nuevas tecnologías y la creciente automatización, las
grandes concentraciones urbanas y el incremento de la expectativa de vida.
Ofrece un resultado imparable.
Quizá, no sea tan pronto como anuncian los “apóstoles” de
las nuevas tecnologías, pero los especialistas dudan de que a lo largo de los
próximos años veremos consolidarse profesiones que hoy dan sus primeros pasos-
ingenieros de vehículos autónomos,
especialistas en drones, en impresión
3D… y surgir otras que nos cuesta imaginar: granjeros de ganado genéticamente
modificado, urbanitas digitales, gastrónomos moleculares y un sinfín de
profesiones, que, como digo- hoy comienzan con sus primeros pasos, y en muchos
casos ya se abren camino hacia esa gran transformación, que ha de llegar a esos trabajadores, que también
será psicológica. Ya no dependerán tanto del entorno geográfico, y la
meritocracia ganará peso, gracias a esos
avances de hiperconectividad, que proporcionan las telecomunicaciones. Este
nuevo perfil laboral innovador, creativo y capaz de colaborar con los demás sin
importar el lugar donde uno se encuentre, será el futuro del trabajo y la
educación. Algo así como los trabajadores del futuro, que ya nos anuncian
aquellos que se encuentran, metidos de lleno, a través de las grandes empresas,
jóvenes pioneros que representaran la fuerza laboral en 2020.
Hablamos de trabajadores que asumen que necesitan formarse
durante toda su vida para mantener el ritmo de una sociedad en continua y
rápida transformación, en la que probablemente haya más parados y numerosos
puestos de trabajo – low cost- (se llama
ahora a lo barato), con sueldos bajos para personas con escasa
cualificación. Y esto, ya no hace falta que nos los digan los más
sobresalientes ingenieros y mentes capaces, aunque, a ciertas edades aún pueda
sorprendernos la alta tecnología,
podemos observar, que ya se están poniendo los mecanismos y las bases, de esta
nueva revolución.
La productividad y el bajo coste propiciados por los
adelantos tecnológicos permiten que muchos bienes de consumo se puedan
digitalizar, lo que equivale a decir que tienen coste marginal cero. Es decir,
que cuesta casi lo mismo fabricar una unidad que miles de ellas. En unos
minutos uno puede abrir una tienda digital online, por ejemplo, y lanzarse a
vender productos como canciones en formato digital. No digamos de los
diseñadores de mundos virtuales de los videojuegos,
películas, simulacros de viajes, contenidos educativos… Hay quien dice que
la realidad virtual se encuentra hoy en la que estuvo el cine a principios del
siglo XX. Y en las próximas décadas se van a necesitar creadores de entornos
virtuales de todo tipo.
A largo plazo, es difícil pronosticar qué formación académica
hará más “empleable” a una persona.
Algunos estudios reflejan que la demanda de mano de obra cualificada empezó a
caer hacia el año 2000, y no hay signos de que se vaya a recuperar. Esto obliga,
tal como viene sucediendo ahora mismo, en que los universitarios han de aceptar
puestos relativamente poco cualificados, y peor pagados, lo cual desplaza
muchas veces a los trabajadores con menos estudios. Convirtiéndose en un círculo
vicioso. Menos mal, que ante tanto avance, parece ser que también se
anunciaran máquinas para cuidar niños, enfermos y ancianos… Siendo así
servidor, aunque abrumado por el impacto; ya me quedo más tranquilo… ¡¡¡Quien
me lo iba a decir… Dios mío quien…!!!.
Fermín González salamancartvaldia.es blog taurinerias
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