ENTRE PUENTES
RESISTIR ES VIVIR
Cuando nos encontramos ante un éxito o un fracaso
inesperados, solemos hacer atribuciones de razón. Se pueden diferenciar causas
que se encuentran dentro de la persona: Internas
(personalidad, inteligencia, habilidad, esfuerzo, estrategia y estado físico),
y causas que se encuentran en el ambiente: Externas, (el tiempo, la influencia
de otra persona y el nivel de dificultad de la tarea). ¿Te has fijado en
que ocurre cuando queremos explicar la conducta de otra persona? Existe una
tendencia fiable a atribuir esa conducta a factores de personalidad, por
ejemplo: (“no lo puede hacer mejor porque
es un vago”). En cambio, cuando nos toca justificar nuestra conducta, la
atribuimos a factores externos, por ejemplo:
(“es que el mercado está fatal”). O lo que los eruditos en la materia
llaman: error de atribución fundamental.
En esos puntos del
proceso, cuando el ego ha quedado reducido a su mínima expresión, cuando
andamos perdidos en ese laberinto de búsqueda de afirmación, porque habitamos
en el sinsentido, entonces hace su aparición el héroe interior. De allí donde
parece que todo está vacío, justamente de ahí, surge el mundo de las
posibilidades. Si en lugar de vacío, estuviera todo lleno, no cabría nada ni
nadie más en tu vida. A menudo hay que vaciar para renovar. Es muy cierto, que
existe un miedo al vacío y por eso mucha gente decide llenarlo por fuera,
llenarlo adictivamente, llenarlo a través de los demás. Pero existe a sí mismo
un vacío fértil, un vacío que es fuente de creatividad, de fortaleza, de
alegría. Ahí es de donde nacen las oportunidades.
La fuente principal
de los fracasos suele situarse en un error de las expectativas. Si bien podemos
planificar, organizar y controlar aspectos mecánicos de la vida o del trabajo,
mucho más difícil es hacerlo con nuestros deseos, ilusiones, nuestras
relaciones y nuestro futuro. El factor incertidumbre está siempre presente y
hay que contar con él. Unos miden de forma optimista, y otro pesimista. Unos
ven el vaso medio lleno, y otros, medio vacío. Unos ponen mucha razón, y otros,
mucha emoción. Pero lo que unos y otros deben evitar es un exceso de expectativas.
Cuanto más elevadas, más dura puede llegar a ser la caída. No hay que renunciar
a las expectativas, sino saber ver en ellas la parte de fracaso que ocultan.
Todo ocurre a la vez. No existe lo uno sin lo otro.
Dice el Dalai Lama que la vida no es que sea una ilusión,
pero sí es como una ilusión. Aquello que aparenta ser fuente de felicidad lo
acaba siendo de infortunio, y aquello que parece una maldición acaba siendo una
bendición. La no permanencia de la vida
nos permite entender que todo ocurre a la vez y que nada es para siempre. Las
crisis y los fracasos, con todo lo que
esto conlleva, son un ejemplo de ello. No existe experiencia más definitiva
para entender que la vida se expresa, no
en los extremos, sino en la tensión que se produce entre ellos. Las crisis, con
todo el lastre que deja por el camino, son una excelente oportunidad para poner
orden entre la resistencia al cambio y el cambio en sí mismo. El tiempo de
tensión entre las dos fuerzas es el que va a permitir fortalecer tu espíritu
del mismo modo que el ejercicio fortalece sus músculos ante la tensión del peso
que soporta. Si nos relajamos a las primeras de cambio. Si nos pasamos la vida
evitando tensiones, entonces no vivimos… Evitamos vivir. Las crisis son la
respuesta de la vida ante la parálisis que puede producir un fracaso. A cambio,
te regala una gran oportunidad de aprender. Deposita en ti algo más de
sabiduría. Te hace el favor de dejarte entrar en el mundo de las posibilidades.
Sin duda, es la razón fundamental en la que se asienta la
vida, sobre todo para aquellos, que poseen la envidiosa juventud, o una
cualificada veteranía, o quienes traspasada esta barrera, se adaptan a los
sinsabores, con optimismo y desbordada alegría, esperando siempre que mañana
será mucho mejor. Con el ánimo resuelto de vivir y resistir.
Fermín
González Salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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