ENTRE PUENTES
LA CONQUISTA DEL
DIVORCIO
A Julio Cesar se le atribuye la frase “la mujer del Cesar no
solo debe ser decente, sino parecerlo”. Fue su justificación para divorciarse
de su esposa Pompeya, porque, en una fiesta religiosa solo para mujeres organizada
por esta en su casa, se coló un joven patricio que intento seducirla. No lo
logró, pero, ya lo dijo el mandatario:
el honor, por encima de todo.
Nunca es fácil asumir
el fracaso de un matrimonio, pero el divorcio parece la solución más civilizada,
para reparar la vida de los cónyuges. Legalizarlo ha costado siglos de luchas
políticas y sociales. En otros países de nuestro entorno, ya se había asumido
este derecho, pero estaba claro que en nuestro país iba a ser una conquista,
que costaría, largos años de lucha.
La cosa no iba a ser nada fácil, y no hay más que remontarse
someramente a la historia para comprobarlo. La Cuarta de las Siete Partidas promulgadas por Alfonso X el Sabio
entre 1252 y 1284, la referida a la familia, vetaba expresamente la separación
conyugal. La España dominada por los árabes, disfruto de cierta permisividad
sobre la disolución matrimonial, que se desvaneció cuando termino la Reconquista. Los Reyes Católicos
impusieron una intransigencia que se exporto a las colonias, de forma que hoy
Filipinas es, además del Vaticano, el
único país del mundo donde sigue prohibido divorciarse. Hubo – como digo-
que esperar a la segunda república para que en España se legalizase por primera
vez el divorcio, a partir de un artículo de
la Constitución de 1931. “El matrimonio podrá disolverse por mutuo
disenso a petición de cualquiera de los conyugues”. Esto dio pie a la ley de
divorcio de 1932, cuya aprobación no supuso un aumento del número de
separaciones, en contra de las proclamas fatalistas de los partidos
conservadores durante el debate en el parlamento. Lamentablemente, - como no
podía ser de otra manera- el 5 de octubre de 1939, el BOE franquista hizo pública
la derogación de esta ley y suprimió toda posibilidad de separación conyugal por
muy desastrosa que fuera la convivencia, relegando de paso a la mujer a su
atávico rol de esclava del hogar. Una situación anacrónica en la Europa del
siglo XX que no se corrigió hasta que llegó la democracia tras la muerte de
Franco.
En 1981, el Gobierno de UCD logró sacar adelante una nueva
ley de divorcio promovida por Francisco Fernández Ordoñez, con oposición activa
de la Iglesia, con manifestaciones por todo el país amparado por partidos que
se decían demócratas- cristianos. Y eso que se trataba de una norma bastante restrictiva, pues para poder
recurrir a la disolución matrimonial los conyugues debían pasar previamente por
un periodo sin convivencia en común refrendado por un acta de separación
judicial. Además, solo se autorizaba por causas extremas como alcoholismo,
abandono del hogar, o infidelidad. Una vez aprobada la ley, Fernández Ordoñez
que ese día cumplía 51 años, “declaró: “Me voy
a celebrarlo junto a mi mí mujer, con la que, por cierto, llevo casado
desde hace mucho tiempo”. El procedimiento se agilizo durante el primer
Gobierno socialista de Felipe González, pero el derecho al divorcio de pleno
fue con la aprobación de la ley del 2005 con Zapatero en el poder, que aprobó
una de las leyes del divorcio más avanzadas del mundo. Su principal novedad
consistía y, establecía, que bastaba con el consentimiento de ambos cónyuges
para divorciarse, sin ningún otro requisito salvo la exigencia de que hayan
transcurridos tres meses desde el casamiento.
A partir de entonces
no es necesario alegar motivos para deshacer el vínculo. La nueva norma regula
la custodia compartida de los hijos. Es una enorme conquista, sobre todo para
la mujer, que históricamente dependía del marido para disolver la unión.
Sin embargo para llegar hasta aquí ha habido que recorrer un largo camino, y no
solo en España. Claro que, romper algunos acuerdos, cuestan millonarias sumas
de dinero, podríamos poner multitud de ejemplos, pero a buen seguro, que ya
saben ustedes de quienes se trata… Verdad.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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