ENTRE PUENTES
MUJER EMPLEADA-TRABAJADORA E IMPORTANTE
El 8 de Marzo, se conmemora
el día de la mujer trabajadora. Los que propusieron el nombre, pudieron tener
buenísima intención pero; a mi modo de ver considero el termino dado a la
palabra
“trabajo” un significado que no se corresponde exactamente a la
realidad. Puede ser, incluso, un insulto para media humanidad femenina.- Porque
todas las mujeres trabajan, unas en el sentido popular de desarrollar una
actividad compensada, labor gratificante o no-… Pero comercializada, ¿y por eso
es considerada mujer trabajadora? ¿Soló por la paga? Protestaran y con razón,
los millones de mujeres que trabajan sin recibir nada a cambio, en muchos
casos, ni el agradecimiento de los suyos… ¿No trabajan las amas de casa,
voluntarias en centros de todo tipo, o asociaciones consagradas al servicio de
los demás? Seria por tanto necesario aplicar el término empleadas y también
trabajadoras, que parece ser, que no “cuentan” en las estadísticas.
Después de haber resaltado en artículos anteriores estos
aspectos y reconocimientos, hoy quiero extraer de nuestra historia la gallardía,
el talento, y la arrolladora voluntad de una mujer, en años donde el machismo,
ni se discutía. Me refiero: (“fuera gorros”) a Victoria Kent abogada y política (Málaga 1892- Nueva York, 1987),
que fue sin duda una de las españolas más sobresalientes del siglo XX. Victoria
fue flamante directora general de prisiones, dentro de su programa de visitas a
las cárceles españolas, llego a la prisión de El Dueso (Santander) donde había
honda e inquietante preocupación donde los reclusos preparaban un motín. Se enfrentaba
a su primera prueba de fuego, y así lo recordaba en su artículo en abril de
1976, cuarenta y cinco años después del
episodio-.” Ordene que formaran a la población reclusa en el patio, les hable de
una plataforma allí instalada y dije que el gobierno se interesaba
especialmente por la reforma de cárceles y presidios… que se iba a mejorar en
lo posible la vida penal. Pero teniendo noticias de que algunos podían estar
armados, la primera condición que ponía era el desarme inmediato. El personal
que estaba detrás de mí quedó sobrecogido. Siguieron unos minutos de silencio e
incertidumbre, cuando de un rincón surgió un recluso joven, fuerte y decidido, y tomando el arma que
llevaba la tiro al extremo del patio. A continuación una lluvia de armas fue
dirigida al mismo rincón. Agradecí, no sin emoción, el rasgo viril y
respetuoso, y prometí lo que más tarde se fue realizando en el penal: el
arreglo de un campo de deportes y la puesta en marcha de talleres de trabajo
etc. Al día siguiente asistí a la comida en común, las caras me sonreían…
Este episodio recordaría Kent, constituye uno de los recuerdos más fuertes de
mi vida. No es de extrañar en la imponente fortaleza de El Dueso; Victoria
necesito desplegar una buena dosis de
temple, y firmeza para enfrentarse a aquellos presos violentos y mal alimentados,
condenados a una vida indigna durante años y sin la más mínima esperanza de
redención. En realidad, no hizo otra cosa la primera mujer que ocupaba un alto
cargo en España que aplicar la mejor pedagogía republicana, es decir, les pidió
tiempo y confianza a los presos y les prometió una reforma penitenciaria a
fondo que moviera la podredumbre de una de las instituciones más sórdidas de la
monarquía. “Señores, les grito a los presos de El Dueso, tenemos medios
sobrados para obligarles a deponer su actitud y acabar con esta situación. Pero
espero que tiren las armas al suelo”.
Con 39m años Victoria
Kent formo parte del ministerio de justicia, como única mujer del gabinete
se integra en el primer gobierno provisional republicano, la abogada malagueña
va a sentirse muy a gusto en su puesto, porque impulsar la reforma penitenciaria
en un régimen de libertades había sido una de las grandes ilusiones de su vida.
Las primeras disposiciones se referían a liberar a los presos de la obligación
que tenían de asistir a los actos religiosos, así como permiso para leer la
prensa, a incrementar la ración diaria alimenticia, y a retirar todas
cadenas, grilletes y hierros que en 1931
todavía perduraban en prácticas medievales para los reclusos que estuvieran
castigados. En un gesto cargado de simbolismo y gratitud, la nueva directora
general encargo que el hierro fundido sirviera para levantar un monumento a
Concepción Arenal (1820- 1893). Arenal ya representaba un estímulo, visitadora
de prisiones de mujeres e inspectora de Casas de Corrección, que llego a ser
secretaria general de la Cruz Roja española en 1871, la filántropa gallega se ocupó
en especial de los presos en un esfuerzo, a contracorriente de las convenciones
sociales del siglo XIX, que Victoria reverencio. Creo sinceramente que traer a
nuestra memoria a aquellas mujeres, que se destacaron en un mundo donde
dominaba el hombre, tienen un bien ganado prestigio, y un puesto en la
historia, que no deberíamos olvidar… (A mí me parece, vamos)
Fermín
González Salamancartvaldia.es Blog
taurinerias

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