ENTRE PUENTES
PAISAJES DE GUERRA
Las viejas y socorridas polémicas sobre lo que dice o no el
Corán se han reiterado hasta la saciedad, desde aquel amargo, desdichado y
cruel día del 11-S, y muy especialmente a partir de los mortíferos de
Madrid, así como los que ahora nos han
vuelto a horrorizar en Barcelona,
continuación de los sucedidos en toda la zona europea, donde al parecer más de
50,000 radicales campan al acecho de asestar atentados, y que a tenor de lo
visto, no encuentran los gobiernos fórmulas para evitarlos.
Los politólogos han asumido el lenguaje de la teología sin
aportar con ello un esclarecimiento a las causas de tanta barbarie y obcecación
suicida. Las exhortaciones a la violencia de la divinidad coránica a la que
apelan estos asesinos, no son como sabemos una exclusiva del Islam, los
arrebatos de cólera – “no he venido a traer la paz, sino la guerra”, junto a
las visiones alucinantes del Apocalipsis que proclaman, para los que consideran
“infieles”, han alimentado una serie de conflictos de índole política, ideológica
disfrazados de cruzada, con el fin de ensangrentar esta Europa, descentrada,
nerviosa, y carente de eficacia para atacar este problema, de nuevo cuño, que
se viene estableciendo desde aquella guerra inútil de Iraq. Y, desde la misma
debemos preguntarnos: ¿Qué mecanismo
desencadena el cambio? ¿Qué dispositivo actúa de disparador? ¿Por qué los
relojes del segundo milenio retroceden en la mente de determinados individuos y
grupos minoritarios sin tener en cuenta la evolución de la civilización y de
las costumbres a lo largo de este tiempo? Las causas, evidentemente tras
esa guerra, nadie se ha esforzado en desentrañar. Es más han aparecido otras
Livia, Siria Yemen, donde los grupos de terroristas al amparo de los
desgobiernos, cultivan un odio infernal, que van inyectando en forma de
radicalización entre la sociedad musulmana, que padece también la violencia bárbara
del desarraigo terrorista. En este momento, ya no sirven ni tan siquiera las contradicciones,
que se suscitan tras los atentados, ni acordarse de tan nefasta acción. Lo que
importa no son los mensajes, sino las razones porqué la violencia de estos
“hijos de Alá” y en nombre de su dios se activan de manera inusitada contra los
pueblos, que le dieron luz verde y motivos suficientes para vivir en paz junto
a ellos. Sin embargo la semilla
doctrinaria ha tomado arraigo en una población generacional, nacida entre
nosotros que parece ser una población que enarbola la bandera de la violencia
contra una sociedad, con la que se cruzan cada día, y donde muchos se
encuentran integrados, parece ser que la deriva- político- religiosa,
perceptible en los últimos años eran la avanzadilla y almáciga de la futura
Yihad.
La creciente extensión en los guetos de refugiados en torno a las grandes ciudades, fueron el
caldo de cultivo del discurso extremista difundido en numerosas mezquitas y
oratorios financiados a menudo
con dinero saudí. Aunque la cruenta experiencia
de estos países en guerra, no han moderado en forma alguna el radicalismo de los
movimientos islamistas, así pues el engranaje mental del dispositivo yihadista
se había puesto en marcha desde el comienzo de los noventa con unas
consecuencias fáciles de aventurar.
La inepta comparación, que han hecho los gobiernos entre uno
y otro terrorismo, ha sido un indignante paralelismo, torpe e inadmisible y no
ha dejado de ser un regalo, para estos “barbaros” que han venido apareciendo.
Una cosa era luchar contra militares o milicias, que invaden y ocupan un país
casos de Iraq, Siria, Afganistán, etc. y otra muy distinta asesinar
indiscriminadamente a civiles, a seres inocentes, que pasean, descansan,
veranea o se divierten en las calles, parques y plazuelas de las ciudades. Las
tragedias vividas tanto en uno como otro territorio has sido de los más odioso
e inicua. El desajuste mental de
aquellos que se inmolan en apoteosis suicida, se condensa en su sobrecogedor
mensaje: una España devuelta Al Ándalus, que implique una nueva invasión mítica,
este grito furioso sirve de peana al anuncio de un infierno con mares de sangre
por unos desarraigados, jóvenes influidos por unos visionarios empecinados en
su increíble acrónica. Ahora, con mayor apremio que nunca, se impone la
necesidad de analizar las razones internas y externas de la crisis que afecta a
la vasta y heterogénea comunidad musulmana que se extiende desde el Atlántico
hasta el sur del archipiélago filipino.
El afán de venganza y de retribución perversa trastocó las
mentes de quienes, se ensañaron (como nuevamente ha ocurrido) fríamente, sin
misericordia alguna, con poblaciones inocentes y exentas de toda
responsabilidad, presenciando una vez más el horror. Si a todo ello agregamos,
el espectáculo televisivo, el desbarajuste, y los desencuentros de nuestra
inteligencia policial, - luego perversamente convertida e incluida en la
política- tenemos un cuadro completo de las circunstancias- en modo alguno
atenuantes de los crímenes y los criminales, que activaron la violencia con
confusas referencias coránicas, de mentes suicidas.
En corto y por derecho: tras la fraseología religiosa, tras
“el bien y el mal, la libertad y la esclavitud, la vida y la muerte,
descubrimos que después de aquellos imborrables recuerdos del 11-M, que el
futuro de nuestro planeta es mucho más vulnerable e incierto, que el de antes
de la invasión. Ahora nuevamente nos toca hacer autocrítica, recoger los
pedazos, unir nuestro grito unánime, y, luchar, luchar…
Fermín
González salamanvartvaldia.es
blog taurinerías

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