ENTRE PUENTES
SABER ESCUCHAR
No cabe duda de que los maestros son algo absolutamente
necesario. Y no me refiero ya a los maestros que “desasnan” niños en las
escuelas, que también son muy importantes, desde luego, sino a las personas que
vas escogiendo por ti misma para aprender de ellas. Uno llega al mundo cargado
de una ignorancia monumental, que algunos piadosamente, dan en llamar
inocencia; y al final de la vida, si tienes suerte y te has aplicado, si has
vivido lo suficiente, te has cultivado, y has reflexionado y escuchado a los
demás, lo cierto es que consigues aprender algunas cosas; por lo menos lo
ignorante que eres, lo cual ya es una enseñanza bastante buena.
Envejecer te hace más sabio. En fin este es el proceso
habitual, aunque desde luego algunos individuos se empeñan en perpetuarse como imbéciles.
Pero la mayoría de los humanos, me parece, que vamos experimentando con los
años algo semejante a un acrecimiento del cerebro. Es como si, de repente, se
colaran los datos dentro de tu cabeza y empezaras a entender mejor el mundillo
que te rodea y te ha tocado vivir.-
Siempre he dicho que hasta los cuarenta, el hombre no dice más que tonterías-,
no estás centrado, no terminas de tener fundamentos, serios y rigurosos. El
primer salto grande en mi comprensión de las cosas lo sentí pasados los
treinta, y por mis conversaciones con otras personas me parece que a muchos les
sucede lo mismo en la misma época. Eso: como digo antes, siempre que estés un
tanto preparado, vivido, cultivado incluso leído. Luego tu entendimiento sigue
creciendo; el entendimiento de ti mismo de tus actos, de los actos de los demás.
Envejecer es un proceso inevitable que tiene muy poca gracia, porque te vas
despeñando hacia el final de la vida, y en el camino te obliga a despedirte de
innumerables cosas; de un futuro limitado, de los seres queridos que
desaparecen, de tu pelo, de tus dientes, tu cuerpo firme y sano… Pero, por lo
menos, sabes más. Las nalgas se te caen, pero el conocimiento sube. Es en mi
opinión la única ventaja que le encontrado a envejecer, pero es una ventaja
poderosa.
Ahora bien, para que
suceda esto, para que el cerebro crezca, y tu poder de raciocinio funcione,
necesitas aprender de los maestros. Ningún libro, por maravilloso que sea, te
puede proporcionar esa lección galvanizante, que da el contacto con alguien, el
ejemplo de sus actos y de sus palabras. Ver como otros, mayores que tú en edad
y aptitudes, van gestionando su vida, es algo que enseña mucho si estas atento,
cómodo e interesado. Y lo más fascinante es que esa enseñanza no siempre es de
tipo positivo.
Cuando hablamos de maestros solemos pensar inmediatamente en
hombre o mujeres excelsos, en sabios impecables, ciudadanos perfectos. A decir
verdad la palabra maestro está un poco hipertrofiada; se suele usar con
demasiada pompa, con demasiada frivolidad, y toda esa impostación lleva a la
hipocresía; más de una vez hemos visto a un periodista, escritor o amigo pueril y cursi palmeando la
espalda de un colega al grito adulador “¡Que
tal, maestro!”, cuando incluso, no podía verlo ni en pintura, y le tenía
una tremenda tirria. Pero en fin vaya por esos maestros, que he tenido u tengo,
de los que he aprendido lecciones esenciales e inolvidables, son maestros de
ejemplos vivientes de lo que uno no debe hacer jamás… Que conste que no es
fácil ser maestro. El mundo está lleno de malvados y papanatas que cometen todo
tipo de necedades y tropelías, y esa gentecilla nunca te enseñara nada.- Se lo
digo siempre a personas más jóvenes, tan solo con el afán de ayudarlas, aunque lamentablemente
pocas son las que hoy saben escuchar, algunas llegadas al convencimiento de su propia valía, ya no escuchan a nadie (con lo cual pronto se convertirán en una idiota), no
tienen en cuenta que el ensimismamiento
y el egocentrismo son riesgos tan grandes que
pueden triturar, hasta a los más sabios, y por lo tanto tú, con mediana
inteligencia, tienes que esforzarte, en soslayar los defectos. Ah, maestros de
siempre, os expreso mi afecto y gratitud, por ser la luz que mostraron mi
camino. “ Y aún así no dejo de tropezar… Tu”
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