ENTRE PUENTES
LA CIENCIA RIGOR O
ESPECTÁCULO
La ciencia, que hasta hace poco nos parecía una forma de
sacerdocio, un oficio oculto y huidizo de las pompas terrenales, por momentos
no puede sustraerse a las tentaciones de espectáculo trivial y fanfarria mediática.
Hace algunos años, las novedades científicas eran difundidas con cierta
discreción a través de tratados, documentos o revistas de reconocido prestigio
demostradas e irrebatibles; hoy, esas mismas revistas están al cabo de la
calle, o tecla de clik y además
publican trabajos de variada catadura (se admiten excepciones) entre los que se
encuentran una serie de pamplinas antológicas, con el único propósito de
atender la curiosidad de un público ávido y mediático. Hace apenas unos años,
los ámbitos de influencia de esas revistas o tratados eran el laboratorio y la
tribuna académica; hoy- como digo -, dichos ámbitos se extienden a los vastos
paramos de la divulgación periodística. Y, su afán de expansión ha propiciado
una rebaja bastante vulgar y cutre en el nivel de exigencia; ahora no importa
tanto la entidad científica de la aportación como su repercusión en esa gran
feria de las vanidades que son los medios de adoctrinamiento de masas.
La ciencia, como el deporte, se ha convertido en un mero
espectáculo. En esa carrera alocada en pos de la espectacularidad, no tardan en
florecer los métodos poco escrupulosos, las proclamas sensacionalistas, la
utilización alocada de datos poco concluyentes. Puesto que cada nuevo
descubrimiento importa, sobre todo, por sus repercusiones mediáticas y
comerciales, el rigor, la probidad y demás escrúpulos que antaño regían en la
actividad de los científicos, han sido como en tantas otras cosas, y
especialidades que merecían un respeto, sustituidos por el guirigay, el batiburrillo
de esa inmediatez que nos atosiga y nos agobia. A veces este afán de aturdir a
la audiencia, con nuevas cabriolas, palabras hueras, y despropósitos turulatos
hacen que las banalidades más estrafalarias, siempre estén bendecidas por una
cierta apariencia de cientifismo, que son encumbradas al rango de dogmas de fe.
Quizá ocurra que los seres humanos, huérfanos de supersticiones religiosas a
las que aferrarse, necesitan invertir su credulidad en patochadas con marchamo
de laboratorio, sin descartar evidentemente que esta caiga en la parodia y el
esperpento.
¿Recuerdan ustedes, la que origino la comunidad científica,
con la Sabana Santa? ¿Recuerdan que trataron de convencernos, con el aspecto de
Jesucristo, como un tío cetrino, cejijunto de gesto hosco y facciones rusticas,
que nada tiene que ver, con que nosotros conocemos? Pues ahora toca la tumba. Y
tal como se publica la noticia la escribo:
No había visto la luz desde el año 1555, hasta ahora. Un equipo de
expertos griegos ha dejado al descubierto la losa de la que
tradicionalmente se considera Iglesia
del Santo Sepulcro en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Según
publica el National Geographic, los resultados preliminares de la investigación indican
que las porciones de la tumba se siguen conservando y han sobrevivido a los
daños, el derribo y la reconstrucción del templo.
El custodio adjunto de Tierra
Santa Bonifacio de Ragusa ordenó hace cinco siglos cubrir la tumba con una losa
de mármol para protegerla. El franciscano fray Artemio Vítores, quien fuera
custodio adjunto del lugar aseguró en declaraciones a EFE que Bonifacio pidió
“una partida en dos para que pareciera inservible y no la robaran”. La medida
quería evitar, supuestamente, que los peregrinos desprendieran trozos
de la tumba como recuerdo. Durante las obras que se realizaron fue la
última vez que se pudo ver la losa original.
El lugar más sagrado para la
Cristiandad consiste en una plataforma de piedra caliza que fue tallada en la
pared de una cueva. Los investigadores iniciaron las labores para retirar el
revestimiento de mármol la noche del 26 de octubre. Tras 60 intensas
horas de trabajo ininterrumpido, pudieron comprobar que la piedra original se
mantenía intacta.
Frederick Hiebert,
arqueólogo, detalló al National Geographic que aunque todavía no se puede
confirmar al 100%, “parece haber pruebas visibles de que la ubicación
de la tumba no ha cambiado a lo largo del tiempo”, algo que
científicos e historiadores se han cuestionado durante décadas. Y, así nos
queda preparado el cuerpo, para que aceptemos una vez más sin escándalo que; la lápida, ahora encontrada, es la auténtica. Es que
amigos: La ciencia con estos barullos nos tiene un poco idiotizados… creo yo… vamos.
Fermín
González Salamancartvaldia.es
(Blog Taurinerías)
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